La fiesta del CDR en mi cuadra

Por Eduardo

Hace ya varios días, que mis vecinos y yo hemos venido trabajando con vistas a celebrar un aniversario más de los Comités de Defensa de la Revolución. Los CDR son quizás, de todas las organizaciones que componen el extenso entramado de nuestra sociedad civil, la que reciba los más furibundo ataques de los enemigos de nuestra nación. Los epítetos conque los contrarrevolucionarios de origen cubano nos califican a los cederistas, son muchos y variados, pero todos contienen por igual una carga de resentimiento, y revanchismo como pocas veces se ha podido apreciar en la historia del mundo. Los que lean fuera de Cuba, las diatribas de los que bajo la falda de los aspirantes a dueños del planeta, se dedican a despotricar en contra de la revolucionaria organización, imaginarían que su membresía está compuesta por sanguinarios agentes secretos, secuestradores de pobres e indefensos ciudadanos, torturadores y violadores de cuantos derechos humanos existan.Si pudieran, esos pobres rehenes de la desinformación, al mismo tiempo que leen esas noticias, conocer a una viejecita de mi barrio, fundadora de los CDR, que a pesar de una colostomía, insistía el pasado domingo en limpiar la cuadra el pasado domingo 25 de septiembre, estoy seguro que no sabrían como solucionar la compleja ecuación que el enorme cúmulo de falacias, mentiras y tergiversaciones les presentaría como incógnita a resolver.
Ese odiar furibundo solo es entendible en virtud de que los CDR, a lo largo de su historia han hecho valer muy bien el significado de su glorioso nombre. Surgieron para defender la Revolución, no para entregarla en bandeja de plata a nuestros adversarios. Nuestra querida organización no es un grupo paramilitar, ni un ente represivo. Está compuesta por la mayoría de la población cubana mayor de 14 años (alrededor del 80% de la misma), lo que incluye a mujeres y hombres, trabajadores y jubilados, campesinos y obreros, trabajadores manuales e intelectuales, mujeres trabajadoras o amas de casa.
El día de su fundación, el 28 de septiembre de 1960, cuando casi un millón de personas escuchaban a Fidel hablar desde la tribuna del entonces Palacio Presidencial, se escucharon varias explosiones, como resultado del estallido de varias bombas colocadas por los enemigos del proceso revolucionario. Fue entonces que el Comandante en Jefe expresó:

– Vamos a establecer un sistema de vigilancia revolucionaria colectiva
– Están jugando con el pueblo y no saben todavía quién es el pueblo; están jugando con el pueblo y no saben la tremenda fuerza revolucionaria que hay en el pueblo.

Meses después, durante la invasión mercenaria de Playa Girón, los “Comités”, cumplieron la importante tarea de desarticular de manera total, a los elementos “Quinta Columnistas”, que pretendían erigirse en retaguardia de la defenestrada Brigada 2506. El sistema de vigilancia colectiva que caracteriza a los CDR, y que ha ido perfeccionándose con el tiempo, hace muy, pero muy difícil el accionar de los terroristas dentro de nuestro país. Y la delincuencia autóctona, nos odia porque muchos delitos han sido frustrados por la guardia cederista. Ayer mismo nuestra televisión mostraba uno de los “Destacamentos Mirando al Mar”, formados por los cederistas de las zonas costeras, específicamente de la zona de Bacunayagua, que este año han evitado con su vigilancia, que varios recalos de drogas que arrojados en la Corriente del Golfo por narcotraficantes, hayan ido a parar a manos inescrupulosas.
Los Comités de Defensa de la Revolución participaron en la Campaña de Alfabetización, en las Campañas de Vacunación, como la que permitió erradicar la poliomielitis de nuestra isla, en la atención a los niños y ancianos, en la erradicación de vectores de enfermedades, en la recuperación de materias primas, en la prevención social, en las donaciones de sangre, las cuales alcanzan la cifra de más de medio millón anuales. Son parte activa en el apoyo a nuestros procesos eleccionarios basados en nuestra Democracia Socialista. En conclusiones, los Comités, que no somos otros que nosotros mismos, la mayoría inmensa del pueblo cubano, somos un pilar insustituible de la vida de la isla en sentido general, por la cantidad de tareas que ejecuta la organización y su efecto directo en nuestra población.
Como adelantaba, el domingo en la mañana la gran mayoría de los vecinos, nos volcamos a la calle a arreglar nuestra cuadra para que ayer día 27 amaneciera más bonita que de costumbre. La hierba estaba bastante crecida en algunos jardines, como resultado de las continuas lluvias que han tenido lugar este mes de septiembre. El sol estaba en su punto, pero la jornada de trabajo fue bien eficiente, y ya a las 10.00 am, habíamos concluido de manera completa la labor de saneamiento y embellecimiento.
Cuando ayer, día 27 a las 5.00 PM, arribé a mi hogar, al pasar cerca de la casa del viejo Antonio, ya este admirable guajiro de recia estirpe, tenía en su patio, sobre un brasero de leña, la enorme cazuela de la Caldosa cocinándose a fuego lento.
Para los que no sean cubanos, la Caldosa es un plato típico nacional que como nosotros mismos, no es más que el resultado de la mezcla de muchos ingredientes, y a la cual se la han dedicado piezas musicales tan diversas como “La Caldosa de Quique y Marina”, son montuno creación original del “Jilguero de Cienfuegos”, y un duro Reguetón de estos tiempos, nombrado “Échale un palo”; frase de doble sentido que en buen cubano alude no solo al hecho de agregar leña a la hoguera. La de ayer tenía como ingredientes, papas, malangas, maíz tierno, yucas, boniatos, guagüises, ajo, ají, cebolla, sal, puré de tomate, carne de cerdo y tocino. Unidos todos esos ingredientes en el cazuelón, conjuntamente con la cantidad apropiada de agua, se cocinó con leña seca hasta que la vianda se disolvió hasta formar esa textura pastosa que caracteriza esta joya de la cocina cubana.
La Caldosa derivó a partir del “ajiaco criollo”, pero a diferencia de este, en el cual la vianda debe mantenerse en trozos; la vianda en la caldosa, debe en buen cubano, desbaratarse hasta convertirse en puré, fundamentalmente por la acción del fuego. Y claro está que en cualquier parte de Cuba se cocina una caldosa, que es el acompañante ideal para diluir el contenido etílico de una botella de Ron; pero cuando se menciona en nuestra isla, una fiesta popular donde el plato principal lo constituya el caldo sublime, todos sin excepción pensarán en la fiesta del Aniversario de los CDR. No existe una cuadra en todos los barrios, a lo largo del territorio del archipiélago, en que en esa noche no se cocine una cazuela de caldosa.
Como siempre hago, cada 27 de septiembre le pregunté al viejo Antonio: – Bueno mi padre, ¿qué número tiene esta caldosa? A lo que como todos los años me respondió: – Bueno ya he perdido la cuenta, pero esta es la última. Yo, cruzando los dedos le respondí: – Coño Antonio, no diga eso, que cada vez que me suena esa, la música es de velorio, y a la muerte hay que hacerle como a la bola mala, dejársela al catcher.
Aunque yo he cocinado muchas caldosas, las que confeccionan Antonio y su esposa de toda la vida, la señora Gina, estoy seguro que rivalizan con las de la célebre pareja de la Tunas creadores del famoso restaurante “La Caldosa”, los archiconocidos Quique y Marina.
Pero no solo hubo caldosa en nuestra fiesta del Comité. Se brindó con Ron Yucayo, el de Matanzas, y un nuevo licor que está ganado adeptos, la “Chiva Prieta”, una especie de sirope de cola con aguardiente, que a mí en lo personal me gusta, pero con el cual hay que tener sumo cuidado. Sus efectos colaterales, son equivalentes a un buen recto de derecha al mentón, de Félix Savón, o Teófilo Stevenson en sus años de gloria.
Una vecina estomatóloga, por cierto muy joven, sacó sus baffles para la calle, y comenzó la guaracha, después que transcurriera la hora sagrada de la novela brasileña. Se realizó un intermezzo, para premiar a los compañeros destacados, picamos tres cakes, y sacamos la cazuela de caldosa para la acera, de manera tal, que todo el mundo que quisiera, de manera democrática, cuchara y jarrito en mano, le pasara la cuenta al suculento plato. El baile y la fiesta duraron hasta pasadas la una de la mañana. De no haber sido el día siguiente laborable, hubiésemos como otras veces, amanecido fiesteando.
Aunque ya soy hace rato un temba (hombre de mediana edad), por suerte nací mulato, y la sangre negra me corre a raudales por las arterias, así que nunca he necesitado desgastarme mucho para asimilar un pasillo de baile. De tal modo, pude bailar largo y tendido con mi sobrina cuanto reguetón sonó en la cuadra. En conclusiones, fue una noche muy gratificante, sobre todo porque todos los que compartimos ese pequeño espacio de la Patria que es la cuadra, nos unimos un poco más de lo que ya lo estamos.
No importan que nuestros enemigos despotriquen sobre los “Comités”. Ellos seguirán siendo parte esencial de la vida cubana, porque si como Camilo Cienfuegos dijo un día que “El Ejército Rebelde es el pueblo uniformado”, los CDR no son otra cosa que el pueblo mismo.

Publicado originalmente en: http://edumatanzas.blogspot.com/