Cumbre de la CELAC. Por el sueño de Bolívar.

Por: Eduardo

Hace 197 años, en su famosa Carta de Jamaica, Simón Bolívar escribía “Yo deseo más que otro alguno ver formar en América la más

 grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por

 su libertad y gloria

”. Años antes, el Precursor de la independencia latinoamericana, el Generalísimo Francisco de Miranda, proponía crear una nación gigantesca, que incluyera todo el territorio que abarca lo que actualmente se conoce como Hispanoamérica. Proponía el nombre de Columbeia para la república que debería nacer de ese parto histórico. La República de Colombia, que en su denominación retomaba el nombre propuesto por Miranda, creada por el Libertador, la cual incluía las actuales Repúblicas de Ecuador, Colombia, Panamá y Bolivariana de Venezuela, fue lo más cerca que los latinoamericanos estuvimos de alcanzar el hermoso sueño de la unidad continental.

También en su Carta de Jamaica, el Libertador describía su concepción de como debía organizarse la federación de naciones libres hispano americanas, que surgieran de la lucha que en todos los rincones de las posesiones coloniales españolas, se libraba por sacudirse el pesado fardo de la dominación Ibérica:

…Es una idea grandiosa pretender formar de todo el mundo nuevo una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión debería, por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes Estados que hayan de formarse; mas no es posible porque climas remotos, situaciones diversas, intereses opuestos, caracteres desemejantes dividen a la América. ¡Qué bello sería que el istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos! Ojalá que algún día tengamos la fortuna de instalar allí un augusto Congreso de los representantes de las repúblicas, reinos e imperios a tratar y discutir sobre los altos intereses de la paz y de la guerra, con las naciones de las otras tres partes del mundo. Esta especie de corporación podrá tener lugar en alguna época dichosa de nuestra regeneración, otra esperanza es infundada, semejante a la del abate St. Pierre que concibió el laudable delirio de reunir un Congreso europeo, para decidir de la suerte de los intereses de aquellas naciones…”

Aún en vida del Libertador; al fracasar por múltiples factores, el Congreso Anfictiónico de Panamá, instalado el 26 de junio de 1826, esto constituyó un golpe de fatales consecuencias al sueño bolivariano de la unidad política, económica y militar del las antiguas colonias españolas. Una de las causas esenciales del fracaso la constituyó la desunión entre las clases políticas de las naciones latinoamericanas, conformadas principalmente por el elemento oligárquico semifeudal de las nacientes repúblicas, que no supieron estar a la altura del momento histórico que se vivía en todo el mundo. Las oligarquías latinoamericanas, ayer como hoy, se encargaron de sabotear el sueño de Bolívar. Cuatro años después de clausurado el Congreso de Panamá, la Gran Colombia se había dividido en tres países, y las Provincias Unidas de Centroamérica se habían separado en 5 pequeñas repúblicas.

Para Cuba y Puerto Rico el fracaso del Congreso de Panamá, el cual preveía que las naciones confederadas preparasen un expedición, para liberar del yugo español sus dos últimas posesiones en América, implicó que las dos islas tuviesen que soportar durante casi un siglo más la dominación española. En la Carta de Jamaica también se puede apreciar que pensaba el Libertador de la situación colonial de Cuba y Puerto Rico. Decía Bolívar:

“Las islas de Puerto Rico y Cuba, que entre ambas pueden formar

 una población de 700 a 800,000 almas, son las que más tranquilamente

 poseen los españoles, porque están fuera del contacto de los independientes. Mas ¿no son americanos estos insulares? ¿No son vejados?

 ¿No desearán su bienestar?

Al fracasar en Panamá la propuesta bolivariana de una expedición liberadora para las Antillas Mayores españolas, los cubanos nos vimos obligados a luchar solos durante casi treinta años en la manigua redentora por alcanzar nuestra libertad, la cual fue frustrada por la Intervención de los yanquis en nuestra Guerra de Independencia en 1898. Cuba y Puerto Rico quedaron bajo la jurisdicción del Imperio del Norte, hasta que los gobernantes norteamericanos de la isla de Cuba impusieron una Constitución Republicana, baldada por una espuria Enmienda Platt, la cual dejaba, al decir del Gobernador yanqui Leonard Wood, con poca o ninguna independencia a los cubanos.

La hermana nación de Puerto Rico, nunca llegó a alcanzar su independencia; se convirtió en una colonia yanqui con el eufemístico nombre de “Estado Libre Asociado”.

Pero los cubanos hemos tenido también, un gran paladín de la unidad de América Latina en el Apóstol de la independencia cubana, José Martí, el cual en su medular ensayo “Nuestra América” expresaría:

“¡Los árboles se han de poner en fila para que no pase el gigante de las siete legua! Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”.

Alertaba Martí además del peligro que representaba para la América Latina el poderoso vecino del Norte.

“Pero otro peligro corre, acaso, nuestra América, que no le viene de sí, sino de la diferencia de orígenes, métodos e intereses entre los dos factores continentales, y es la hora próxima en que se le acerque, demandando relaciones íntimas, un pueblo emprendedor y pujante que la desconoce y la desdeña. Y como los pueblos viriles, que se han hecho de sí propios, con la escopeta y la ley, aman, y sólo aman, a los pueblos viriles; como la hora del desenfreno y la ambición, de que acaso se libre, por el predominio de lo más puro de su sangre, la América del Norte, o en que pudieran lanzarla sus masas vengativas y sórdidas, la tradición de conquista y el interés de un caudillo hábil, no está tan cercana aún a los ojos del más espantadizo, que no dé tiempo a la prueba de altivez, continua y discreta, con que se la pudiera encara y desviarla; como su decoro de república pone a la América del Norte, ante los pueblos atentos del Universo, un freno que no le ha de quitar la provocación pueril o la arrogancia ostentosa o la discordia parricida de nuestra América, el deber urgente de nuestra América es enseñarse como es, una en alma e intento, vencedora veloz de un pasado sofocante, manchada sólo con sangre de abono que arranca a las manos la pelea con las ruinas, y la de las venas que nos dejaron picadas nuestros dueños. El desdén del vecino formidable, que no la conoce, es el peligro mayor de nuestra América; y urge, porque el día de la visita está próximo, que el vecino la conozca, la conozca pronto, para que no la desdeñe.”

En este trabajo intelectual Martí define el concepto de “Nuestra América”, como “la América trabajadora; del Bravo a Magallanes, …las naciones románticas del continente y … las islas dolorosas del mar”, para diferenciarlas del “Norte revuelto y brutal que nos desprecia”. En vísperas de su muerte declaró a su hermano mexicano que: “ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber—puesto que lo entiendo y tengo ánimos con qué realizarlo—de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso”.

En las próximas horas la historia de América Latina y el Caribe concretará un un importante paso en la realización de los sueños comunes de millones de hermanos latinoamericanos y caribeños. La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, CELAC, nacerá en el mismo sitio donde nació el Libertador de nuestros pueblos; en la Caracas rodeada de cerros invictos de los cuales bajó un día la marea roja de la Revolución a rescatar a su líder, el Comandante Hugo Rafael Chávez Frías, de las garras de la reacción golpista.

Desde ayer sigo las noticias por los medios de difusión e Internet. Los periodistas de la Televisión Cubana recorren las calles de la capital venezolana que luce sus mejores galas. En grandes pancartas las fotos de los Jefes de Estado o Gobierno que acudirán a la cita. Telesur reporta que el Comandante Chávez y Cristina Fernández acaban de inaugurar en el Palacio de Miraflores un salón que a partir de ahora llevará el nombre de Néstor Kirchner. Otro reporte anunciaba que la presidenta de Brasil, Dilma Rouseff arribaba a Caracas para participar en la Cumbre. Radio Reloj reportaba en las Primeras horas de hoy, que la delegación cubana estará presidida por el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba, nuestro querido Raúl.

Pero hay algo que todos los que amamos desde niños a los hombres y mujeres que han hecho grande la Patria Grande Latinoamericana, sentimos en lo más profundo de nuestros corazones. Por primera vez nos reunimos únicamente los pueblos latinoamericanos, sin que debamos recibir la tutela de aquellos países que durante años sometieron a nuestros pueblos a siglos de explotación y subdesarrollo. La CELAC es la respuesta latinoamericana a la desprestigiada OEA, en la cual, con la constante manipulación del Gobierno de los Estados Unidos a favor de sus intereses, se han escrito páginas de infamia en la historia de los pueblos latinoamericanos.

Pero por suerte los pueblos de América Latina y sus actuales dirigentes, encabezados por los Presidentes Hugo Chávez, Raúl Castro, Evo Morales, Daniel Ortega, Rafael Correa, Cristina Fernández; y muchos más; apuestan a que los pueblos de la América Nuestra enfrenten a partir de ahora el porvenir unidos como un sólido haz, que no pueda ser desecho por los feroces vientos del Norte.

Llegue en esta hora feliz además, el reconocimiento a nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, fiel seguidor de las ideas de Bolívar y Martí, al Che, porque entregó su vida por la unión de nuestros pueblos, y al compañero Luis Ignacio Lula da Silva, quien ha dedicado una vida de lucha y de trabajo por el pueblo brasileño y la unidad latinoamericana.

Este nuevo desafío histórico para América Latina y el Caribe, no será como caminar sobre un lecho de rosas, pero como dice un viejo proverbio chino, “Cuando se emprende un camino largo y tortuoso, el primer paso, siempre es el más importante”.

Publicado originalmente en: http://edumatanzas.blogspot.com/