Nuevo socialismo cubano

Por: David Pérez Guerra

No podían pasarlo por alto. Las transformaciones en la economía cubana, inscritas en lo que se ha llamado “actualización del modelo económico”, también han sido objeto de las tergiversaciones que gusta difundir la prensa internacional.

Entonces, no faltaron quienes dijeron  que en Cuba se estaban adoptando medidas neoliberales.

Pero, los que adoptaron tales posturas en sus análisis, cometieron un error básico: el neoliberalismo es funcional al Capital. Llegó como modelo de acumulación para salvaguardar la tasa de ganancia capitalista, y no se ha ido, aunque ya muchos saben que ha sido la base de la gigantesca crisis económica que vive el mundo.

Valorar la situación que atraviesa nuestro país, catalogándolo dentro del modelo neoliberal, es como decir que las reformas financieras o en materia de salud que ha pretendido llevar adelante el Presidente Obama, conducen a los Estados Unidos hacia el socialismo. Un gran error, aunque no pocos han disfrutado cometiéndolo.

Pero tenían que buscarle un nombre desacreditado a las necesarias transformaciones que ocurren en la economía cubana.

El “cambio de modelo”, con la cuota de protagonismo que tiene el sector privado, es precisamente el esfuerzo nacional por hacer más eficiente el funcionamiento del sistema socialista cubano. Es, en síntesis, un esfuerzo por alcanzar las cuotas de consumo y bienestar a las que aspira la población.

Para implementar este cambio -a diferencia de lo que vemos diariamente en las noticias que nos hablen de una Europa estremecida por los recortes del gasto fiscal y las protestas de “indignados”- se ha buscado la combinación entre la decisión gubernamental y la consulta con la población, a través de un consenso en torno a los “Lineamientos” aprobados finalmente en el Congreso del Partido.

Pero no todo ha sido fácil, pues el propósito de cambiar las cosas que andan mal o que se pudieran hacer mejor, choca contra innumerables obstáculos. En este blog se ha tratado con anterioridad el problema de la “mentalidad” enraizada a lo largo del tiempo y que es tan difícil de modificar.

Pudiéramos decir: más fácil es pasar “un camello por el ojo de una aguja” que cambiar la mentalidad de un burócrata. Y la cosa se complica si esa persona recibe algún privilegio “extra”. Pero aquí no acaban los retos.

También resultan necesarias otras transformaciones en la gestión de los recursos, que rompen con la forma de hacer las cosas adoptada durante un largo período de tiempo.

Dentro del proceso de cambios, habrá que incorporar la necesidad de reinvertir en la economía una parte sustancia de la riqueza que ella misma crea. Un sencillo ejemplo lo vemos en la mayoría de las cafeterías estatales. Aunque estas generen miles de pesos en ingresos, las condiciones de trabajo generalmente son  malas. Falta inversión en infraestructura y estímulo salarial. El que sufre a la larga es el cliente. Y en el aseguramiento de esta “reinversión” se ha avanzado poco.

En materia de la “fuerza de trabajo”, es necesaria una acción que ya se viene retardando. La vinculación de los trabajadores a los resultados económicos obtenidos por las empresas y la atención a los niveles del salario real que recibe la población, son áreas que no se pueden descuidar en esta actualización del modelo económico.

Un lugar no menos importante, lo ocupa el tiempo en que se hacen las cosas. En esta coyuntura el tiempo deviene un valioso recurso que no pocas personas pensamos que se está desaprovechando.

Aunque la idea de “no apresurarse” resulta relevante, tampoco la de “evitar las demoras inútiles” se ha de poner a un lado. Como ejemplo podría ponerse el tema de la compraventa de automóviles. Esta iniciativa -esperada por mucho tiempo-, aunque fue aprobada en abril como un “lineamiento”, demoró cinco meses en materializarse. Y esto fue para comprar y vender un bien material, a través de un sencillo trámite jurídico.

Entonces, ¿Cuándo podríamos esperar que se transite hacia la unificación monetaria? Por esta transformación –y otras que van quedando pendientes, temas generalmente muy complejos- no se puede esperar indefinidamente.

Sin embargo, y a pesar de todos los problemas, el escenario de nuestra Cuba posee una inestimable virtud: está transformándose. Más de trescientos mil trabajadores por cuenta propia pueden asegurarlo.

El rumbo se ha trazado buscando niveles superiores en la gestión de la economía y de la sociedad. El esfuerzo se dirige hacia el desarrollo de la economía “pensando en la gente”.

Los que pretendieron ver “medidas neoliberales”, han de ir acostumbrándose a este socialismo nuevo, que apuesta por el desarrollo de la economía y busca el necesario equilibrio entre la esfera productiva y la social.

Hacia allí va el futuro.