Una Historia en el Corazón de la Ciénaga

 

Foto Tomada de Cubadebate

Por: Roberto Peralo

Fotos Roberto Peralo

Eran las 11:30 a.m. se asoma en la puerta una cienagera, es el gentilicio que se utiliza para identificar a los pobladores de la Ciénaga de Zapata, el municipio más extenso de Cuba en cuanto a territorio y el menos poblado por lo adverso de su geografía. La señora de muy baja estatura con un andar lento, apoya su brazo de una vecina que la acompaña. Le pide permiso a la Doctora para entrar a la consulta, consultorio número 2 del Consejo Popular de Playa Larga, un pueblito costero. Se sienta al costado de un pequeño buró donde la Doctora hacía sus anotaciones.

– ¿Qué le pasa mi abuelita? Le pregunta la Doctora.

– Ay mi hija me siento muy mal, a penas puedo caminar, tengo mucho mareo, estoy muy decaída.

La angustia y preocupación de la anciana se refleja claramente en sus ojos. La Doctora le realiza un grupo de preguntas indagando sobre su estilo de vida, después le hace un reconocimiento completo. Se aparece la enfermera con la Historia Clínica de la paciente y en aquella dinámica de trabajo sucede algo mágico, mi hermana logra, discúlpenme es que no me acostumbro a la idea, la Doctora logra sacarle una sonrisa de los labios a aquella mujer.

Hacia dos meses que no veía a mi hermana y nuestro saludo fue muy rápido. Solo pudimos intercambiar par de palabras porque habían pacientes que esperaban ser atendidos. Me quede sentado en un rinconcito de su consulta, donde con mi cámara tomaba algunas instantáneas. Les confieso que nunca había visto a mi hermana ejerciendo su profesión, no le puedo explicar lo que sentí, se me hizo un nudo en la garganta y se me apretó el pecho. Hace apenas solo tres meses estaba recibiendo su título de Doctora en el Teatro Velasco de Matanzas con un centenar de jóvenes más de varios países. Anamary G. Peralo la hija menor de un matrimonio de obreros, desde hace dos meses se encontraba brindando sus conocimientos en la Cienaga de Zapata, reconocido internacionalmente por ser el territorio que en menos de 72 horas fue derrotada la invasión mercenaria planificada y financiada desde la Casa Blanca en 1961.

 

Eran la 1:30 p.m. ya no quedaban pacientes y nos fuimos para el policlínico. Por razones de conectividad no puedo mostrarle todas las fotos tomadas de aquel complejo de salud que es realmente impresionante, no por lo estético y bonito sino por todas las condiciones que tiene. Desde una sala de Rehabilitación Integral bien equipada. Un Materno con 10 camas con todas las condiciones creadas para atender a las futuras mamá. Un Sistema de Urgencia Médica con varias ambulancias con todo su equipamiento. En el policlínico se prestan más de 30 diferentes tipos de Servicios Médicos con todos los recursos necesarios. Al costado se encontraba un grupo de aulas y laboratorios donde los futuros médicos de la zona reciben sus clases. Al final de aquel Complejo de Salud se encontraban las habitaciones muy modestas de los médicos que cumplían con su Servicio Social en aquel poblado. Me cuenta mi hermana que los otros compañeros de ella se encuentran en lugares más intrincados aun, como Soplillar, Cocodrilo, Guasaza, poblados que están a 40 y 50 Km. monte a dentro.

Degustando un Arroz Moro recalentado del día anterior, así sabe mucho más rico, y un aporreado de cangrejo riquísimo, nos pusimos al día de las cuestiones de la familia. Me cuenta anegadotas y aventuras vividas muy simpáticas. Me confiesa que su único problema para adaptarse es poder convivir con las Ranas. Me dice que extraña mucha la casa, su cama, la comida de la vieja.
La Doctora en la Pequeña Habitación donde Reside en sus Pocas Horas de Descanso
A las 3:00 p.m. me pide que la acompañe hacer terreno, término que se utiliza para definir cuando el médico va a visitar a sus pacientes en su casa. Fue otra de las experiencias inolvidables. Visitamos unas 12 casas, voy a contarles algunas impresiones. En ninguna visita faltó el respeto y la admiración por aquella joven Doctora. Fue encantador ver el cariño de la abuela Iluminada, nos recibió con besos y abrazos. Tomando un rico café, la Doctora revisa el tratamiento y la evolución de su paciente. Le orienta que disminuya paulatinamente la dosis de los medicamentos. En la despedida la joven Doctora se sienta en el regazo de la abuela Iluminada, como si estuviera cargando a su propia hija y nuevamente se repiten los besos y abrazos.

Seguidamente visitamos una embarazada nombrada Kenia con 24 semanas. Las muestra de afectos y alegría eran impresionantes. Le toma la presión le hace un pequeño chequeo, revisa los resultados de unos análisis, que días atrás le había enviado hacerse. Luego comienzan a hablar y a reírse como dos chiquillas adolescentes excitadas de alegría, la paciente le mostraba la canastilla del futuro bebe, bromean sobre el sexo del niño, cuando me surge la curiosidad y le pregunto a la Doctora, cual es la mortalidad infantil del municipio y me responde… cero igual que la materna… y le agrega con tremendo orgullo… lleva así en cero muchos años…

Visitamos otra embarazada que se nombra Lizandra de 23 años de edad, la Doctora se muestra muy preocupada porque hacía 5 días que no iba por el consultorio, conversa con el futuro papá y le pide que acompañe a Lizandra a la consulta porque es muy importante que estén los dos juntos recibiendo todas las orientaciones.

Una de las pacientes que visitamos esa tarde se llama Georgina López Miranda de 66 años de edad. Una mujer muy conversadora, me cuenta como es la vida de un cienaguero, sus costumbres y modo de vida. Cuenta Georgina sobres sus vivencias cuando la invasión mercenaria, se pasa las dos manos por su rostro y comienza a mecerse en el sillón de forma inquieta. Recuerda que se encontraba con su familia en Playa Máquina a unos pocos quilómetros de Playa Larga y su rostro entristeció cuando contaba sobre las masacre de familias enteras por las avionetas que ametrallaron a mansalva a los camiones que intentaban sacarlos de la Cienaga … fue horrible… me cuenta … niños, mujeres y ancianos sus cuerpos destrozados en la carretera, jamás podré olvidar aquellas imágenes, las tengo tan fresca en mi memoria como si hubieran ocurrido ayer mismo…

Georgina López conversando con Roberto Peralo

Cerca de la 7:00 p.m. caminando por un callejón. Nos asalta una mujer muy desesperada que se encontraba descalza. Su hija de 5 años de edad montando bicicleta había metido un piecito en los rayos de la bicicleta. Rápido fuimos a verla la niña se encontraba en su camita, tenía sus ojitos hinchados de llorar. La Doctora le revisa la herida, le informa a la mamá que no se preocupe que no había fractura que solo era un esguince, pero que había que llevarla al policlínico hacerle una placa para estar seguros, pero de todas manera si había que enyesarle el piecito, y las heridas, tenían que ser curadas también en el policlínico. Acompañamos a la mamá hasta el policlínico que se encontraba a 2 Km. El médico que estaba de guardia la atendió, le tiraron su placa y efectivamente no había fractura, pero hacía falta inmovilizarle el pie, luego le curaron sus heridas producto de la caída. Todo el tiempo la Doctora permaneció al lado de la familia.

No se si es relevante en esta historia pero cayendo la tarde fuimos a caminar por la Playa que se encuentra por la misma Bahía de Cochino, el paisaje es precioso. Antes de llegar a la Playa nos tropezamos con un con un grupo de niños que practicaban deportes. Esas Playas no tienen nada que envidiarle a Varadero. A esa hora comienzan los pescadores a salir a realizar sus faenas. Un pescador como de 60 años me cuenta que esta noche va a ser muy productiva porque la brisa está soplando en no se que dirección y que si la luna estaba en tal posición, me estaba hablando en chino. Al final de la playa apareció una pequeña extensión de arena donde se aglomeraban grandes cocoteros. Está más decir que vivimos su agua.

Fotos 181 19 20 21 22 Pescador de la Cienaga en su Rustico Bote

Pescador en la Caída de la Tarde en las Costas de Playa Larga

Bote Encallado en la Playa

La Joven Doctora en los Cocoteros

 

Niños Cienagueros jugando a la Pelota

 

Eran cerca de las 8:30 p.m. cuando entramos a la pequeña habitación. Mi hermana no pierde la costumbre de ser un poco regada. Preparamos una Sopa con habichuela, hervimos unos Plátanos Machos que estaban maduros y volvimos a repetir el aporreado de cangrejo. Después de las 10 de la noche conversando sobre la vida y el futuro, no puedo decirle quien de los dos se quedó primero dormido. A las 4:30 de la mañana, nos ponemos de pié, para embarcarme en la guagua que los cienagueros llaman la Matancera, que sale todos los días desde Cayo Ramona a las 4:30 a.m. y recorre todos los pueblitos de la Ciénaga, hasta Matanzas y luego por la tarde retorna con el mismo recorrido. Como historia al fin este pudiera ser el final, o seguro esperan que haga unas conclusiones, haciendo una apología al sistema social cubano y compararlo con este mismo territorio 50 años atrás, pero este no es el objetivo de mi crónica aunque está implícito la comparación, el que no quiera ver la realidad pues que cierre los ojos. Esta es una historia real, sobre jóvenes cubanos, sobre su cotidianidad, sobre sus retos, sobre sus sueños. Estoy convencido que miles de historias como estas protagonizan hoy los jóvenes cubanos en todos los rincones de este mundo. Ese legado que hemos heredado de nuestros padres y abuelos de Solidaridad, de Humanismo, de sencillez, ese espirito de sacrificio por los demás, de dar no lo que nos sobra sino de compartir lo que tenemos es la esencia de un verdadero joven revolucionario.

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