Religión y su relación con el proceso revolucionario cubano

Por: Roberto G. Peralo

Leyendo los documentos publicados sobre el VI Congreso del PCC. Uno de los tantos temas que me llamó la atención fue la posición del Partido sobre el fenómeno de la Religión en Cuba. Me percato de lo poco que conozco sobre tales cuestiones y mi insaciable necesidad de conocimiento me impulsó a investigar sobre este asunto. El tema de las relaciones entre las instituciones religiosas y el gobierno cubano ha sido muy manipulado por los medios de comunicación. Los enemigos de la revolución utilizan este tema en ocasiones para deslegitimar el Sistema Político Cubano a partir de posiciones que en momentos históricos ha asumido el gobierno con estas instituciones. Usando como fuente una conferencia de Rafael Díaz Salazar y Julio Fernández Bulte además de algunos otros elementos sustraídos de otros materiales, abordo desde mi punto de vista esta problemática. No soy especialista en el tema pero con la ayuda de los lectores del Blog La Joven Cuba y el material que comparto con ustedes, podremos llegar lo más cercano posible a la verdad de este tema.

Es muy importante analizar los planteamientos del PCC y de Fidel sobre la religión. Además tener en cuenta que la construcción del socialismo cubano ha estado totalmente impregnado por el soviético, es decir, por la codificación y manualización stalinista del marxismo-leninismo. Tendencia esta que a partir de la década de los 80 se comenzó a rectificar.

En los primeros años de la revolución, Fidel insiste mucho en respetar los sentimientos religiosos del pueblo. En 1959, a los pocos meses de la entrada triunfal en La Habana, afirmaba: “Si las prédicas de Cristo se practicaran verdaderamente, se podría decir que en el mundo estaría ocurriendo una revolución” (en Harnecker: 1987, 180). En 1960, en la clausura de una reunión con coordinadores de coopera¬tivas, decía: “Traicionar al pobre es traicionar a Cristo. Servir a la riqueza es traicionar a Cristo. Servir al imperialismo es traicionar a Cristo” (en Harnecker: 1987, 181).

En el primer lustro de la revolución existieron tres factores que influyeron poderosamente en que Fidel asumiera las tesis leninistas sobre la religión: el conservadurismo reaccio¬nario de la mayor parte de la Iglesia cubana y especialmente de los misioneros españoles, la fundación de la ORÍ mediante la cual se fusionaron el Movimiento 26 de Julio, el Directorio Revolucionario y el Partido Socialista Popular (comunista) y la posición agresiva de EEUU que provocó que Cuba estuviera obligado para salvar la Revolución realizar una alianza “estratégica” con la URSS. Los cuadros del PSP configuraron el nuevo Estado desde la filosofía leninista y el mismo Fidel ha reconocido, a mediados de los ochenta, que algunos intro¬dujeron un fuerte sectarismo ideológico.

El primer congreso del PCC, celebrado nada menos que en 1971, dedicó un amplio espacio a fijar la posición del partido sobre la religión como ideología y sobre las relaciones con las iglesias. Dentro de la Plataforma Programática, en el capítulo dedicado a la política ideológica, se sitúa una resolución sobre política y religión. En ella se exponen los planteamientos leninistas sobre el tema: “la religión es expresión de una conciencia alienada y anticientífica que debe ser superada.” Se afirma que “el partido se esfuerza para difundir entre las masas las concepciones científicas del materialismo dialéctico e histórico y para liberarlas de los dogmas, y prejuicios que las religiones engendran”. Se establece la libertad de profesar una fe religiosa y celebrar cultos en recintos religiosos, pero también se dice que la edificación del socialismo supondrá la superación de la religión. Hay que tener en cuenta que estas tesis se aprueban el mismo año e Fidel proclama en Chile la necesidad de una alianza estratégica entre cristianos y marxistas. Aquí se puede ver claramente que existe una contradicción.

Estas posiciones típicamente leninistas aparecen también en la declaración del Congreso Nacional de Educación y Cultura (1971): “No estimular, apoyar o ayudar a ningún grupo religioso ni pedir nada de ellos. No compartimos las creencias religiosas ni las apoyamos”.

En el segundo congreso del PCC (1980) se ratifican las mismas posiciones y se recuerda que los cristianos no pueden pertenecer al partido, ni acceder a puestos de la función pública en un país en el que prácticamente todo está estatalizado. En el tercer congreso del PCC (1985), Fidel afirma en su discurso que “sin los cristianos no puede construirse el socialismo” y valora positivamente la teología de la liberación. No se introdujeron cambios respectos a las posiciones establecidas en 1971, aunque se planteó la necesidad de abordar más atentamente los nuevos fenómenos religiosos y abrir una nueva etapa de relaciones con la Iglesia.

Posteriormente, algunos intelectuales marxistas cubanos comenzaron a introducir cambios en el análisis de la religión. Especialmente significativo es un largo artículo de Martínez Heredia, Cristianismo y liberación: ¿revolución en el cristianismo? (Cuadernos de Nuestra América, 6, 1986) en el que su autor, uno de los principales representantes del marxismo cubano innovador, analiza pormenorizadamante la teología de la liberación y valora muy positivamente el cristianismo de liberación, pero sin llegar a abordar las implicaciones de esta “renovación revolucionaria del cristianismo” para las posiciones oficiales del PCC. El autor afirmaba que los analistas cubanos estaban insuficientemente prepara¬dos para abordar esta cuestión.

En septiembre de 1986, el filósofo y teólogo Giulio Girardi fue invitado por el Centro de Estudios sobre las América, dependiente del Comité Central del PCC, para impartir una conferencia sobre cómo replantear las relaciones entre cristianos y marxistas. La posición oficial empieza en esta época a ser de mayor apertura.

La entrada del sacerdote Camilo Torres en la guerrilla colombiana impactó fuertemente a Fidel y desde finales de los años sesenta buscó el acercamiento a los cristianos revolucionarios del continente. Estos sentían verdadera fascinación por la revolución cubana y, especialmente, el nicaragüense Ernesto Cardenal y el obispo mexicano Méndez Arcco propagaron las bondades del régimen cubano a través de sus escritos. El primer pronunciamiento público del líder cubano sobre el cristianismo revolucionario tuvo lugar en su visita a Chile en 1971. En Chile él planteó la necesidad de constituir una alianza estratégica entre cristianos y marxistas. Esta idea será central en los nuevos planteamientos de Fidel sobre la religión, los cuales van a ir expresándose en diversos encuentros con personalidades y colectivos del mundo cristiano: en Cuba con dirigentes chilenos de “Cristianos por el socialismo”(1972), en Jamaica con líderes religiosos(1977), en Cuba en el diálogo con Comín, Méndez Arceo y Cardenal (1978), en el voluminoso libro de conver¬saciones sobre la religión con F. Betto (1985), en Venezuela con movimientos cristianos (1989), en Cuba con dirigentes de la ASCE e intelectuales cristianos (1990).

Sobre este complejo tema Fidel en diversos momentos ha dado su opinión, donde ha quedado reflejado en diferentes textos y escritos. Uno de ellos es en el libro de conversaciones con Betto, Fidel afirma textualmente que las coincidencias entre cristianismo y el marxismo son de un 90% (objetivos y valores compartidos) y las divergencias de un 10% (fundamentación filosófica). En el discursos antes mencionado en Chile (1971) plantea la idea que, “El cristianismo originario es una religión revolucionaria”. Repite esta misma idea en el diálogo con Comín (reproducido por éste en Cuba, entre el silencio y la utopía) y en el libro con Betto (1985): “Yo sé que el auténtico cristianismo es revolucionario. Fue la religión de los pobres y de los esclavos en el Imperio romano” (Comín: 1979, 121; Richard: 1976, 66; Castro: 1985, 327).
Fidel valora muy positivamente el mensaje contenido en los Evangelios: “Pienso que el Sermón de la Montaña lo habría podido suscribir Carlos Marx” (Castro: 1985, 326). El considera que “si (los obispos cubanos) hubieran organizado (un Estado) de acuerdo con los preceptos cristianos, organi¬zarían un Estado similar al nuestro” (Castro: 1985, 263). El líder cubano afirma que lee algunas obras de la teología de la liberación y piensa que si ésta hubiera existido en los tiempos de la revolución, las relaciones con el mundo cristiano hubieran sido muy diferentes en Cuba. Fidel dice que “la Iglesia de la liberación y la teología de la liberación es un reencuentro del cristianismo con sus raíces, con su historia más hermosa, más atractiva y esto es de tal magnitud que obliga a toda la izquierda en América Latina a tenerlo en cuenta como uno de los acontecimientos más fundamentales de los que han ocurrido en nuestra época” (Castro: 1986, 291).

A la pregunta en un encuentro en Caracas (1989) sobre la apertura a aportaciones del cristianismo Fidel Castro afirmó que en Cuba estas aportaciones serían muy importantes en tres ámbitos: la estabilidad familiar (los valores cristianos ayudarían a reducir divorcios y abortos), la formación moral del hombre nuevo con criterios éticos fuertes como los propios del Evangelio, y el testimonio de vida austera y entregada al servicio de los demás, tal como él lo visualiza en las religiosas que trabajan en la isla. Planteó también una colaboración con la Iglesia en el campo de la salud. Fidel también plantea: “Desde un punto de vista estrictamente político pienso que se puede ser marxista sin dejar de ser cristiano y trabajar unido con el comunista marxista para transformar el mundo. Lo importante es que en ambos casos se trate de sinceros revolucionarios, aunque se parta, en el caso de los cristianos, de una concepción religiosa” (Castro: 1985, 333).

Es una verdad incuestionable que a pesar de todas estas ideas planteadas por el máximo líder de la Revolución cubana, la realidad ha sido muy distinta. Preguntas de un inexperto en estos temas, como es mi caso, ante estas tesis son inevitables: ¿por qué el PCC no ha defendido oficialmente estas tesis planteadas por Fidel?; ¿por qué ha prohibido durante los mismos años que Fidel realizaba estas afirmaciones la entrada de cristianos en el Partido?; ¿por qué han limitado institucionalmente la actividad evangelizadora, si el cristianismo es una religión revolucionaria y las religiosas y religiosos son un ejemplo de comunistas?; ¿por qué no hubo mayor receptividad a las posiciones más abiertas de la Iglesia católica?

Muchos siglos antes, cuando el cristianismo estaba lejos de ser oficializado por el Imperio Romano, constituyó uno de los movimientos sociales más poderosos de la historia antigua y arrastró tras de sí a enormes masas de seres humanos; negar las influencias benéficas en la conciencia mundial de las grandes religiones monoteístas sería un absurdo que no puede caber en la mente de quien pretenda llamarse marxista. Pero más sería todavía ignorar el soplo vivificador, en cuanto a las virtudes, los valores y la espiritualidad, que en el proceso civilizador dejaron en su día religiones como el budismo; el mahometismo, el judaismo y, sobre todo, el cristianismo.

Que en grandes lapsos esas religiones sirvieran, con mayor o menor desembozo a las fuerzas de la dominación, de los estados explotadores o incluso de terribles experiencias y Cuba no ha sido una acepción, recordemos la Operación “Peter Pan”. En la nueva coyuntura histórica, es necesario el encuentro entre la espiritualidad que viene de Martí (Cepeda: 1992) y del Che Guevara y la espiritualidad del cristianismo de liberación. La cultura antropológica, moral y espiritual es más amplia que una ideología determinada e incide con mayor fuerza en todas las dimensiones del ser humano. Hoy sabemos que uno de los grandes fracasos del socialismo en los países del Este de Europa fue su incapacidad para construir un hombre nuevo. Una de las razones de dicho fracaso radica en el exceso ideologicista que afecta sobre todo a lo cerebral y la ausencia de un trabajo en otras áreas psíquico-culturales de la personalidad humana y colectiva.

Mi intención es favorecer un debate honesto y nada dogmático que ayude a contrastar la experiencia e ideas de todos los participantes de este Blog, siendo conscientes de la complejidad del tema que estamos abordando. Que sirvan estas ideas para propiciar el debate tan necesario.