El incierto futuro del beisbol en Cuba

Es el momento de tomar las decisiones necesarias para salvar al deporte nacional.

Por: Osmany Sánchez

Desde finales del mes de noviembre en matanzas se vive y respira béisbol. Por primera vez en casi veinte años el estadio Victoria de Girón se llena en cada uno de los juegos del equipo local. Los niños imitan a los peloteros de la provincia y se ve una mayor afluencia de pequeñitos en el área del “beisbolito”, donde se forman las nuevas generaciones de peloteros matanceros.

En Cuba el béisbol, la pelota, es pasión. Los resultados del equipo de Matanzas se reflejan también en la vida socioeconómica de la provincia. En las guaguas, en la colas, en las peñas deportivas, en las aulas, en cualquier lugar se habla de pelota. Alguien me dijo una vez que en los años de gloria del equipo Henequeneros, sus resultados deportivos tenían relación con el aumento de la productividad de la provincia.

No es de extrañar entonces que las decisiones que relacionadas con este deporte tengan también una connotación política. Hace pocos días leía la noticia de que en una reunión celebrada en Cuba con Ricardo Fraccari, presidente de la Federación Internacional de Beisbol (IBAF), se habló, por primera vez, de que Cuba estaría dispuesta a analizar el tema de los peloteros que han abandonado el país y que actualmente juegan en Grandes Ligas y en otras ligas profesionales.

No se especificaron los puntos en los que estaría basada esta “conversación” ni cuando sería, pero el solo hecho de que se analice esa posibilidad es ya algo positivo.

Aunque tratar el asunto con las Grandes Ligas es nuevo, no es la primera vez que peloteros cubanos han manifestado la necesidad de insertar jugadores en ligas profesionales lo que sin duda tributaría a la preparación de estos jugadores, además de que significaría un ingreso importante para la economía nacional.

El propio director del equipo de Matanzas, Víctor Mesa, y Yuliesky Gourriel son algunos de los que han abordado el tema. En el caso de Yuliesky, dijo en una entrevista a la revista Bohemia que le gustaría jugar en otras ligas en los meses en que no se esté desarrollando la serie nacional.

Por el noticiero de televisión me entero de que se están realizando reuniones en todas las provincias con directivos del béisbol y la prensa especializada para debatir sobre el futuro del deporte nacional. Según Julita Osendi, se habló de estimular a los peloteros y a los equipos más destacados de la serie, entre otras cosas. Es bueno que se debata, pero creo que si se “sacara” ese debate al resto del pueblo sería mucho mejor. Se pudiera empezar por las peñas deportivas por ejemplo.

En los últimos meses se han llevado a cabo en Cuba transformaciones importantes. Muchas de las decisiones que se han tomado, serían impensables en otros tiempos sin embargo la dirección de la Revolución ha sabido ponerse a tono con el momento histórico y han cambiado todo lo que debe ser cambiado, sin hipotecar el futuro del país.

En el deporte sin embargo nos estamos quedando atrás. Es cierto que formar un deportista cuesta tiempo y recursos, pero también cuesta formar un pintor, un actor o un músico y es normal ver como cualquiera de ellos pasa temporadas en un contrato en el extranjero y luego regresar y ser vitoreados en programas de televisión o en las principales plazas bailables del país.

He dicho otras veces que Cuba debe insertar jugadores en ligas profesionales, no solo el béisbol, lo que se traducirá en mayor fogueo para ellos y mayores ingresos para la economía nacional. Muchos deportes, como el voleibol, se pasan el año entrenando en la escuela nacional para luego enfrentar los compromisos internacionales en franca desventaja con otras selecciones.

Nuestros deportistas han demostrado, en su inmensa mayoría, que son fieles a su pueblo y a su deporte, por eso a pesar de enjundiosas ofertas, no han abandonado el país para ir a otras ligas donde ganarían muchísimo más dinero. Eso es cierto, pero también lo es que en estos momentos los cubanos están llamados a vivir de su trabajo, de manera honrada.

No hay correspondencia entre el esfuerzo que realizan los deportistas, levantándose temprano en la mañana, entrenando todo el día, alejados de su familia la mayor parte del tiempo, con la retribución que reciben. Es cierto que el reconocimiento social es grande pero eso no arregla su casa o sirve para ayudar a su familia.

Es sin dudas este un tema delicado pero otros también lo son y sin embargo han sido tratados de frente, de manera bien pensada y los resultados ya son palpables.