La buró-cracia y los funcionarios

La oreja peluda de la burocracia se asoma mediante su herramienta favorita: el funcionario.

Por: Harold Cárdenas Lema

“la burocracia, como la organización civil del Estado, se opone al Estado Social de los civiles” Karl Marx

Hoy voy a referirme a un personaje que siempre me ha resultado interesante: el funcionario cubano. Los hay de muchos tipos, mejores y peores, pero me referiré mayormente a estos últimos. En su mayoría cargan con un lastre burocrático y muchas veces son la viva estampa del peor cliché cubano: camisa de cuadros con lapiceros en el bolsillo, maletín en mano, su mirada sugiere que “todo está bajo control” y una fraseología fácilmente distinguible.  Pero hoy no me limito a criticarles, al contrario, nunca lo hubiera creído pero me toca por esta vez defenderlos y hacerles justicia también en lo que toca.

Conozco los tipos de funcionarios que tenemos, el demagogo que denota oportunismo hasta en su sonrisa (pero por alguna extraña razón ha logrado escalar en la pirámide de dirección) y conozco al funcionario que es verdaderamente ejemplo, que es muestra de sacrificio y le ves dándolo todo por su trabajo y la sociedad mientras su casa se cae a pedazos. A ninguno de los dos se le ha hecho justicia, al primero se le ha permitido ostentar cargos de dirección utilizando para ello métodos dudosos y al segundo el destino le ha recompensado con mucho menos de lo que merecía. El primero olvidó desde hace mucho la premisa de hacer coincidir los intereses personales con los colectivos y el segundo no ha hecho más que sacrificar su propia vida en aras de un bien común que se demora en llegar.

Existe un tercer tipo de funcionario, con las mejores intenciones pero plagado de un esquematismo extremo que limita muchas de sus funciones. Durante mucho tiempo esto fue considerado como algo positivo, era mejor un extremista que un liberal, pero el tiempo cambia y empiezan a ser caducos. Este tipo me resulta muy difícil de lidiar porque los errores que cometen lo hacen convencidos de que es por una causa noble.

Ahora es cuando me toca defender al homo funcionaris, en los últimos tiempos he visto caer a varios de ellos por aplicar métodos de trabajo que antes eran rutina diaria y de la noche a la mañana resultan proscritos. Resulta que el discurso político se cambia con muchísima más rapidez que la mentalidad de las personas y si nos limitamos a hacer leña del árbol caído en vez de buscar las razones que provocaron este comportamiento, caemos en el peligro de cometer nuevos deslices. Por otra parte, resulta injusto castigarlos por aplicar métodos de trabajo en los que fueron formados y hasta ayer se consideraba lo habitual en su posición. Tiene que haber primero un reconocimiento de que muchas de estas técnicas ya en desuso, no fueron aplicadas unilateralmente por los funcionarios sino que estaban enraizados en la política oficial del gobierno durante mucho tiempo.

Ya nos hemos referido a esto en varias ocasiones, el peligro de burocratización se viene advirtiendo desde el propio inicio de la Revolución pero aún así lo hemos sufrido y padecemos como uno de los peores males que sufre el Estado en nuestro país. Acá termino mi escrito sobre los funcionarios cubanos, traté de ser breve y conciso, claro en el mensaje y evitando edulcorar la situación, de no ser así me podrían confundir con los burócratas que aludí anteriormente. Sirva esto como un homenaje al funcionario cubano que lo ha dado todo por sus coterráneos sin que medien intereses espurios, sirva también como denuncia a la demagogia, la burocracia y las malas prácticas. Termino haciendo alusión a la frase del inicio y parafraseando al filósofo John Gray: Karl Marx tenía razón.