Las dos caras de la luna

Por Yasel Toledo Garnache. Estudiante de la Universidad de Holguín. Oscar Lucero Moya.

Sentí orgullo con mezcla de asombro cuando en el sitio digital del New York Times, periódico más importante de Estados Unidos, leí un trabajo del periodista Randal C. Archibold, publicado este 8 de noviembre, que resalta los esfuerzos y logros de los clínicos cubanos en Haití.

Publicaciones norteñas habían tenido el cinismo de asegurar que nuestra nación era una de las pocas del Caribe que no brindaba ayuda a las víctimas del terremoto. Sin embargo, el altruismo y la heroicidad no pueden ser ocultados y vencen la censura mediática.

Archibold reconoce la profesionalidad de nuestros especialistas cuando confiesa: “No hay duda de que la misión cubana ha sido vital. Fue uno de los contingentes más grandes de ayuda internacional en responder después del terremoto en enero de 2010”. También declara que  “mientras la mitad de las Organizaciones no Gubernamentales se han marchado, los cubanos siguen ahí”.

El trabajo destaca que la misión médica cubana jugó un papel importante en detectar la epidemia de cólera y “sigue ganando elogios de donantes y de diplomáticos, por mantenerse firme en la primera línea de combate y por su esfuerzo de rehacer el sistema de atención a la salud pública en ese país destrozado”.

El periodista norteño reconoce que nuestra nación ha enviado galenos al extranjero desde la década de 1960, como forma de “diplomacia clínica”, que lleva solidaridad a las áreas remotas de regiones pobres, sobre todo en África y América Latina. También resaltó que “después del huracán Katrina, Cuba quiso enviar mil 500 médicos a Estados Unidos, para prestar ayuda a los damnificados”.

Pero Randal C. Archibold no dice que Estados Unidos es la otra cara de la luna, pues envió soldados, que conferían a la tierra de Toussaint Louverture la sensación de un país ocupado militarmente. Tampoco denuncia el espíritu guerrerista del gobierno yanqui, que fomenta el pánico y la violencia en el Medio Oriente.

Ese trabajo periodístico no señala que mientras Cuba es solidaria, educa, cura, enseña, respeta pueblos y brinda amor, Estados Unidos invade naciones, asesina inocentes, derroca gobiernos, aniquila a quienes piensen y actúen en desacuerdo a sus dictámenes imperiales, roba cerebros y usa la fuerza para apoderarse del petróleo en países como Afganistán e Irak.

La diferencia en la política exterior de estas naciones, que simbolizan a  David y Goliat, es enorme.  La patria de Martí y Fidel enarbola principios humanos y regala esperanza a los necesitados del mundo; la de Washington y Lincoln siembra el terror y la muerte. Eso no lo dice Archibold en su artículo, pero todos lo sabemos.

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