Apuntes a una Conferencia

Primera Conferencia del Partido Comunista de Cuba

Por: Harold Cárdenas Lema

No puedo comentar mucho sobre una reunión a la que no asistí ni tengo mucha información al respecto precisamente por no pertenecer al Partido, aunque lo allí discutido no incumbe solo a sus militantes, sino al pueblo en general. Puedo decir las muchas expectativas que tengo con ella, puedo comentar mi optimismo con el rumbo que toma el país y puedo expresar mi recelo con el hecho de ver a muchas personas dogmáticas, apropiarse del discurso del cambio de mentalidad, o que difícilmente aquellos que fueron formados bajos los cánones del fracasado Socialismo del siglo XX, puedan crear el modelo verdaderamente socialista que necesita el país y nos merecemos los cubanos.

Me hubiera gustado ver las sesiones de trabajo, escuchar de primera mano a las personas que representan al pueblo cubano dar sus opiniones sobre cómo mejorar el funcionamiento y la mentalidad de un partido que al igual que la nación, necesita actualizarse. Pero no me extraña que no haya podido observar la Conferencia íntegramente, cuando ya estoy resignado a que me represente una Asamblea Nacional de la que sólo puedo observar “momentos”, cuidadosamente seleccionados por alguna persona que aparentemente sabe qué puedo saber y qué no, cuando pasan estas cosas de repente no me siento en el país más culto del mundo, ni siento que se confíe en la formación que se me ha dado, quizás el presupuesto de la Universidad para Todos sea demasiado alto o inútil.

Participé en la preparación a la Conferencia que se realizó en mi municipio, nos invitaron a los miembros de la UJC (aunque todavía sigo sin entender por qué se demoraron tanto en notar nuestra ausencia en ese tipo de actividades) allí se expresaron ideas muy coherentes, vi a compañeros expresarse de una forma valiente y realista sobre la realidad actual que me inspiraron confianza en la organización, tampoco faltaron las intervenciones que venían a matizar lo antes dicho, vaya, porque “no podemos ser ingenuos” y “para que nadie crea que le vamos a dar armas al enemigo”.

Me permito hacer una observación más, los presentes en la actividad al final se pusieron de pie y cantaron juntos la Internacional, quizás ya no sean tiempos de tomarse las manos y entonar este himno, son tiempos de tener la Internacional en el corazón, de hacer lo que dice y no estar moviéndose al compás porque se supone sea lo correcto, si bien algunos se veían genuinamente conmovidos por el himno, otros parecían estar cumpliendo con un formalismo, me pareció simbólico.