Orgullo de ser cubano

Una historia, tres pescadores, el sueño americano y el deseo de volver…

Por: Gemma Carballo y Katherine Subiaut

La muerte amenazaba en el rostro oscuro del mar. Sin tierra a la vista, sin comida ni agua, sin esperanzas, tres pescadores humildes se entregaban a la fuerza del destino. La vida los ponía a prueba.

Lejos de su patria, Cuba, ni ellos ni sus familias sabían dónde estaban ni adónde llegarían.  Roberto Gimeralez Estévez, con 38 años, asumió el liderazgo del trío. René, su hermano de 40  años, anhelaba llegar a conocer el hijo por nacer.  En sus 29 años, Marcos Antonio Mora Luque, no sintió tanto miedo.

El 27 de octubre de 2011 abandonaron suelo firme y subieron a su embarcación “El Regalo”, una rutina que no repetirían jamás. En la mañana del día 28 el clima y la pesca fueron excelentes en la costa norte de Matanzas, entre  el Faro de Maya y el Hotel Meliá de Varadero.

 En la tarde las corrientes marítimas se intensificaron hacia el norte. Al intentar regresar a Matanzas, el motor y la batería  se apagan. Eran las 4:30 de la tarde.

Izan una vela, pero los pescadores más cercanos se marchan sin verlos. Llaman a través de un teléfono móvil  a un amigo en Boca de Camarioca, un poblado cercano, y este en una hora estaba dispuesto a buscarlos. Mientras, bajaron la vela porque el viento del Sur los alejaba de la costa.

Su amigo Yoseline  encontró cerrada la salida en Boca de Camarioca por razones de seguridad. Cuando las autoridades locales comenzaron la búsqueda, no los encontraron porque la fuerza de la corriente y el viento los habían arrastrado muy lejos.

Lloviznaba y escampaba a ratos. El teléfono perdió cobertura. Al amanecer, no se veía nada en el horizonte. Durante ese fatídico 29 de octubre, algunos  barcos mercantes  los esquivaron, pero no los ayudaron, ni siquiera dieron su ubicación para no descubrir su falta de humanidad.

 Al anochecer, el viento cambia. Izan la vela  esperando que los halara hacia tierra. Pero las corrientes del Golfo eran más fuertes y la embarcación continuó rumbo a las Bahamas.

Una travesía que no parecía tener fin

Las condiciones en las que vivieron esos días eran típicas de una película, pero esta no fue de ficción.  La falta de agua y de alimentos, puso al relieve la inventiva de estos hombres. Nueve panes con moho, pescado crudo tostado al sol y apenas 5 litros de agua, fueron sus tesoros más preciados.

El miedo de estar a bordo de una embarcación frágil ante las condiciones climáticas, ante olas de hasta doce metros, hizo mella en el ánimo de Bobby, Rene y Marcos, pero no por ello, ninguno  dejó de pensar que lo importante era sobrevivir.

    ¡Vivos!

Serían las cinco de la tarde del primero de noviembre cuando Rene divisó un guardacostas americano que se acercó y les brindó ayuda. Lo único que pidieron fue una batería para regresar a Cuba. Estaban a 85 millas de su Patria y a 40 millas de Cayo Hueso, Estados Unidos.

Desde el momento en que subieron al guardacostas no volvieron a ver su embarcación. Después de ser atendidos por diferentes autoridades que intentaban  convencerlos para que se quedaran en Estados Unidos, fueron trasladados hasta el límite de las aguas territoriales.

Dos familias esperando

En casa de los hermanos Gimeralez Estévez la angustia y la desesperación reinaba. Hijos únicos y padres irremplazables, su desaparición conmocionó incluso a los vecinos. En el reparto Reynold García no se escuchaba música, los niños no jugaban y los religiosos oraban y prometían.

Muchas personas creen que estos jóvenes se querían ir de forma ilegal del país. Antonio Luque Soriano, abuelo de Marcos Antonio, aseveró a la AIN: “Nuestros hijos han sido inculcados con los principios de la Revolución. Cuando los recogieron,  lo único que ellos querían era regresar a Cuba”.

¡Al fin con nosotros!

Una llamada y las lágrimas permutaron en sonrisas. Vecinos, familiares, mariachis y curiosos se reunieron para recibirlos.

Aunque vivamos en un mundo donde la libertad se vende por mejoras económicas y los principios entran en conflicto con la filosofía del dinero, estos jóvenes demostraron amor a su tierra, a sus convicciones y a su familia.  Como lo evidencia el apoyo de su pueblo, entre la juventud cubana todavía nacen héroes.