Uno de nuestros vinos amargos

La metamorfosis de la prensa en Cuba queda en manos de la joven generación de periodistas.

Por Lisandra Durán Gutiérrez

Cuando estaba en tercer año de la carrera de periodismo, apenas el semestre pasado, la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Central de las Villas, otorgó a Alfredo Guevara el título de Doctor Honoris Causa en Ciencias Políticas, oportunidad en la que el intelectual intercambió sus ideas con estudiantes y profesores del centro.

El teatro universitario acogió el encuentro, precedido por una entrevista que realizara unos días antes Amury Pérez en su programa Con dos que se quieran a Alfredo Guevara, cuya última respuesta fue que el periodista en Cuba tenía que ser periodista.

Aquellos eran los primeros días de lineamientos y cuentapropismo y en esos temas se centraron las preguntas y respuestas al presidente del Festival de Cine Latinoamericano, pero el periodismo tuvo su espacio en el teatro universitario y también en el sexto Congreso del Partido, donde el propio Raúl Castro reflexionó sobre la función social del periodista, una profesión cuyo ejercicio en Cuba merece opiniones radicales como la de Harold:

«Más que una tormenta de ideas creo que nuestro mundo periodístico necesita primero un terremoto que derrumbe los esquemas establecidos, luego una tormenta que barra con tanto directivo dogmático al que se premia por su esencia aparentemente “revolucionaria” (algo que es muy discutible) y finalmente un diluvio que limpie todo esto y nos permita empezar de cero».

Ahora, a principios de cuarto año el primer tema que debatimos en el aula fue ese precisamente. Llegamos a la conclusión de que el reto queda en nuestras manos y como dice uno de mis compañeros no estamos en condiciones de criticar cuando llegamos a un medio y lo primero que hacemos es acomodarnos a rutinas productivas de antaño.

Comenzamos hablando de lo que representa la desprofesionalización de la prensa en Cuba y también llegamos a una conclusión, que por casualidad coincide con la opinión de García Márquez: en el periodismo lo importante es la vocación y la práctica. Eso no significa que dejemos de reconocer que la ausencia de licenciados en periodismo en los medios es uno de los principales problemas.

Al final la culpa recae en rutinas productivas, en acomodamiento, en que a los periodistas los censuran personas que no saben nada de periodismo. Uno de los principios del socialismo y por tanto, una de sus principales diferencias con el capitalismo, es el empeño por satisfacer las necesidades sociales, sin embargo en los últimos años la prensa solo satisface las necesidades del gobierno como un soldado obediente.

Esta cuestión de la censura y de la obediencia existe en todas partes del mundo y por eso mueren tantos periodistas al año. En ningún lugar la prensa deja de ser un instrumento de dominación de quien está en el poder, pero aquí los medios en su afán de legitimar los intereses del Estado, contribuyen a fomentar la apatía que nos está matando. Formas de hacer caducas, lenguajes trillados y descontextualizados identifican, con escasas excepciones, al periodismo cubano.

Urge encontrar el balance entre lo que quiere decir el partido y lo que quiere ver, escuchar y leer la gente. Hay que exhibir la sociedad que tenemos con sus defectos y virtudes a través de la objetividad, de la crítica constructiva y responsable, pues no tratar los problemas que todos conocemos es, además de absurdo, poco inteligente.

Al igual que sucede con otras muchas disciplinas, estamos desperdiciando el potencial de los medios de comunicación, debemos aprender a usarlos en nuestro favor de una manera que sí nos favorezca. Como dice Harold es fácil ser un Nostradamus acá cuando puedes casi prever las noticias nacionales que saldrán en la televisión nacional.

Si hay algo cierto y de lo que nos vanagloriamos, es que somos un pueblo con un nivel de instrucción suficiente que amerita confianza en que vamos a comprender los matices de nuestra realidad.