El desconcierto entre los factores sí puede afectar el producto

Por Osvaldo M. Álvarez Torres
Master en Filosofía del Derecho.
Profesor Principal. Universidad de Matanzas “Camilo Cienfuegos”.

Siempre he dicho en el aula universitaria a mis estudiantes de la Carrera de Derecho, que no ha habido un momento en el actuar de la Revolución Cubana que no haya tenido el respaldo de las leyes.

Y es que se viven días de nuevas normas jurídicas que ponen orden y enrumban caminos antes intransitables. Son las referidas a los traspasos de vehículos de motor y las regulaciones que permiten la compraventa y reforman las existentes respecto a la donación y herencia sobre las viviendas.

Ello genera un intenso trabajo de búsquedas, expedición de documentos públicos y oficiales, de realización de escrituras, inscripciones, trámites judiciales con los mandatos que contienen las sentencias y un ir y venir de la población, destinataria final de estas solicitudes, de una a otra oficina, de una a otra institución.

Y es exactamente aquí donde se instruye poner en práctica la inteligencia colectiva de los funcionarios y trabajadores de todos estos sectores jurídicos o que tributan a ellos, para desburocratizar trámites, evitar papeleos innecesarios, impedir la mora o demora en lograr estos trámites, pues ello no es solo demostración de un buen servicio, sino de prevenir la irritación de las personas, aunque en algunas oportunidades ésta sea infundada.

Se precisa la coordinación de los factores: notarios y sus cartularios, registradores y sus auxiliares; jueces, fiscales, abogados y sus auxiliares, porque el asunto no es decir: “mire, aquí no se resuelve, vaya para allá; o dar un plazo perentorio de cinco días para obtener tal documentación, inscripción o certificación de un Registro; o lo estoy requiriendo para que en tal lugar entreguen tal documento y ese término dado es ineludible”.

Así no se resuelven los problemas. Así se soliviantan ánimos, se quitan aparentemente “el problema de encima” y los trasladan al otro, pero el trámite “no termina”.

De manera que la coordinación entre los factores inmersos en este proceso de alcance nacional es la piedra angular del éxito. No es posible que unos funcionarios se crean más imprescindibles, con más trabajo o con más autoridad que otros.

Respeto de competencias, de soberanías, pero colaboración oportuna entre todos.

Respeto entre compañeros de un mismo sector con disímiles funciones, pero con un solo denominador común: demostrar eficiencia, profesionalidad, ética colaborativas en esta nueva tarea en la que se les demanda eficiencia, buen trato y deseos de que el pueblo satisfaga sus expectativas de estar y entrar en los caminos del orden y la institucionalidad que les brindan las normas jurídicas.

Ah, a la población, destinataria de estos servicios: respeto, orden, disciplina, buenas respuestas. No pretender llegar a una oficina pública que en todo el mundo civilizado, que es también el nuestro, tiene un horario de apertura y cierre, de almuerzo, de descansos laborales de fines de semana y expresar: “llegué hace una hora o media hora antes de que cierre y como el horario es hasta las 12 del mediodía o hasta las 5 de la tarde, pues tienen que atenderme, si no es burocratismo, mal trato, violación.”

Eso tampoco. Nadie se lo merece todo y no es posible hablar por hablar, denostar a los funcionarios por “creerse que se tiene ese derecho y porque si no me atienden cuando y como yo quiera, pues es burocratismo”.

Crítica al verdadero burocratismo, sí, al retardo culpable, pero crítica también, reprobación, a quienes piensan displicentemente y actúan con ofensas y diatribas porque equivocadamente creen que ellos, los usuarios, los destinatarios de los servicios “siempre tienen la razón”.

No es así, pues será la excepción a la regla cuando esos usuarios quebrantan con su actuar el orden administrativo que funcionarios y auxiliares, trabajando coordinadamente para que no se afecte el servicio al pueblo, preserven el orden jurídico-administrativo establecido, haciéndolo cumplir.