¿Valeriano Weyler es o no un criminal de lesa humanidad? La Reconcentración.

Por Eduardo

Cuentan que cuando en España aún se luchaba por la República, se efectuó en París una Exposición Universal, y por aquellos azares del destino, o quizás no de forma tan fortuita, quedaron situados frente a frente, el pabellón de la República Española y el del Tercer Reich de Alemania. Y cuentan también, que un día el embajador nazi en París, conocedor de que el gran Pablo Picasso exponía en el pabellón ibérico su monumental Guernica, quiso cruzar la distancia que separaba ambos recintos para contemplar el cuadro. Como muchos lectores conocerán, la obra refleja, con todo su dramatismo, el exterminio de la ciudad vasca del mismo nombre por parte de la aviación alemana, que combatía en apoyo a las tropas franquistas. Esa fue la primera vez en la historia de la humanidad, que de manera premeditada, y con toda alevosía se bombardeó una población civil. De cierta forma es un antecedente de los crueles bombardeos que efectúa la OTAN por estos días sobre el pueblo libio.

El diplomático nazi y Picasso coincidieron, y el fascista le comentó al artista; – ¿Usted sabe lo que ha hecho? A lo que ni corto, ni perezoso el pintor contestó; – No lo hice yo, lo hicieron ustedes. Traigo a colación esta anécdota, porque en días pasados, mis compañeros de “La Joven Cuba”, reprodujeron un artículo mío publicado previamente en “El Blog de Edu”, y denominado “Cuba libre y soberana. ¡Por siempre!”

Como yo ya estoy acostumbrado a los ataques de los contrarrevolucionarios en la blogosfera, no tenía pensado responder ningún comentario, cuando de pronto veo un ataque en toda la línea de un español, comentarista habitual de ese espacio, donde despotricaba acerca de mi decisión de hacer referencia al General Valeriano Weyler y Nicolau, Marqués de Tenerife, y penúltimo Capitán General del Reino de España en la “siempre fiel” Isla de Cuba, con el calificativo de “criminal de lesa humanidad”.

Pasando por alto, sus cuestionamientos acerca de mis conocimientos de la historia de nuestra Patria, sus ataques me recordaron, salvando la distancia de los personajes y los lugares, a aquella ocasión en que José Luis Rodríguez Zapatero, se indignó chovinistamente, porque el Comandante Hugo Chávez llamó a José María Aznar con el epíteto de fascista.

Es que la visión eurocentrista dela Españasemifeudal y retrógrada que nos conquistó, reflejada hoy en los seguidores de la derecha facistoide del Partido Popular, aquella que todavía hoy no es capaz de canalizar las demandas de justicia y democracia de los Indignados del Movimiento15 M, pretenden hacernos creer que las crueldades y los horrores que cometió la metrópoli española por estas tierras de América, nunca sucedieron. Los cubanos nos fuimos a la guerra, porque éramos esclavos todos, los que aparentemente éramos libres y nuestros hermanos que dormían en los barracones de los ingenios. Y estábamos esclavizados en nuestra propia tierra, de la cual la metrópoli española extraía gran parte de las rentas que le permitían mantener a flote una economía, que ya por aquellos años estaba a la zaga del resto de los países europeos.

Dentro de aquel panorama de ignominia, el episodio dela Reconcentraciónde Weyler por si solo bastaría para que el Reino de España le pida disculpas al pueblo cubano. Cosa, que ni por asomo yo tengo conocimiento que haya hecho ningún Presidente del Gobierno Español, o el mismo Juan Carlos de Borbón en persona. Este horroroso crimen fue una decisión de violencia extrema puesta en vigor a través de varios bandos por el sátrapa al cual hacíamos referencia con anterioridad. Su objetivo estratégico consistía en evitar a toda costa, la colaboración de los campesinos cubanos con el Ejército Libertador, aunque ello implicase su exterminio total mediante el hambre y las enfermedades.

Según las investigaciones realizadas en nuestro país, y por diversos autores extranjeros, las medidas adoptadas incluyeron medidas punitivas contra cualquier persona que vendiera, proporcionara, o guardara armas a los mambises, o les facilitasen cabalgaduras o cualquier otro pertrecho o municionamiento. Se castigaba asimismo a todos aquellos que difundieran noticias que reflejasen algunos de los triunfos de nuestras tropas, que eran sistemáticamente ocultados por la férrea censura weyleriana, o que condenaran la dominación española en la isla.

Por si esto fuera poco, Weyler ordenó, además, que toda la población campesina, sus animales y sus enseres fuesen concentrados en las plazas fuertes en poder de las tropas españolas, con la intención ya reflejada en estas líneas de aislar a los patriotas cubanos de sus fuentes naturales de suministros de todo tipo. Weyler fijó el plazo de 8 días para quela Reconcentraciónfuese llevada a término. Advirtió que toda persona que fuera sorprendida en despoblado sería considerado rebelde y juzgado como tal. La bárbara medida, antecedente directo de los campos de concentración hitlerianos, y de “las aldeas estratégicas” en Viet Nam del Sur creadas por los imperialistas yanquis, causó la muerte a entre 200.000 y 300.000 personas, y significó para Cuba el deterioro total de su agricultura, sostén principal de su economía.

Relata el historiador Raúl Izquierdo Canosa, en uno de sus textos:

“Cuando en los difíciles días de 1897 el alcalde municipal de Güines visitó a Weyler para exponerle las terribles condiciones en que se encontraban los reconcentrados en esa villa y solicitarle algunas raciones para impedir que continuaran muriendo de hambre, éste le respondió: ¿” Dice usted que los reconcentrados mueren de hambre? Pues precisamente para eso hice la reconcentración.”

Esa anécdota da una idea de la calidad humana de ese personaje, que comenzó sus tropelías en Cuba, desde que al lado de Blas Villate, Conde de Valmaseda, en la Guerra del 68, arrasó con la región del valle del Cauto, en otro triste episodio de nuestra historia denominado, “La creciente de Valmaseda”. Si Weyler no es merecedor del calificativo de Criminal de Lesa Humanidad, ¿Cómo nombrarle entonces? Evidentemente, su figura dista mucho de ser la de un Benefactor de la Humanidad.

El hambre espantosa, la miseria, las enfermedades, sobre todo el paludismo, mermaron la población cubana entre los años 1897 y 1898. Los alimentos no eran suficientes por el descenso abrupto de las producciones del campo, basamento de la alimentación popular, lo cual afectó considerablemente la calidad de vida de toda la población incluyendo los peninsulares y canarios. Según el coronel médico Horacio Ferrer, del Cuerpo de Sanidad Militar del Ejército Libertador, Cuba perdió en los tres años y medio que duró la lucha medio millón de habitantes, más de la cuarta parte de su población total, ascendente entonces a 1 572 845 habitantes.

A contrapelo de los efectos de la bárbara política, el apoyo del pueblo al Ejército Libertador no pudo ser eliminado. Al contrario, los cubanos continuaron apoyando a sus libertadores y sumándose a las fuerzas insurrectas; que hubiesen derrotado a España, como de hecho ya lo habían logrado en 1898, cuando de manera artera, y traicionera, fingiéndose aliados del pueblo cubano, los yanquis intervinieron en la guerra después de la aprobación de la Resolución Conjunta. Pero esa es otra historia.

Las fotos que acompañan este artículo no fueron tomadas en Auswitch. Son testimonio gráfico del horror que vivió el pueblo cubano cuando nuestra isla se encontraba en las garras de aquel engendro, que no merece el calificativo de hombre, sino de bestia, y debido al cual un español contemporáneo, me reclama furibundamente, por mi calificativo de “Criminal de lesa humanidad”. Sirvan estas líneas de homenaje a todos los cubanos que perdieron la vida a manos del colonialismo español, en cualquiera de los escenarios en que lucharon, por ver a su Patria Libre y Soberana.

Imágenes de la Reconcentración de Weyler en Cuba. Años 1897 y 1898.