La esperanza de una carta de Amor

Foto de la premiación

Recientemente se realizó la 9na edición del concurso internacional de Cartas de Amor, convocado por el Proyecto cultural Escribanía Dollz en la provincia Sancti Espíritus, Cuba. Se recibieron 1 752 cartas desde 11 países.

Para regocijo nuestro el tercer premio lo obtuvo Eugenio Vicedo Tomey, profesor de la Universidad de Matanzas “Camilo Cienfuegos”.

Hoy queremos compartir su carta con ustedes e invitarlos a participar en la próxima edición del evento.

TITULO: “POR ÚLTIMA VEZ”

Esperanza:

Sí, es cierto que estoy muerto. Y que tú me recuerdas, y que no me falten flores ante mi foto ni oraciones en la iglesia entre rosarios y letanías. Y yo, que preferiría el sueño, escucho música como de violines  en torpes manos de los que viven, y viven bien. Lo aseguro: es duro el papel de mártir… ¿Quién dijo que yo quería serlo, vivir la eternidad idealizada?

Por mi temprana muerte se asombran de que tuve otra en la misma calle, compartiendo cama y mantel sobresaltado siempre; me duele que los niños de hoy crean que no falté al colegio, que no me fui al río y me bañé desnudo, que no tiré piedras y rompí cristales, que hice todas mis tareas, o que siempre hablé como Platón o Sócrates. Hubiera vivido junto a ti, y no para ser héroe prematuro entre destellos de medallas con rostro ajeno. Vivo, sí, pero para ejercer mi derecho a la duda, a la profecía y al desencanto; a ser adúltero entre rencores y olvidos; a no saber dónde está mi hijo, aun cuando dude que de verdad lo sea. Debes saberlo: hubiera preferido la vida sin sonrisas a la sonrisa de hiena en foto de bodas. ¿Aún me amas? Pues sal a la calle y pregunta dónde está el cementerio, sólo para tomar el rumbo opuesto y no mirar atrás: nadie ha dormido jamás entre sábanas negras. Di a todos que no, que no eres tú. ¿Aquella que aplaudieron? “No, no soy yo, estaba en un baile”. ¿La del poema sin nombre, no es usted? ¿No estaba usted allí? “No, no estaba allí, estaba en un bar, y me fui con otro, amaneció tarde y no volví a casa”. Así hablarás, y cumplirás conmigo.

Ese debe ser tu homenaje: el de lo poco siempre y la escasez sin fin, el de las luces temblorosas de las velas, no frente a altares olorosos a rosas y jazmines, sino ante el poemario que dejé inconcluso en el último soneto y que prometiste cerrar con el mejor verso. Mejor así, inconcluso por siempre, como mi obra de hombre.

Alejandro.

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