La luz guevariana a 50 años de distancia

El 9 de octubre de 1967 el Che fue ejecutado de manera clandestina y sumaria por el Ejército Boliviano en colaboración con la CIA.

“Por: Gabriel Torres Rodríguez
(…) El Che no flaquea, (…) ¿Ha muerto en 1967, en Bolivia, porque se equivocó de hora y de lugar, de ritmo y de manera? ¿O ha muerto nunca, en ninguna parte, porque no se equivocó en lo que de veras vale para todas las horas y lugares y ritmos y maneras?”
Eduardo Galeano.

La paradigmática figura de Ernesto Guevara de la Serna es hoy más recurrente que nunca. Este argentino cubano, o mejor, ese argentino del mundo, con su ejemplo, por su sacrificio y dolor es guía y motivo, energía y voluntad para esta tierra nuestra “desde el Río Bravo hasta la Patagonia”.
Es San Ernesto de la Higuera, que recibe santos rezos en el lugar de su muerte. Es el Che icónico de las manifestaciones, que viaja con los jóvenes en pullovers bajo el golpe de las balas y el empuje de los chorros de agua. Es el Che de las fuerzas de izquierda, de los partidos comunistas y de la Revolución Cubana.
Nosotros los cubanos, tenemos esa rara manía de querer apropiarnos del Che sin pensar que es, posiblemente, la figura latinoamericana más universal. Y es que en Cuba el Che trasciende tanto por la estatura de sus acciones -en pos del bien del individuo y la nación- como por su esclarecido pensamiento.
Ernesto Guevara es la síntesis del rudo hombre de acción y el profundo pensador que supo desnudarse de los dogmas, del burocratismo y enfrentar una nueva realidad para Latinoamérica y el Mundo. Creo que fue el más revolucionario de los románticos: un extraño Quijote en el convulso siglo XX.
465 días fungió como Presidente del Banco Nacional, y le bastaron para demostrar su capacidad y liderazgo en esta esfera. La contrarrevolución y las ávidas miradas de afuera vieron un ingente peligro en esta designación, y tras la fortaleza demostrada sólo se dedicaron a denigrar su imagen. Por aquellos días Fidel expresaba: “para que nadie se llame a engaño; el Che no está ahí para hacer ninguna barbaridad, el Che está ahí igual que cuando lo mandamos a Las Villas a impedir que pasaran los tropas enemigas hacia Oriente; lo he mandado al Banco Nacional a impedir que se vayan las divisas y para que el parque que tenemos en divisas pues se invierta correctamente” .
Varias medidas por él iniciadas fijaron al país en pos de la independencia económica: el cierre a la fuga de divisas y la nacionalización de todos los bancos y sus sucursales norteamericanas así como la salida de Cuba del FMI y del Banco Mundial.
Se metamorfoseó en dirigente de la industria y su presencia periódica en los lugares del país donde se acometían las principales inversiones insuflaba de orgullo y alegría a los trabajadores. Una gran disciplina y un increíble sentido del deber caracterizaron al guerrillero durante esta etapa.
Su línea política era consecuente con el ejemplo y el sacrificio. Erigió lo que el llamó “trabajo voluntario”, que no fue más que el esfuerzo total y desinteresado de un hombre por el desarrollo de su Patria. Todavía guardan las fotos su imagen sobre la combinada, en un campo de caña; o armada su mano del machete como flamante mambí; o con el saco al hombro bañado de sudor y como escudo su diáfana sonrisa.
Su impacto en la subjetividad de los hijos de esta isla es tan íntimo que aún hoy, en pleno siglo XXI, los pequeños se proponen ser como él.
El Che fue un gran marxista. Fue un maestro preclaro que explicó cómo debía ser un comunista, y comprendió los retos de la construcción del socialismo en Cuba. Estudió a Lenin, y en unos osados apuntes rebatió la economía política que estudiaba la URSS.
Y después nos dejó solos y marchó al África. Y ahí comenzó la leyenda del Che Guevara, fue allí donde se hizo universal y de todos. Dejando atrás la comodidad y la familia, dejando todo atrás por un ideal, por un principio revolucionario de verdadero comunista: saldar su deuda con la humanidad.
Y regresó de la tierra negra. Vino a su cuna, como una premonición de su muerte. Recaló en el altiplano boliviano para ofrendar su sangre al continente y a las fuerzas que reaccionan contra los dominios del egoísmo y el capital.
El Che se convirtió en paradigma. En icono de las juventudes revolucionarias del 68. En el ejemplo a seguir, en el modelo a imitar durante años de dictaduras castrenses y modelos neoliberales en Latinoamérica; durante el descalabro soviético y el despertar de las izquierdas, hoy, en nuestra América.
Pero, ¿por qué el Che? ¿Por qué un universitario francés, un joven de instituto mexicano, un minero de Bolivia o un hippie de los EE. UU levantarían una bandera con su imagen? ¿Qué representa Guevara para el mundo?
Cada quién ha absorbido lo mejor del Che, de sus acciones, de su pensamiento y de su poderosa ética. Cada intelectual ha ofrecido una interpretación de su figura y pensamiento. Muchas objetivas y cargadas de sentido. Otras, débiles y henchidas de subjetividad.
El Che es símbolo de unidad revolucionaria. Así lo demostraba en su Mensaje a la Tricontinental: “Y si todos fuéramos capaces de unirnos, para que nuestros golpes fueran más sólidos y certeros, para que la ayuda de todo tipo a los pueblos en lucha fuera aún más efectiva, ¡qué grande sería el futuro, y qué cercano! Es partidario de la unión y la colaboración de las fuerzas que tienen un mismo camino. Propone unirse contra el capitalismo, y contra todo lo que convierta al hombre en esclavo del hombre.
Otra cuestión que haya expresión en su figura es la solidaridad, traducida como internacionalismo. Entendida como la entrega a otros pueblos del sudor y del alma. Esto lo convierte en mito. Lo identifica con el sueño unitario de Bolívar y Martí. Con la creación de una sola América alejada del imperialismo.
El Che significa revolución, cambio. Representa intransigencia y comunismo. Es un recurso legitimador de movimientos sociales, políticos y hasta culturales que abrazan las ideas de cambio como bandera, el cambio entendido como el ataque a las raíces de los males continentales, provenientes, en gran medida, del imperialismo y las lógicas de dominación capitalistas.
Instigador del nacimiento del “hombre nuevo latinoamericano” su figura y la influencia de la Revolución Cubana sirvieron de catalizador para la forja de experiencias revolucionarias en todo el continente. Su potencia soñadora, que lo lanzaba a la lucha sin condiciones materiales o políticas, resultó muy atractiva para los sufridos pueblos americanos, para la formación de líderes o vanguardias políticas que a la larga alcanzarían protagonismo en América.
El Che tuvo esa extraña habilidad de siempre discernir del mundo lo nuevo, lo diferente. Esa habilidad de trazar caminos para liberar al ser humano. Luchador ferviente contra el conservadurismo nunca vaciló en defender sus concepciones políticas en cualquier escenario, así fuera en la Asamblea General de las Naciones Unidas o en la fría meseta boliviana agobiado por el asma.
Hoy el Che se nos dibuja gigante. La estrella de su boina se transforma en faro, que a la distancia de 50 años, junto a su estática mirada nos grita que (…) “Cada vez que derriban un árbol, el ruido se escucha muy lejos pero silenciosamente la brisa lleva millares de semillas”.