Manos pa’ arriba la FEU

Por Yankiel Sarduy Melendres (desde la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas)

Hace poco tiempo conocí a un grupo de estudiantes de la Joven Cuba y me contagiaron rápidamente con su espíritu inquieto. Tras la búsqueda de un tema de interés me vino a la mente un artículo que tengo pendiente desde hace casi dos años sobre el papel actual de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU).

Hace un par de cursos, visitó mi universidad el destacado cantautor cubano Nassiry Lugo con su banda Moneda Dura. Recuerdo que el concierto fue cerca de las nueve de la noche y asistió una gran representación de la comunidad universitaria.

La euforia de la música y los sonidos contagiosos y juveniles de las canciones envolvían al más “patiseco” que allí estuviera. Pero me llamó la atención que en un momento de esos en que se busca darle ánimo al público Nassiry dijera: “Manos pa’ arriba la FEU”, y acto seguido, al estilo Fuenteovejuna, todos levantaron la mano como quien dice con orgullo “Yo soy la FEU”.

Aquello me pareció extraordinario. Pero también me hizo reflexionar sobre nosotros mismos y sobre cómo nos adaptamos a las condiciones.

La palabra “fiesta” —creo—,  es una de las claves. Solo nos acordamos de esa organización cuando nos interesa alguna que otra actividad. Mientras, se hacen oídos sordos de los principales deberes que como estudiantes  tenemos con la mencionada organización.

La FEU soy yo, somos todos —y que conste, no me gusta el discurso patético—. Creo que es hora de darle vida a una organización que adolece a causa de la falta de identificación que tiene toda su membresía. Ser la FEU no implica ocupar el puesto del Jefe de Brigada, ni mucho menos formar parte del secretariado de la Facultad o la Universidad.

Consiste en ser activo, participar en cuanto se mueva a nuestro alrededor como los eventos deportivos, culturales, políticos, investigativos… Somos la FEU haciendo guardia en el comedor para que las tías no se lleven nuestra comida y nos la den en el doble; cuando nos organizamos nosotros mismos sin intervención ajena para trabajar en pos de mejorar las condiciones del club universitario, de la beca; cuando le exigimos y nos enfrentamos de una manera respetuosa a algún profesor insolente que nos quiere joder la vida.

Esa, señores, es la FEU que fundó Mella, y aunque no tenían un carnet como existe ahora, sufrían cada momento y acción que sucediera en la universidad. Cierto que la de nuestros días necesita otros aires y creo que debe ser tan autónoma como en sus inicios e independizarse un tanto de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), de los intereses de la Institución, incluso, de las “estrategias” del secretariado nacional.

Lo más triste del caso es que en ese lapsus de tiempo en que nos sentamos a exigir y pedir sin actuar, siempre habrá una persona que tome decisiones  por nosotros y hará lo que quiera sin obstáculos de ningún tipo. Que quede claro, el que conozca un poquitico de historia debe recordar que Mella nunca tuvo el camino llano, pero logró muchísimas cosas. ¿Acaso nosotros no podemos?

Me decepcionan los comentarios en las asambleas de brigada sobre la falta de protagonismo de esta organización, pero realmente son muy pocos los que prueban el sabor amargo de dirigir y representar a los estudiantes. La mayoría se niega.

Quisiera y creo que pudiera ser, que cuando Nassiry vuelva a visitar nuestra universidad y diga: “Manos pa’ arriba la FEU”, todos levantasen las manos pero con la certeza de haber hecho todo y cuanto está a su alcance por transformar su pedacito. Eso solo se logra con nosotros como protagonistas, porque la universidad, como dijera Fidel, es para los revolucionarios.

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