La prensa que no dejan llegar

Por Sayli Sosa Barceló

Decía Harold en un post anterior: “Esperemos los resultados de la pasada Conferencia del Partido, pronto veremos cuánto efecto pudo haber tenido el llamado de atención que hiciera Raúl a los responsables de nuestra prensa, ojalá el próximo artículo sobre el tema tenga razones para ser un poco más optimista.”

Creo que dos meses después podríamos hablar de algún movimiento en este sentido, sobre todo si nos dejamos encantar por la respuesta publicada en Granma este 12 de marzo, con la firma de su director, a propósito de la carta de una directiva en la que se ponía en tela de juicio la profesionalidad de las periodistas. Una respuesta argumentada, concisa, pero ¿vinculante? ¿Se verán reflejados en ellas otros supuestos decisores? ¿Escarmentarán por cabeza ajena los cabezones?

Cualquiera podría pensar que ya está todo resuelto, que nunca más un funcionario o directivo se atreverá a desacreditar públicamente a un periodista, a menos que le asista una razón incuestionable y redonda.

Pero las coyunturas políticas son tan inestables como el precio del petróleo, de manera que no sería prudente sentarnos como espectadores pasivos a esperar que se abran las puertas y se destraben las trabas en el acceso a la información pública por el solo hecho de que se haya publicado un reclamo de este tipo. Más cuando hace solo unos meses el propio diario dejó entre dicho a uno de sus periodistas cuando quien envió la misiva fue un Ministro. O sea, y tal vez sea una suposición mía de poca fe, en el complejo tejido de la prensa y lo que gravita a su alrededor, las políticas editoriales y las influencias, también deciden el rango y poder de quiénes se interponen en su normal desarrollo.

Ya lo mencionaba el director de Granma, “se han creado algunos supuestos aparatos comunicacionales para ello, incluso existen circulares de varios organismos para tratar de controlar el acceso de los periodistas a sus centros”, y todo esto ante los ojos del Partido. Por tanto, no sería absurdo preguntarnos ¿a qué estamos jugando?

Lo más probable es que con la delimitación de las funciones entre Partido y Gobierno la prensa cubana permanezca inamovible, donde está, pues, seamos realistas, la mayor y oficialmente única fuerza política del país no dejará de la mano tan poderosa herramienta (a la postre considerada también arma), como no lo hacen tampoco en el resto del mundo, aunque los mecanismos de control y censura funcionen diferente y sean, acaso, menos visibles. Por ello no coincido con Harold cuando se asombra de que el Partido sea selectivo a la hora de decidir no solo qué se publica, sino cómo y cuándo. Sería ingenuo pensar que no lo hiciera.

Ahora bien, tal postura ante la prensa no sería del todo errada si quienes deciden sintonizaran mejor las aspiraciones en materia de información de los destinatarios de los medios de comunicación. A fin de cuentas, la membrecía del Partido es una pequeña parte del total de la población cubana y, al menos en el resto de las 15 provincias y el municipio especial, no existe otro medio de prensa impresa además de los órganos oficiales.

Si en definitiva el enemigo está a 90 millas o del otro lado del Atlántico, con poderosas herramientas como Google Hearth, tecnologías para escuchar miles de llamadas telefónicas, y “colaboradores” dentro del territorio nacional que en la mayoría de los casos no dicen la verdad, cuando se omiten datos de interés público más que escamotearle la información al enemigo, nos la escondemos nosotros.

Cuestiones sensibles y definitorias para un territorio, como el nivel de infestación del mosquito Aedes Aegypti o la revocación de un funcionario público por violaciones del Código de Ética de los cuadros, en no pocas ocasiones ni siquiera llegan a la mesa de los jefes de información, redacción o los directores de medios, porque nunca salen de las fuentes primarias.

Contrario a lo que algunos intelectuales cubanos han expresado, cada vez con mayor frecuencia, a lo que se suma el llamado a la superación de los periodistas hecha por Raúl, más las exigencias de la gente en la calle por tener un periódico, una radio y un noticiero de televisión que no les dice lo que quieren escuchar o leer, el problema de la prensa en Cuba, no es ÚNICAMENTE, responsabilidad de los profesionales del gremio.

Cierto es que mucho del talento, la valentía y las ganas de no repetir viejos y obsoletos esquemas de los periodistas pueden catalizar en la concreción de un mejor Periodismo, pero también habría que mover un poco los cimientos, desde el único documento que regula el ejercicio de la profesión (Código de Ética), hasta las Orientaciones del Buró Político concernientes a la prensa que, en la práctica, se ha demostrado no es vinculante, ni siquiera para algunos funcionarios de la instancia partidista.

De todas formas, plagiando a Galileo, el Periodismo cubano se mueve. Y lo digo con conocimiento de causa, aunque las variables utilizadas para sacar estadísticas menosprecien esos datos por pequeños o no “representativos”. Nos movemos, pero no hay que olvidar que el camino tiene muchos baches.