Otra vez la corrupción

Por: Roberto G. Peralo

Leyendo nuestro siempre criticado periódico Granma. Me encuentro una noticia que me llama la atención. Se trata sobre los servicios que presta la Empresa de Revisión Técnica Automotor del Ministerio de Transporte, conocida antes como FICAV (Fondo para la Inversión, Conservación y Administración de Vías).

Artículo de la periodista Maylin Guerrero Ocaña donde nos cuenta diversas irregularidades que denuncian los chóferes de la Habana sobre las inspecciones que son necesarias realizar a los vehículos para poder circular. Donde están obligados a pagar sumas de hasta  $ 40,00 c.u.c (pesos convertibles equivalente del dólar en pesos cubanos) en formas de soborno para que sus equipos pasen la inspección.

Esto es un hecho de corrupción muy peligroso. No solo tiene que ver con dinero mal habido sino que pone en riesgo la vida de muchas personas, como bien se explica en el artículo. Así que me dediqué a buscar más información de lo que ocurría con este servicio en la ciudad de Matanzas.

Me fue muy interesante conocer que ocurre lo mismo que denuncia Maylin en su artículo pero con características específicas de nuestro territorio. El costo del soborno es de $ 60.00 c.u.c. algunos chóferes me contaron que preferían ir a La Habana a pasar la inspección porque era más barato el soborno.

“Cuando llegas a la puerta del establecimiento, me cuenta un chofer, si no tienes el turno le pagas $ 10.00 c.u.c al custodio de la puerta este rápidamente sin más gestión te cuela en la lista. Esta es la forma que tiene de buscarse la vida porque no tiene nada que ver con lo que sucede a dentro. Al parecer no lo embarran con nada”.

Sigue contando “… dentro del taller tienes que tener el dinero en un sobrecito y decir – aquí está lo tuyo. –  el que te inspecciona el vehículo lo recoge. Pasas por todos los equipos de inspección y no le detectan nada a tu carro. La primera vez que pase la inspección nadie me había dado la luz y desaprobé la inspección. Me le encontraron de todo al carro. A los 15 días voy con mi sobrecito y resuelto el problema”.

Con la mayoría de los chóferes que converse este problema, estaban conciente de que esto estaba mal. No querían que esto siguiera ocurriendo porque todos salían perjudicados. Los incité a hacer una denuncia y acusar a estos corruptos sin escrúpulos que estaban poniendo la vida de miles de personas en riesgo por unos cuantos dólares. No logré que ninguno lo hiciera porque como me comentan ellos también están implicados en estos hechos.

No es una información confiable porque las fuentes no son las oficiales, más bien los comentarios surgidos por el rumor popular. Me cuentan que en más de una ocasión han botado a todos los trabajadores y directivos de este centro. Pero sí es cierto esta información, no han resuelto mucho porque el problema persiste.

El cuestionamiento social ya se hizo. Pero todavía falta ponerle nombre y apellido al problema. El artículo citado, en mi opinión, fue muy complaciente con los directivos de este centro a las respuestas que ofrecieron. Faltó hacer una denuncia más directa, buscar más pruebas y poner en evidencia a los responsables. Es tan fácil como evaluar el nivel de vida de cada uno de ellos y compararlos con los ingresos que perciben de sus salarios.

La lucha contra la corrupción es muy compleja. No basta con ser intransigente. Hay que enfrentarla con la verdad y transparencia. Con un periodismo más agresivo. Con ciudadanos más comprometidos a extirpar este cancel social.

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