Frente al espejo de las banalidades

Por: Gabriela González González, estudiante de Periodismo.

Fiona, la Bestia, el Jorobado de Notredame, viven en su reino de animados, preguntándose si transmiten cabalmente enseñanzas y valores a los niños. Ahora parece que personajes de otros cuentos lograron vencer a la sencillez, como la madrastra de Blancanieves, la cual debe transitar esparciendo en la conciencia de los infantes la semilla de la vanidad y la arrogancia. La belleza interior es el ingrediente mágico que revela la unidad temática a la que pertenecen los actores de estas historias. ¿En la sociedad cubana actual le concedemos la significación suficiente a este nutriente esencial del alma?

La importancia de la esencia humana es un tópico abordado en grandes obras literarias como es el caso del clásico de generaciones “El principito”, sin embargo en el mundo actual existen ejemplos antagónicos al mensaje que desea transmitir este libro: los concursos de belleza, de los cuales solo citaré a Nuestra Belleza Latina.

Este reality show de muchas barbies sintéticas rebasa la racionalidad del ser humano, y colmada de superficialidades, logra aprehender la completa atención de televidentes de varias partes del mundo. No es minúscula la cantidad de personas en Cuba que se deleitan con las banalidades destellantes de tal programa.

La televisión cubana incesante luchadora por el mejoramiento humano, no escatima esfuerzos y empeños para la elaboración de materiales de bien público en aras de fomentar valores en los diferentes grupos etarios de televidentes. Mas parece que los aires contaminados del Norte llegan a nuestra Isla y con él viaja una lluvia de ponzoñas, la cual se materializa en colores, sonidos y movimientos dentro de un televisor.

La competencia de las mujeres latinas es un cúmulo de atrocidades que suicidan lo que constituye la verdadera belleza de una muchacha de esta región, pues fomenta la superficialidad, las desavenencias y envidias entre las concursantes y propicia las necedades en vez de la cultura del alma. El glamour, las intensas jornadas de esfuerzos físicos para mantener la figura, las excesivas máscaras de maquillaje, se vuelven la vía única de algunas princesas frustradas de hacer realidad su sueño dorado: ser modelo y laborar en Univisión.

Una muchacha que lleve en su cuerpo, la sangre caliente de América Latina, debe poseer la mirada diáfana y penetrante para observar la realidad del mundo, labios capaces de regalar besos por amor, sonrisas para ofrecer a quien las necesite, manos que ayuden a otros, piernas que den pasos firmes por la vida, y un corazón grandioso e inmenso para albergar en él la más elevada maravilla.

Me resulta difícil comprender cómo, los episodios televisivos del Concurso logran reemplazar en los hogares cubanos, programas de elevado nivel de realización, y ocupar en ocasiones Los horarios del Sistema Nacional Informativo. Los cubanos somos ejemplos de inteligencia, cultura, logros, rindamos culto a la sencillez, empleemos nuestro tiempo libre en el disfrute de programas que germinen sabiduría y no en aquellos que ayuden a crear anhelos por pacotillas.

Una mera forma de evitar esa joven tendencia de públicos cubanos de contemplar programas audiovisuales como la ya mencionada competencia, lo constituye concebir un mayor tratamiento en el ámbito familiar al tema de la verdadera belleza. El hogar debe ser cuna fundamental para formar en los niños criterios acertados sobre la real hermosura. Los padres deben animar en ellos capacidades para el desarrollo de su inteligencia, así como ayudarlos a descubrir las cualidades que los hacen únicos .También deben propiciar las condiciones para que sus hijos lleguen a experimentar, amor propio, sin infundirle aires de superioridad.