El paternalismo y los jóvenes

Las ideas más "peligrosas" son las que no se dicen. A los jóvenes hay que involucrarlos aún más en el proceso revolucionario.

Por: Osmany Sánchez

No pasa un día sin que escuche a alguien, sobre todo los mayores, referirse al daño que le hizo a la sociedad cubana el ya famoso paternalismo. En reuniones, en la cola de la guagua o en la cafetería, siempre aparece el paternalismo para justificar cuando alguien no hizo lo que tenía que hacer.

 No lo niego, es cierto que durante mucho tiempo nos acostumbramos a que “papá” estado se encargara de resolver la mayoría de nuestros problemas mientras nosotros nos conformábamos con recibir y criticar, pero es que no podemos seguir midiendo las acciones de la juventud con la vara del paternalismo y mucho menos dejarlos solos ahora.

 Una cosa es ser paternalista y la otra es cumplir el papel que nos toca como revolucionarios y como educadores. Veo con preocupación que algunos, refiriéndose al trabajo de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) o a la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), dicen que no están para hacer lo que les toca a ellos o de que los jóvenes “deben aprender de sus errores”.

 Mi niña tiene 8 años y se pasa el día corriendo, da lo mismo que sea dentro de la casa, en el patio o en la calle. Tengo entonces dos opciones, una es dejarla hasta que se caiga y se dé un golpe para entonces demostrarle por qué debe tener más cuidado, la otra opción es la de hablar con ella antes y explicarle lo que puede suceder si no tiene más cuidado. Yo elijo la segunda.

 Con los jóvenes entonces sucede algo parecido. Estos no son los tiempos en que niños de 9 ó 10 años iban para las lomas a alfabetizar o cuando con apenas 14 años manejaban las “cuatro bocas” en Girón. Aquellos, la inmensa mayoría de familias humildes, vivieron y sufrieron el capitalismo, por eso valoraron y defendieron a capa y espada la naciente Revolución.

 Los jóvenes de ahora no conocieron el capitalismo y al nacer en medio del período especial lo único que conocen del Socialismo son las privaciones, los problemas con el transporte…si a eso le sumamos la intensa campaña que existe contra nuestro país con la intención de mostrar que el Socialismo es inviable y que el capitalismo es el paraíso entonces cada día estarán más confundidos y la confusión en un tema como este, cuesta caro.

 ¿Qué hacer entonces? ¿Dejar que se pierda nuestro sistema para después decirles “te lo dije”?

 Si revisamos lo que sucede en el antiguo campo socialista nos damos cuenta de que las cosas que nos piden que hagamos es todo lo contrario a lo que hacen una vez que la derecha recupera el poder. Partidos y símbolos comunistas prohibidos, personas inhabilitadas para ejercer cargos públicos por haber pertenecido a partidos comunistas, etc.

 No propongo hacerle a las nuevas generaciones el cuento del coco, de la bruja o el hombre del saco para demostrarles lo malo que es el capitalismo. Saltan a la vista los hechos que demuestran lo injusto de ese sistema.

A los jóvenes debemos involucrarlos más en el proceso revolucionario, conversar mucho con ellos, hacer que se sientan protagonistas y que se den cuenta de que su voz es importante. Las ideas más “peligrosas” son las que no se dicen, de ahí la importancia de crear espacios de debates en los que todos puedan expresar su opinión. No debemos edulcorar la realidad cubana ni conformarnos con satanizar al resto del mundo.

 Las razones para defender nuestro sistema social no están solo en lo que éramos antes de 1959, sino en lo que hemos logrado hasta ahora aún con todos los obstáculos externos e internos.