Cartas a mis niños. La historia del automóvil en Cuba

Buick Especial V8 modelo 1958 similar al de mi abuelo

Por Eduardo

Queridos niños míos:
Como ustedes conocen, el invento del automóvil ha constituido uno de los hitos tecnológicos más importantes en la historia de la humanidad. Como les relaté en otra carta, aunque entre los finales del siglo XVIII y mediados del XIX, se desarrollaron algunos ingenios movidos a vapor como la locomóvil, empleada fundamentalmente en las labores agrícolas, estos eran tan pesados, lentos, ruidosos y contaminantes, que muchos inventores se dieron a la tarea de desarrollar otra generación de vehículos que prescindieran de tan indeseables características.
Es así que en 1886, en la ciudad alemana de Mannheim, dos amigos, Karl Friedrich Benz y Gottlieb Daimler, construyeron un triciclo accionado con un motor de gasolina, el cual es considerado el primer automóvil de la historia de la humanidad. Se cuenta que diez años después, a finales del año 1998 desembarcó en la Habana el primer automóvil que comenzó a competir con los clásicos quitrines, volantas, y guaguas tiradas a caballo que circulaban en aquellos lejanos años por las calles de nuestra capital.
Les aclaro que los automóviles de aquel entonces se parecían bien poco a los que ustedes están acostumbrados a ver en estos tiempos. Las carrocerías, todavía conservaban muchas características de los carruajes de tracción animal. Ese primer auto que les mencioné con anterioridad, se desplazaba a la increíble velocidad de 10 kilómetros por hora. La marca de aquella máquina, Parisenne, desapareció posteriormente como muchas otras que no sobrevivieron a la competencia. Su propietario se llamó José Muñoz y lo adquirió por la entonces considerable cifra de mil pesos. El susodicho, al mismo tiempo se convirtió en el representante de esa marca en Cuba.
A los seis meses exactos, un señor farmacéutico de oficio, nombrado Ernesto Sarrá, adquirió en Lyon, por el precio de 4000 pesos, el segundo automóvil que corrió por las calles de la Habana. Este coche, de la marca Rochet-Schneider, poseía mejores características que el pionero de los autos cubanos. Sus ocho caballos de fuerza le permitían alcanzar unos 30 kilómetros por hora, velocidad que garantizaba que el señor Sarrá pudiera vencer periódicamente la distancia entre la Habana y Güines en solo hora y media. Pero aunque la primacía en Cuba, la tuvieron los autos europeos, principalmente franceses e italianos, en ese propio años 1898 ocurrió un suceso que cambiaría la historia de Cuba, y con ello también la historia de los automóviles en la isla.
Como saben de las clases de “Historia de Cuba”, el 24 de febrero de 1895, los cubanos bajo la guía de nuestro Apóstol José Martí, nos habíamos lanzado nuevamente a luchar por la independencia de la Patria, en contra del gobierno colonial español. Recordarán además que en el año 1898, el gobierno de los Estados Unidos, haciéndose pasar por amigo del pueblo cubano, intervino en la guerra patriótica que llevaban a cabo, y que ya prácticamente tenían ganada nuestros mambises. Frustraron así, los más puros anhelos de libertad del pueblo cubano. El resultado de aquella intervención fue una República, con una constitución que poseía una ley agregada o Enmienda de nombre Platt, que dejaba a Cuba, con ningún atisbo de independencia real, y que les daba a los norteamericanos inclusive el derecho de intervenir militarmente en Cuba, siempre que estimasen que sus intereses en Cuba estaba sufriendo algún tipo de afectación.
Una de las leyes derivadas de la Enmienda Platt, fue el Tratado de Reciprocidad Comercial, que de recíproco no tenía nada, porque básicamente obligaba a los cubanos a vender en el mercado de los Estados Unidos materias primas, los principales rubros de exportación de la isla, muy baratas, mientras los cubanos debíamos comprar sus mercaderías y productos industriales a precios muy caros. Entre los productos caros que llegaron a la isla a partir de 1898, al finalizar la guerra Hispano – Cubana – Norteamericana, estuvieron los automóviles.
Su precio era tan elevado que solo las personas de la alta aristocracia los podían comprar. Les cuento una anécdota para que tengan una ligera idea de esa situación. En el año 1903, cursaba estudios de Bachillerato en Matanzas, el genio sin par de José Raúl Capablanca, quien por aquellos años no era todavía el Campeón Mundial de Ajedrez, sino el niño prodigio que con sus demostraciones del juego ciencia asombraba a sus contemporáneos. Pues un grupo de fanáticos organizó una simultánea de muchos tableros, cuyo único contendiente iba a ser el entonces joven Campeón de Cuba. El sitio escogido fue nuestro magno coliseo, el Teatro Sauto.
Como recordarán, adyacente al Sauto, en la fundacional Plaza de la Vigía se encuentra el Museo Provincial “Palacio de Junco”. El nombre del museo, proviene debido a que este caserón era la residencia de la aristocrática familia Junco, dueña de haciendas y centrales azucareros en el Valle de Guamacaro. Como los Junco habían adquirido uno de los primeros automóviles que en Matanzas circularon, un Packard de cuatro cilindros, y su orgullo de propietarios no podía resistirse a lo que ya era moda en París, Nueva York y otras grandes urbes del mundo, para asistir a la simultánea embarcaron en su automóvil en la cochera del Palacio, que es por donde hoy se accede al Salón de las Tertulias, salieron del inmueble, cruzaron los 20 metros de la calle Milanés, y aparcando frente al vestíbulo del Teatro, desembarcaron de su vehículo para participar en el convite. Una muestra más de la vanidad humana, típica de las clases ricas.
Pero sucedió algo que abarató los costos de los automóviles, y permitió que personas que ni podían soñar en un inicio en adquirir uno, pudieran al fin ser propietarios de un vehículo. En los Estados Unidos, en el año de 1910, un listo capitalista llamado Henry Ford inventó la cadena de montaje de automóviles; un procedimiento que permitía ensamblar en una línea de producción continua, las diversas partes del automóvil como el chasis, el motor, la carrocería, y otras producidas con anterioridad en diferentes talleres. Su procedimiento fue tan revolucionario, que aún hoy, aunque ya el montaje de los carros en vez de realizarlo obreros, es ejecutado fundamentalmente por robots industriales, es el empleado comúnmente en la industria automovilística.
Su Ford modelo T, se convirtió como en casi todo el mundo, en uno de los autos más populares. El pueblo cubano lo bautizó con una palabra que todavía hoy se utiliza; “Fotingo”. Algunos investigadores aseguran que la palabreja proviene de la frase inglesa “Footing and go” que aparecía en los anuncios de la publicidad comercial de la marca automovilística, y otros que deriva simplemente de un derivado lexicológico del nombre del auto. En la actualidad, en la isla, cualquier automóvil de las décadas de los años 20 y 30 del siglo XX recibe el calificativo de Fotingo, aunque no sea exactamente un Ford.
Si quisiéramos mencionar los autos más famosos en la Habana durante los años 20 del pasado siglo, sin dudas destacan el Cadillad de 12 cilindros en línea y el Packard, copia exacta del que usaba el entonces presidente de los Estados Unidos Herbert Hoover, ambos propiedad de Eligio Sardiñas, el sin par Kid Chocolate, Campeón Mundial cubano de boxeo profesional.
Otro auto que ha entrado en la leyenda popular es el Hispano Suiza rojo descapotable, propiedad de la famosa María Calvo Nodarse, conocida por la Macorina, primera mujer que recibió el entonces llamado Título de Chofer en Cuba. Es posible que en algún momento escuchen un famoso Son tradicional cubano, dedicado a la bella dama, que repite en su estribillo “Pónme la mano aquí Macorina. Pónme la mano aquí Pon, pon, pon…”
Cuando era un niño, en los años 60 del siglo XX, mi abuelo poseía uno de los últimos autos importados desde los Estados Unidos, un Buick Especial, de motor en V de 8 cilindros, fabricado en 1958. Por aquellos años, el auto de mi abuelo era un auto impresionante, debido a que solo tenía algunos años de explotación. Sin embargo el establecimiento del bloqueo económico por parte de los Estados Unidos cortó de golpe el suministro histórico de autos a la isla, así como de sus piezas de repuesto. Entonces como pocas veces en el mundo, la inventiva y creatividad de un pueblo se puso de manifiesto. Con las soluciones técnicas en el campo de la mecánica, encontradas por los chóferes y mecánicos cubanos para mantener en funcionamiento sus viejos autos de procedencia estadounidense, se podría editar toda una enciclopedia.
Quien visite Cuba en la actualidad disfrutará el hecho de encontrarse en medio de un verdadero museo vivo del automóvil. El pueblo cubano en estos tiempos clasifica los viejos carros norteamericanos en dos categorías. Si están en perfecto estado de conservación los nombran autos clásicos, y se agrupan en Escuderías, cuyos dueños compiten en diversas modalidades, como pruebas de habilidades, velocidad, estado de conservación, etc. Si su estado de conservación implica muchas modificaciones, al punto de que ya sus componentes no responden únicamente a una marca, su estado de conservación no es tan cuidado, aunque funcionen bastante bien, y se dedican al transporte de pasajeros o de mercancía, reciben el calificativo de almendrones.
Con el establecimiento de las relaciones con el campo socialista hicieron su aparición en Cuba, los automóviles soviéticos, y en menor medida de otros países socialistas. Fueron constantes los autos de las marcas Lada, Moskvich, Waz, Gaz, Skoda, Praga, Fiat Polski, etc. Estos no eran tan sofisticados, bonitos, y variados como los carros capitalistas, al punto en que son pocas las diferencias entre un auto Lada 1500 y un Lada 2107, pero después de más de treinta años de explotación, como ha sucedido con el Moskvich de mi padre comprado en 1981, han resistido el paso los años y todavía nos son incomparablemente útiles.
En esos años de los 70 a los 90 del pasado siglo; el país adquirió pequeños lotes de autos en Italia (Fiat y Alfa Romeo), España (SEAT), Argentina (Peugeot Argentino, Fiat 125 Argentino, Chevy Argentino), y Japón (Toyota), pero las cantidades de estos autos son insignificantes si se comparan con el número de autos soviéticos que circularon y circulan por nuestro país.
Con la caída del campo socialista, el inicio del Período Especial, y el auge de la industria turística, el país se vio precisado a renovar su parque automotor. Llegó entonces la etapa del auto coreano en el verde caimán. Comenzaron a rodar por nuestras carreteras los Dae Woo y los Hyun Dae. Para culminar este breve recuento de apenas tres páginas, les cuento que en los últimos tiempos la preponderancia en cuanto a los nuevos modelos de automóviles en Cuba lo ocupan los modernos automóviles chinos, los cuales a su confort y bellos diseños, adicionan sus bajos consumos de combustibles, lo cual favorece nuestra economía, al reducir los consumos de Gasoil y Gasolina, derivados del petróleo con un alto costo en el mercado mundial. Destacan en este sentido los autos Geely, y Great Wall, y otros cuyas marcas para casi todos nosotros resultan desconocidas, porque vienen rotuladas en idioma chino.
Bueno, con esta última información concluyo por hoy, recomendándoles lo que siempre les aconsejo; mediante la lectura complementen las informaciones que aquí les resumí. Espero que les haya gustado esta breve historia que les he relatado, acerca de la historia del automóvil en Cuba.
Los quiere mucho, papá y tío
Eduardo
Tomado de:
http://edumatanzas.blogspot.com/2011/11/cartas-mis-ninos-la-historia-del.html
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