Julio Antonio Mella: la lucha continúa

Mella nos enseñó que la ortodoxia es uno de los mayores peligros de una Revolución, preferimos ser como él: poco ortodoxos.

Por: Harold Cárdenas Lema

Dicen que antes de morir ves pasar toda tu vida ante tus ojos, espero sea cierto, así tendríamos al menos algo de perspectiva sobre el mundo que vamos a abandonar y cuál ha sido nuestra huella en él. Tengo 25 años y 10 meses de vida, la misma edad que tenía Mella cuando murió asesinado en el DF mexicano. Un cuarto de siglo parece mucho pero en realidad es bastante poco tiempo en una vida. Si hiciera un balance de cuál sería mi legado a mi muerte quedaría muy insatisfecho, no es el caso de Julio Antonio Mella.

Mella vivió una vida multifacética, creó organizaciones y órganos de prensa revolucionarios por doquier, conoció a varias de las principales figuras del universo comunista de la época y de una u otra manera todos los que le conocieron tuvieron que tomar partido a su favor o en su contra. Con sólo 20 años hizo una huelga de hambre que movilizó el país a su favor (cosa rara en la época tratándose de un comunista) y obligó al tirano Machado a liberarlo y sufrir así una derrota pública, posiblemente la primera hasta entonces.

Si tuviera algo que criticarle, creo que sería precisamente lo que más admiro de él, su espíritu de sacrificio y total entrega a la causa revolucionaria, que por una parte lo convirtió en un adversario formidable y por otra lo llevó a descuidar a su familia y de manera indirecta su esposa e hija, quienes tendrían que sufrir las mismas penurias económicas que él. Mella tuvo que enterrar en un cementerio mexicano a un hijo que le nació muerto, tuvo que cavar la tumba él mismo y obviar cualquier tipo de funeral por carecer de fondos suficientes, todos sus bienes estaban  dedicados al Partido.

Su lucha no fue sólo contra Gerardo Machado, el peor tirano que había visto Cuba hasta entonces, tuvo que enfrentar además a sus propios compañeros del Partido. Expulsado del Partido Comunista cubano por haber efectuado la huelga de hambre que trascendería a la historia, sin permiso y opuesto a la voluntad del Partido. Durante su estancia en México, si bien los aztecas supieron aprovechar la fama adquirida por Mella después de la huelga, no pasó mucho tiempo antes de que sufriera nuevas críticas por sus métodos de lucha y accionar poco ortodoxo. Tuvo que enfrentar el dogmatismo de sus colegas, en una época en la que el estalinismo de entronizaba en América Latina y las purgas internas ya se veían en el horizonte, siempre he pensado que si Mella no hubiera muerto en enero del 1929, tampoco hubiera sobrevivido las purgas partidistas latinoamericanas de la próxima década. Era considerado a menudo como una persona con “ideas trostkistas”, sin comprender que Mella simplemente inauguraba (junto a Mariátegui y otros) un modelo de comunismo latinoamericano, que años después sería olvidado para retomarse luego de la caída de la URSS.

En esta lucha contra los enemigos “externos” e “internos” podemos  sentir completa vigencia y empatía con Mella, en la actualidad tratamos aún de despojar el país de los rezagos esquemáticos con tintes estalinistas (muchas veces inconscientemente) que persisten en Cuba. Tratamos todavía de crear un modelo marxista autóctono bajo el fuego extranjero y conviviendo también con muchos que pensando construir un mundo mejor lo sabotean en su ignorancia, mientras otros lo hacen por oportunismo.

A menudo nos tropezamos con personas que difieren de algunas opiniones nuestras tanto fuera como dentro de nuestro credo político, casi siempre cuando se les acaban los recursos apelan a recordarnos nuestra juventud y sacan el discurso paternalista de “les queda mucho por aprender”. A ellos sólo recordarles que son las juventudes las que siempre han hecho las revoluciones y son los jóvenes los que constituyen el motor de cualquier sociedad, depositar el peso principal en cualquier otra generación será hipotecar el futuro, baste recordar qué edad tenían los líderes de la Revolución cuando esta triunfó.

Mella sufrió mucho también el paternalismo generacional, y no sólo eso, el hecho de pertenecer a una familia pequeño-burguesa lo lastró considerablemente durante toda su vida política, siendo visto como un “defecto” por sus compañeros. Baste recordar que el movimiento comunista no llegó a liderar nunca un genuino movimiento revolucionario en Cuba, tuvo que llegar un movimiento juvenil, cuyos miembros eran en su mayoría de la misma procedencia social de Mella, para que triunfara una revolución en Cuba. Irónicamente se cumplieron así los objetivos del Partido, pese a que este inicialmente se le había opuesto.

Desde niño escuché hablar de Mella en un sentido casi mitológico, me repitieron muchas anécdotas que poco o nada mostraban de su pensamiento y de esa manera lo vi pasar sin que nunca me interesara realmente por la imagen edulcorada que me habían administrado. Imaginen mi sorpresa al encontrarme luego en sus obras a un joven como yo con muy poco respeto a la disciplina ciega que algunos exigen, a un joven en la búsqueda de un modelo que se adecue a las necesidades nacionales y tenga la suficiente movilidad para adaptarse a la correlación de fuerzas internacionales.

La lucha contra el imperialismo continúa hoy en día en otras circunstancias, Mella era una persona “well known to the Department” (bien conocida para el Departamento de Estado), que lo veía con preocupación, mientras nosotros somos foco de malestar para quienes brindan una imagen falsa sobre la Isla. Seguiremos luchando como Mella por un mundo mejor, contra las fuerzas que intentan dominarnos desde fuera y los dogmáticos de dentro que hacen ahora más daño que nunca. Dicen que antes de morir ves pasar toda tu vida ante tus ojos, espero sea cierto, así Mella tendría oportunidad de ver satisfecho su legado, espero pueda ver además cómo muchos jóvenes seguimos sus pasos, y la lucha continúa.