El amor y la amistad no tienen ideologías

Cada persona mide sus amistades y pareja de maner distinta, esta es mi regla...

Por: Harold Cárdenas Lema

“What’s Love Got to Do with It?”

Tina Turner

A menudo nos encontramos en Internet personas con una imagen prefabricada sobre nosotros, gente que nos imagina de rodillas en una trinchera y con tapones en los oídos para todo aquello que suene diferente. Es recurrente también la idea de que tenemos un filtro ideológico a la hora de analizar cualquier argumento, como si desestimáramos automáticamente cualquier idea ajena sin analizarla previamente.

Este fenómeno se extiende también a la selección de las personas que nos rodean, ya se trate de amigos o de nuestras medias naranjas, pero si algo nos ha enseñado la vida es que en las relaciones interpersonales las variables que median son otras y muchas no las podemos controlar, otras sí. Por ejemplo, la familia no se escoge, pero los amigos sí, y en esta selección buscamos personas preferentemente decentes, honestas y con otros valores básicos. Esto no significa que no podamos tener un amigo que no profese nuestro credo político, sería una barbaridad, algo así como no tener un amigo creyente sólo porque uno mismo no lo es. Curiosamente, mi mejor amigo  hace un par de años en la universidad era un devoto bautista y esto nunca fue obstáculo, también estoy seguro que en mi haber tengo más de una novia apolítica o con intereses separados de la Revolución.

La amistad y el amor son dos de las bases del funcionamiento social, un compromiso entre dos individuos que incluye la mantención de posturas éticas como el respeto, la fidelidad y otros. Lo normal es que entre dos personas exista una relación motivada por intereses comunes, pero hay ocasiones en que no es así precisamente. Las circunstancias que nos rodean, el sexo y nuestra propia psicología (entre otros) pueden influir en las relaciones con nuestra doble naranja.

De lo que si estoy seguro sin titubeos es del derecho que tenemos de escoger nuestras amistades y  parejas independientemente de cualquier credo, religión o filiación política. Esto tiene también matices que no puedo pasar por alto, sería impensable tener una novia fascista o un amigo que pertenezca a una organización terrorista. Pero de una manera u otra, aunque el medio en que nos desenvolvemos no define quiénes somos, influye definitivamente en nuestro carácter y conducta.  Sirva este breve comentario como una declaración de mi proceder y libertad de escoger amigos, que si son revolucionarios en su mayoría es producto del azar y de que defender una causa justa es un valor humano más, no por un filtro especial o una autosugestión mía.  También conozco otras personas de extrema izquierda que nunca haría mis amigos ni les dedicaría un segundo de mi tiempo, un extremista de izquierda puede ser tan o más dañino que un conservador de derecha.

Seguiré transitando por esta vida con una regla en la mano, midiendo los valores personales de quiénes me rodean y buscando la amistad y afecto de aquellos que admiro, así como rechazando los que muestran una doble moral u oportunismo, esta siempre será mi divisa, porque el amor y la amistad de seguro no se rigen por ideologías ni otros esquemas sociales creados por los hombres.