Saber llegar

BOLT 4 

Como reza el refranero popular, la cuestión no es llegar primero, sino saber llegar. ¡Pero hay que llegar!

Por SAYLI SOSA BARCELÓ.

Los escépticos y sietemesinos dicen no ver lo que cambia en Cuba y piden metros por segundo, a lo Usain Bolt, en una carrera que si bien no es de fondo, tampoco es de velocidad.

De que nos movemos hablan, en lo fundamental, tres medidas clave en la concreción de algunas de las aspiraciones populares más acuciantes: el trabajo por cuenta propia; las transformaciones a la Ley de la Vivienda; y la autorización de compra-venta de autos.

En la actividad cuentapropista resalta la ampliación de sus perfiles a un tope de 181 (y que podría seguir creciendo), que abarcan desde los más conocidos, hasta los inimaginados, como el de ¡cortador de forraje para los animales! Tal decisión no solo amortiguó el impacto psicológico y social de la reducción de plantillas infladas en varios sectores, sino que legalizó y ofreció algunas ventajas a quienes trabajaban por su cuenta, alejados del engranaje jurídico y tributario del país.

A la normativa inicial se sumó, luego, en mayo de 2011, algunas modificaciones que extendieron a 10 años el pago retroactivo de la contribución a la seguridad social -hasta ese momento debía efectuarse en dos-, y mediante las cuales quedaron exonerados de la obligación de afiliarse al régimen especial de seguridad social, la trabajadora de 60 años o más de edad y el trabajador mayor de 65.

Asimismo, se autorizó la contratación de fuerza laboral en todas las actividades y se eximió del impuesto por las obligaciones generadas, a partir del mes de julio y hasta diciembre del 2011

, a los cuentapropistas por los cinco primeros trabajadores contratados.

Recientemente se aprobó la concesión de créditos bancarios que, sin dudas, constituirán otro impulso a los nuevos actores socioeconómicos.

Sin embargo, en este apartado, otros tópicos mantienen la tensión, pues aún no se concreta un mercado mayorista donde adquirir los insumos demandados por las nuevas formas de producción. Mientras, no pocas veces, por no absolutizar, se desangra el Estado, ya que una parte de los recursos sale de sus almacenes por “la izquierda” y el mercado negro, lejos de desaparecer, “evoluciona”.

Agreguemos a estos inconvenientes lo que tiene que ver con la protección al consumidor en materia de precios y calidad, y el incumplimiento de normas de urbanidad e imagen. A riesgo de demorarnos más, habrá que seguir estudiando y dando soluciones a estos escollos, porque podríamos terminar con una ciudad, o un país, repleto de timbiriches campeando por su respeto en las turbulentas aguas del libre albedrío y la oferta y la demanda per se.

Hace poco, la Gaceta Oficial publicó el Decreto Ley-288, un documento que trajo tranquilidad a muchas personas que, por demasiado tiempo, acumularon inquietudes y malestares en un asunto de extrema sensibilidad: la vivienda.

La resolución fue la mejor respuesta a un reclamo insistente en el proceso de discusión de los Lineamientos, pues para nadie es secreto no solo la escasez y precariedad de una parte del fondo habitacional cubano, sino de las prohibiciones y excesivas regulaciones para permutar, donar, heredar o comprar un inmueble.

Ahora, como requisito se mantiene que una persona no puede ser propietaria de más de una vivienda, pero se eliminaron procedimientos engorrosos y permisos administrativos que entorpecían el derecho inalienable de hacer con los bienes lo que uno estime pertinente.

En honor a la verdad, tal y como ha dicho Raúl sobre la impostergable institucionalización del país, esta normativa viene a poner orden en lo que ya sucedía “por la libre”. De permutas arregladas, matrimonios ficticios por unos cuantos metros cuadrados, y compra-ventas ilegales a precios exorbitantes ha estado labrado el camino que, en lo adelante, habrá que velar para no cometer ni permitir los mismos errores.

También se flexibilizó lo referido a la construcción de casas y la venta de materiales. No obstante, el panorama no es color rosa, porque los precios de los principales insumos, entiéndase cemento, bloques, acero, arena, tejas, vigas, continúan a años luz del bolsillo del trabajador, sin hablar de lo que debe ser adquirido en la red de tiendas recaudadoras de divisas, con su consiguiente especulación, y toda una cadena de intermediarios que encarecen el acceso.

Por no analizar ahora los astronómicos precios de las viviendas. Los ceros a la derecha se multiplican como pompas de jabón. El Estado ha dicho que no intervendrá en la tasación de los inmuebles, pero al paso que vamos algo habrá que hacer, porque lo que me queda claro es que las leyes autorreguladoras del mercado aquí no parecen aplicar del todo.

Donde han quedado más sinsabores que alegrías es en el acápite de la compra-venta de autos, recientemente aprobada y puesta en vigor a partir del 1 de octubre de 2011.

“El rediseño prevé, que tanto personas naturales cubanas con domicilio en el país como los extranjeros residentes permanentes en Cuba, tendrán igual tratamiento. En ambos casos -y siempre que sea de otra persona natural-, podrán adquirir más de un vehículo sin importar su año de fabricación. De esta forma, se elimina la prohibición existente de que solo podían ser objeto de compraventa o donación de la propiedad los equipos anteriores a 1959”, informó una nota publicada en Cubadebate.

El cuerpo legal de esta medida, refrendado en la Gaceta Oficial, establece en su articulado las formas y procedimientos para comprar, vender, o traspasar la propiedad, según sea el caso, siempre ante notario público y sin necesidad de autorización institucional. Pero, y es aquí donde algunos no comulgan del todo, también determina quién puede adquirir un auto nuevo en las entidades comercializadoras y faculta al Ministro del Transporte para autorizar esta transacción.

Al disponer que solo podrán comprar un automóvil nuevo los cubanos que obtengan ingresos en divisas o pesos convertibles -equivalente al dólar- por “su trabajo en funciones asignadas por el Estado o en interés de éste” (aquí se incluyen artistas, diplomáticos, marineros mercantes, productores de tabaco, entre otros), la medida deja fuera, o por lo menos es lo que parece, al resto de los trabajadores que, no ganando en CUC, sí podrían cambiar los pesos cubanos en esa moneda, ¿o no tenemos Casas de Cambio para eso?

Pienso en los campesinos de probados resultados en renglones indispensables como la producción de alimentos; cuentapropistas con ganancias bien habidas, personas con familia en el extranjero y que pueden justificar la procedencia del dinero. En fin, todo el que sin violar ninguna ley pueda pagar el precio de un vehículo.

Tal decisión tampoco tiene en cuenta a los médicos que prestan servicios en otras naciones y que forman parte del Programa Integral de Salud, aun cuando reciben divisas como pago a su trabajo. La cuestión, como lo veo, no es solo que se excluye a unos y se les reconoce el derecho a otros, sino que no se ha dado una explicación convincente al respecto.

El otro inconveniente que algunos señalan es que, incluso para los que contempla la resolución, será indispensable la autorización del Ministro de Transporte. Esto, dicen, añadiría un poco de burocratismo al trámite, al tiempo que obligaría a un funcionario de tamaña responsabilidad a prestar atención a un asunto de menor trascendencia.

Lo que pasa es que, como en el caso de las viviendas, con los carros se han hecho “maravillas”. Muchos de los autos de procedencia rusa no son manejados por los dueños, sino por terceros, cuartos o quintos que los arrendaron o compraron hace ya bastante tiempo. Por tanto, la legalización solo vino a concretar una transacción pretérita y si sumamos el hecho de que no todos los cubanos pueden adquirir un vehículo nuevo, pues en el entramado popular la moraleja es que nada cambió.

Creo que no hay que tener miedo a que las personas, gracias a sus esfuerzos y denuedos, puedan adquirir una casa, un carro, tener su pequeña empresa, lo que sea que les haga sentirse bien. Las diferencias no debe establecerlas el Estado, ellas aparecen solas, producto de las relaciones intelectuales, profesionales, laborales, económicas, territoriales. Saberlas compensar sí es misión de quienes dirigen y gobiernan.

Sin prisas, pero sin pausas, ha dicho el presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, General de Ejército Raúl Castro Ruz, al referirse a la actualización del modelo económico cubano. Una aseveración que se asienta en la lógica de no madurar con carburo un proceso de definiciones como el que nos ocupa, so pena de que se malogre el resultado. Como reza el refranero popular, la cuestión no es llegar primero, sino saber llegar. ¡Pero hay que llegar!

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