La confianza

La confianzaPor: Harold Cárdenas Lema

Hace unos días me referí al síndrome de la sospecha, específicamente la sospecha respecto a la Revolución y sus líderes. Limitarse a ver el fenómeno solamente en esta dirección sería algo incompleto, una visión lineal carente de otros matices y realidades. Por ello es que hoy abordo el tema en dirección contraria y utilizando un antónimo para no repetirme: la confianza de los líderes en el pueblo cubano y viceversa.

Esta relación tiene una evolución histórica demasiado extensa para abordar aquí, me concentraré en los asuntos más polémicos en la actualidad y lo que podríamos llamar “puntos oscuros”, para hablar de las bondades está buena parte de nuestra prensa, muy edulcorada en su mayoría.

Comencemos por tipificar a nuestros líderes: con una genialidad política indiscutible y un sitial de honor en nuestra historia desde hace mucho ya, sus dimensiones humanas parecen desfigurarse y volverse increíbles por la apología. Pero esto no se limita a ellos, hasta el Apóstol corre el peligro del desarraigo en la juventud. Si en las primeras enseñanzas te inculcan el dogma de que una figura es solo “valiente” y “buena” cuando llegues a un nivel superior y sepas de un error cometido, se te viene abajo la representación de este como un castillo de naipes. Ese es el resultado cuando no se enseña a pensar, cuando no se muestran matices, esto pasa a menudo con la caricaturización de nuestros líderes. La sociedad cubana tiene que ser necesariamente una sociedad de pensamiento, aún estamos muy lejos de lograrlo pero si Félix Varela en el siglo XIX nos enseñó la importancia de pensar es contradictorio que aún no lo hayamos logrado. Pero regreso a la confianza, que ya estaba por las ramas.

Para mantener una relación saludable entre el Estado y el pueblo, el primero tiene que brindar resultados tangibles con sistematicidad, hace 50 años era fácil, pasábamos de una dictadura a un modelo socialista en que el pueblo recibía nuevos beneficios constantemente. El presente es muy adverso en este sentido, en una difícil situación económica el pueblo ya espera nuevos beneficios que el Estado no está en condiciones de brindar. Es entonces cuando vienen algunos a recordarnos los primeros años de Revolución y los logros alcanzados, meritorios pero insuficientes, e incluso se equivocan si creen que relatos nostálgicos clasifican como nuevos resultados.

Por otro lado, el pueblo cubano siempre ha estado a la altura de sus líderes. Con una fuerte tradición nacionalista y una historia que es testimonio de varias guerras y revoluciones, este es un país con un alto espíritu de sacrificio. El pacto establecido entre ambos lleva más de medio siglo vigente, y si esto no es una muestra de la confianza depositada en la dirección del país, no sé qué lo sea. Tampoco ha sido una fe ciega, no podría serlo, cualquier revolución que aspire a existir debe estar lo más libre posible del fanatismo o los intentos teológicos que se hagan de esta y sus figuras.

Lo que podríamos llamar “núcleos duros” de la Revolución Cubana son el sustento de esta: el nivel de soberanía alcanzado, los beneficios sociales que comenzaron en el 59 y se mantienen en la actualidad, el que (aunque algunos duden de su factibilidad) todos reconozcan su carácter altruista y necesario, son entre otros los principales motivos de la confianza en el proceso y sus líderes. Incluso ante los desaciertos (reconocidos públicamente o no) se ha mantenido el consenso nacional hasta la actualidad.

Hay un dicho popular que afirma que en la confianza está el peligro, pero yo prefiero una frase del Libertador Simón Bolívar en la que se dice mucho con muy pocas palabras: “La confianza ha de darnos la paz. No basta la buena fe, es preciso mostrarla, porque los hombres siempre ven y pocas veces piensan“.