Pablo en Matanzas

Por Gabriel Torres

Y hasta el crudo viento del norte que castiga nuestra bahía, se detuvo para escucharle, y la luna llena detuvo su carrera y en un atrevimiento celeste parecía darle gracias a Matanzas por tanta música y aplausos. Visiblemente emocionados, con lágrimas que tocaban las puertas de la añoranza y el recuerdo, los menos jóvenes que acudieron al viaducto matancero cantaban junto a él.

Y las nuevas generaciones, enamoradas de tanta poesía y belleza, acompasaban con su risa y eterno movimiento el homenaje que ofreció el bayamés a la Atenas de Cuba. Muchos recuerdos, muchos sentimientos reencontrados, mucha pasión entregada y retribuida, bajo la melodía de temas antológicos como Para vivir o Pequeña serenata diurna disfrutamos todos en una noche especial e inigualable.

Junto a Milanés, nuestro Raulito Torres y su Candil de nieve, nos regalaron un dúo ocasional excepcional. Fuimos testigos de la unión de dos voces y dos etapas diferentes de la trova cubana, de la experiencia y la juventud. Y esta ciudad le regaló a Pablo varios reconocimientos por su carrera, por su arte y por su música.

En medio de tanta agitación de sonidos y abrazos, mi profesora, amiga y excelsa periodista Bárbara Vasallo, me contó que fue en mayo de 1993 la última presentación del autor de Yolanda en nuestra urbe, cuando se conmemoraba el aniversario 300 de su fundación. Y resultó para mí, un guajirito martiense nacido en 1989, el concierto de ayer, una de las experiencias más vivificantes de mi vida.

No obstante sus polémicas declaraciones sobre el proceso cubano, su fuerte crítica a la dirección del país y su éxodo de los escenarios cubanos, más de 5 mil matanceros, entre niños, jóvenes y adultos, se congregaron en El Tenis, atraídos por la melodía, la impronta y la imagen de Pablo. Muchas personas no olvidan lo que este magnífico compositor y cantante representó y representa para Cuba y su gente.

Pablo Milanés, sus letras y candor musical, entraron en mi espectro musical de la mano de las viejas cintas TDK de mi padre y del placer desenfrenado de mi madre por escucharlas. Mis padres vivieron esa época, y confieso que muchas veces siento envidia, del nacimiento de la nueva trova y sus fundadores, Silvio, Noel, los hermanos Feliú, Sara y muchos otros, que han acompañado los sueños, vivencias, amores y desamores de muchas generaciones de cubanos.

Ayer pude encontrarme frente a frente con Pablo, y sentir en vivo el  poder de su voz y de sus letras. Acompañado de mi novia, y un grupo de amigos universitarios nos mirábamos y sonreíamos de la emoción, creo, despertada, gracias a que todos nosotros de una forma u otra también nos identificamos con su música, con lo que dice Pablo en sus baladas, con su esfuerzo visible por entregarnos su mejor arte. Pablo Milanés cantó en Matanzas y ahora, creo, soy un poquito más cubano.