Cecilia Valdés y la cultura cubana

Por Heberto Alexander García Feria (Universidad de Holguín)

La imagen de Cuba en el mundo está ligada al personaje de Cecilia Valdés: un país construido a imagen y semejanza de la bella y sensual mulata, destinado a dar placer al por mayor. Una Isla recreada como paraíso mulata-ron-tabaco-fiesta interminable –como si Cuba fuera rumba y Tropicana-, y más allá de eso no se espera nada de sus hijos. Está tan arraigada esta visión, que desde dentro la cultura comercializada al turismo, se impregna de esto y lo recrea. El resultado no puede ser más fatal: una cultura que sufre la mirada kistch y esquemática.

El verdadero Arte Cubano sufre las consecuencias, e incluso, creadores talentosos recurren al pseudoarte como vía para desarrollar y sustentar su carrera. Esos “deslices” sirven al artista para subsistir, aunque esto continúe perpetuando la imagen falseada de La Isla.

Leonardo Gamboa se presenta para Cecilia como el hombre que personifica sus aspiraciones, como su posible futuro feliz. Esta es una verdad que aplicado ala Cubade hoy, es la imagen –allende los mares- de la mulata al acecho de un Leonardo –ya no cubano-, convertido en su  “pasaporte”  a la felicidad.

El mundo contemporáneo nos asocia en cuestión de viajes, a un destino turístico extravagante y casi sexual, para los hombres es el encuentro con la espectacular Cecilia, a la espera de su carruaje –Audi, Peugeot, Hiunday. No importa pasar de los sesenta si se poseen dólares, o euros, con que contentar a la hermosísima doncella.

Estas reflexiones no intentan padecer de sensacionalismo para atraer al lector, incluso en detrimento de la verdad. Cabe la pregunta: ¿sufrimos el trauma de la insularidad?

La Isla nuestra cuenta con una cultura tan rica como diversa y con hijos ilustres que dan fe de ello, salta los escollos que a simple vista se nos imponen, y tiene Cecilias amantes del buen arte y muchos José Dolores Pimienta – sea reencarnación mulata, o blanca-, que viven más allá de las escaseses, y las imperfecciones del país, porque se consideran hijos que han echado su suerte con su pedazo de tierra.

En los últimos tiempos, desde el arte se ha dejado ver, sobre todo en la música, el tema cubano, ahora alejado del tratamiento un tanto superficial que impuso el cine cubano de los noventa coproducciones mediante.

 La Charanga Habanera, se ha hecho eco del fenómeno con su éxito, Gozando en la habana, y más allá del disfrute rítmico y sonoro, el mensaje se deja ver:  ¨comiendo picadillo pero contento¨, porque no un  “final  feliz” desde aquí, memorias del subdesarrollo aparte, o acaso estamos, como Cecilia, predestinados a un trágico final.

Cecilia… ha escapado de los márgenes estrechos de un libro, para formar parte  de un pueblo, que la venera como uno de sus mitos literarios decimonónicos, y hoy a más de un siglo y tanto de publicada estamos descubriendo y redescubriendo todo su mensaje. Pareciera que estamos tan rendidos ante el libro como los hombres al paso de la sensual mestiza Cecilia Valdés.

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