Cultura, identidad y cubanía

Por: Harold Cárdenas Lema

Hace unos días tuve una interesante conversación con un estudiante de periodismo, este trató de convencerme que los cubanos se definen por ser bailadores y gritones, imagino que Martí se haya revuelto en su tumba al escuchar eso. Utilizo este pretexto para comentar hoy brevemente qué es lo que nos convierte en hijos de esta tierra.

Nunca escuché que Félix Varela, el Apóstol, Mella, Villena o cualquier otro de los grandes hombres que ha parido este país y de alguna manera han conformado la cubanidad, se caracterizaran por su baile o destreza vocal. La identidad de una nación consiste en el cúmulo de tradiciones, costumbres y formas de comportamiento que definen a los individuos que viven en ese territorio, por lo tanto podemos inferir de esto que está estrechamente relacionada con la cultura, y la nuestra es muy rica y diversa.

Cuba es un país de complejidades, diversidades y diferencias, todo aquel que busque argumentar de forma simple los complicados procesos culturales y sociológicos de este país, va a encontrar irremediablemente el fracaso. La variedad es lo que nos distingue, es una generalización imperdonable pretender que todos los cubanos toman ron, bailan, juegan dominó o gustan de la playa. Yo por ejemplo soy un pésimo bailador, y aunque disfrute el resto veo inadmisible que según la lógica de mi estudiante se me considere menos cubano por no escuchar música popular bailable (o salsa).

No sólo son las costumbres las que conforman una identidad cubana sino también es importante aquello que conocemos como patriotismo, Martí se refirió a esto siendo sólo un muchacho: “el amor, madre, a la Patria… es el odio invencible a quien la oprime, es el rencor eterno a quien la ataca…”. Y los cubanos hemos sido un dolor de cabeza para aquellos que han amenazado o limitado nuestra identidad política, España perdió en nuestra tierra el mayor ejército que tuvo jamás en el continente, y los Estados Unidos llevan ya más de 50 años en un bloqueo terrible pero infructuoso.

La cuestión identitaria también está amenazada por los fenómenos de globalización e imposición de modelos occidentales, que afectan las nacionalidades y culturas de los países menos desarrollados, Cuba no está exenta de esto y pasa cada vez con más fuerza. Si bien se reciben cosas muy positivas de fuera (y estoy pensando por ejemplo, en la fuerza que tiene cada vez más el fútbol por acá) se recibe mucha chatarra cultural, y la juventud es muy sensible a todo esto, confieso que yo por ejemplo, soy un alto consumidor de televisión y cine norteamericano.

La identidad nacional es una cosa tremenda, esta es la culpable de que aunque muchos se hayan marchado de la Isla, gran parte de ellos sigan sintiéndose cubanos y busquen regresar de visita cada vez que sea posible. Un amigo mío que se marchó y vive en Estados Unidos, me contaba que se encontró en un baño de Las Vegas a otro cubano, se pasaron más de media hora conversando y riendo. Porque a esa hora hasta un chiste o una palabrota son cosas valiosísimas.

En este blog comentan muchas personas que ya no viven en Cuba, muchos de ellos ni siquiera están en la misma dirección política que nosotros, sin embargo acuden a leer nuestros artículos a diario, se interesan por los destinos de aquella tierra que dejaron detrás por las más disímiles razones, quieren participar en el debate cubano y se respira en ellos identidad con esta Isla, cubanía, y en muchos de ellos patriotismo. Esto habla por sí solo de la fuerza que tiene la identidad en las personas, de las formas de expresión que puede tener la cubanía, que va más allá de una religión, una raza o una ideología. Al final, lo positivo siempre será lo que fortalezca al país, lo consolide como nación y favorezca a los cubanos, vivan o no en esta tierra.

Otro peligro de nuestra identidad es el cliché en que hemos caído los cubanos, en Varadero las pinturas que más compran los turistas son los de carros antiguos, mulatas y mulatos sonrientes o puestas del sol en la playa. Esto es algo muy dañino porque es un ejemplo perfecto de simplificación de nuestra cultura, y muy peligroso también, porque si analizamos esto con profundidad nos damos cuenta que esta imagen es la de una Cuba en los años 50, como si no hubiéramos llegado al siglo XXI y no fuéramos ya mucho más que eso.

Antes de continuar desviándome del tema trataré de cumplir con las dos reglas del blogueo: ser breve y más breve. La imagen del cubano como bailadores sensuales y bulliciosos es precisamente la que tienen muchos en el exterior sobre nosotros, se complementa de maravillas con otra que Martí criticara mucho y nos dibuja como perezosos e inconstantes, se corresponde también con el lugar que se nos tiene asignado en el orden mundial capitalista como país tropical subdesarrollado: los ingenuos proveedores de placer. Se quiere acercar así cada vez más nuestra identidad a esa imagen tan superficial sobre nosotros, que inconscientemente muchos compartimos, pero olvidando que somos mucho más, somos una construcción histórica y heterogénea que todos tenemos que preservar.

El tema de la identidad tiene mucha tela por donde cortar y no soy un especialista en la materia, esto puede ser un primer acercamiento, pero sí les digo algo: aunque no sea un gran bailador o tomador de café me considero un patriota y cubano como el que más. Eso no me lo quita nadie, ¿y a ti?

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