Verdad amarga

Paradiso Por Yasel Toledo Garnache (Universidad de Holguín)

No me gusta el trabajo por encargo. Tengo que cambiar. Eso lo sé. La profesión periodística me exigirá cumplir con las políticas editoriales y el interés de los medios. Prefiero pensar que siempre escogeré los temas de las redacciones. Mis crónicas se inspirarán en el señor que me empujó cuando subí a la guagua, o en la rubia bellísima que me dijo “no”, porque tengo un nombre pobre: Yasel Luis Toledo Garnache.

Quizá nunca me llame Gabriel García Márquez o Eduardo Galeano, aunque ya sé… podría unir algunas palabras ilustres, y hacer cambios en el carnet. No me molestaría, por ejemplo, que mi documento de identidad dijera que Gabriel Galeano Lezama nació el 8 de mayo, en Media Luna, Granma. Eso sería bueno. Jamás pasaría desapercibido. Tal vez, el director del medio de prensa o el profesor de la universidad lo pensaría más para pedirme un artículo específico. Él sólo me diría: escribe de lo que quieras, pero trata que sea excelente.

Claro, con ese nombre, todos pensarían que merezco libertad de creación, y que resultaría descabellado encerrar mis redacciones periodísticas en el diarismo de la radio o en la actividad independiente de una clase. Aunque hasta los más grandes reporteros y literatos han escrito por encargo. Eso lo sé.

Yo sólo me llamo Yasel Luis. Ni soñar con lo otro. Garabateo sobre papel y aprieto teclas, pero todo muy lejos de Cien Años de Soledad, Las venas abiertas de América Latina o Paradiso. Tengo que hacer las tareas de la universidad. Eso no lo dice el Abagnano, ni Mauro Wolf, sin embargo lo aprendí ante la posibilidad de coger la primera evaluación de dos.

Ahora me dijeron que escribiera sobre un área de conflicto en el periodismo cubano. Hablar de una es muy difícil. Son tantas… Sin embargo, no me extenderé. Prefiero enfocarme en la necesidad de cierta metamorfosis, sin renunciar a la ética y a los valores revolucionarios, también a la necesidad de que los estudiantes tengamos más protagonismo en los medios, y participemos en la toma de decisiones

. Quizá me tilden de soñador. No me importa.

En algunas provincias, quienes nos formamos en la universidad no somos bien recibidos en ciertas instituciones de prensa. Recibimos miradas fuertes o cientos de pretextos para impedirnos el acceso a la Redacción: hay reunión, tenemos visita, algún trabajador los tiene que acompañar, qué periodista los atiende. A veces, no se garantiza el éxito de las prácticas preprofesionales. Tal vez, alguien me diga que la relación con los medios depende del interés personal. Es cierto. Eso también influye, aunque no determina. Conozco a jóvenes con mucho interés, pero sin familiares periodistas ni relaciones que faciliten su inclusión en periódicos, radio o televisión. Si somos el fututo, ¿por qué no nos abren las puertas sin miedos, requerimientos, ni preferencias individuales – a no ser la calidad del trabajo?

Algunos dicen que el desbalance de la relación prensa – público – poder y la falta de compromiso con el pueblo son males extranjeros. Empero, nuestro periodismo no se libra totalmente de eso. Como dijo Harold en un post anterior, la prensa cubana requiere un terremoto que derrumbe los esquemas establecidos, luego una tormenta que barra con tanto directivo dogmático y finalmente un diluvio que limpie todo eso. No podemos temerle a las palabras.

Los acalorados análisis en el aula suelen concluir con la certeza de que el mayor reto está en nosotros: los futuros reporteros. Sin embargo, no debemos criticar cuando llegamos a un medio, y lo primero que hacemos es acomodarnos a rutinas productivas de antaño.

Con frecuencia, hablamos de lo que representa la desprofesionalización de la prensa en Cuba, pues algunos creen que la presencia de no licenciados en los medios es uno de los principales problemas. Empero, el título no decide. Hay graduados muy malos y “reorientados” bastante buenos. García Márquez lo dijo: en el periodismo lo importante es la vocación y la práctica.

Resulta vital que los estudiantes encontremos más espacios para aprender y demostrar talento, con independencia y confianza. Somos nosotros quienes debemos llenar de frescura las Redacciones, y no dejarnos consumir por formas de hacer caducas y lenguajes trillados.

Resulta vital el balance entre lo qué quiere decir el Partido y lo qué desea ver, escuchar y leer la gente. Hay que exhibir la sociedad, con sus defectos y virtudes a través del acercamiento a la objetividad, de la crítica constructiva, pero revolucionaria y responsable, pues obviar los problemas que todos conocemos es absurdo y poco inteligente.

Los periodistas deben educar, guiar e instruir, con análisis profundos y consecuentes, como soñaba Martí. Los retos tecnológicos e informativos del siglo XXI no pueden ser obstáculos determinantes. La eficacia y el compromiso con los matices de la realidad cubana son esenciales. Quizá así se logre la metamorfosis, que jamás significará renunciar al socialismo. La prensa debe ser más explicativa y profunda en sus análisis.

PD: Este trabajo fue por encargo, sin embargo lo disfruté.