Reflexiones en torno a un torno

Por Gerardo Hernández Nordelo
Publicado en Palante el 22 de Mayo de 1989

Comenzaré por decirles que hace unos meses me embarqué, ¡perdón!, me casé, y mi querida esposa, como regalo de bodas, me compró en el Boulevard un precioso reloj pulsera marca “Slava”. Al dármelo me advirtió que aunque el reloj era muy bonito y barato casi nadie lo compraba, por que para los “Slava” no había piezas en el Consolidado; pero que ella de todos me lo había comprado porque sabía que yo lo cuidaría “con amor”.

¡Quién les dice a ustedes que justo a los cuatro meses y tres días de casado se me cae el reloj y se le parte el volante! Fue algo terrible. Comencé a corretear Consolidado por Consolidado a ver si podía repararlo antes de que mi esposa se diera cuenta. Me entraron escalofríos, se me doblaron las piernas y comencé a sudar como si estuviera haciendo ejercicios aerobios con Rebeca ¡divorciarme a los cuatro meses de casado y por culpa de un reloj…! Comencé a caminar por la Calzada de 10 de Octubre rumbo a mi casa, y de pronto, en un portal, veo un cartelito mal pintado que decía: “Se arreglan relojes”, y debajo un hombre, ya mayor, sentado ante un cajón lleno de tornillitos, muellecitos y otros tarequitos. Casi por inercia y sin ninguna esperanza inicié el pequeño diálogo:
-¿Tiene volantes?
-No tengo, los hago en el torno…
-¿¡De “Slava”…!?
-¡De “Slava”, de Sleva, de Sliva, y de todos los que tú quieras! Me dejas el reloj y lo vienes a buscar dentro de tres horas.

Cuando me repuse de la sorpresa, casi reviento de la alegría.
A las tres horas ya tenía nuevamente mi reloj en la muñeca, funcionando a la perfección: de modo que mi historia tuvo un final feliz.

Claro, el arreglo me costó un poco más caro, por haber sido un relojero particular, pero pensándolo bien es lógico, porque ese hombre debe necesitar muchos recursos para mantener funcionando “la gallina” de los… ¡digo!, “el torno de los volantes dorados”, enigmático aparato sobre el cual aún me estoy preguntando: ¿Será el torno del 3000?, ¿se lo habrá traído un familiar marciano?; ¿funcionará con energía nuclear?; ¿será un ejemplar único en Cuba?
Haría falta averiguar, pues con algunos como ese se resolvería el problema de los volantes de “Slava”.

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