Hacia una Cuba energéticamente sustentable.

Panel solar en Cuba

Por Eduardo

Estimados lectores de La Joven Cuba.

Desde su creación, este blog ha abordado como línea editorial, fundamentalmente, el análisis de la situación política, económica y social del Archipiélago Cubano y su interrelación con la superpotencia mundial que la somete a un brutal bloqueo económico y político en todos los órdenes, así como con el resto de las naciones del planeta. Sin embargo, nunca se ha escrito un post dedicado específicamente al estudio del uso, o mal uso de la energía en esta etapa del devenir de la humanidad, y específicamente en suelo cubano.

Desde que comenzó la Revolución, el Gobierno de los Estados Unidos de América, ha usado como una de las armas para destruirla, privar a nuestro país de los esenciales recursos energéticos para su desarrollo. No voy a repetir aquí, por no extenderme, las medidas primigenias que dieron inicio al bloqueo norteamericano. Pero una de ellas, es el punto de partida para los análisis que contiene este artículo; aquella que limitaba las ventas de petróleo norteamericano a Cuba, y la posterior negativa de las Refinerías Extranjeras a refinar el petróleo comprado a la URSS, con la consiguiente nacionalización de las mismas (la Shell era británica, pero era perro de la misma camada, con un collar ligeramente diferente). En la mente de algunos cubanos todavía resuena el estribillo de una conguita revolucionaria que proclamaba “Eso no puede Shell, porque Texaco de aquí”.

Como conocen los habituales lectores de Joven Cuba, el que subscribe estas líneas es desde hace 25 años, profesor de la Facultad de Ingenierías Química y Mecánica de la Universidad de Matanzas, por tanto es la primera vez que escribe sobre un tema, que en determinado momento formó parte de sus investigaciones científicas. Un día del año 1991, fui enviado, con otros profesores, por el que era entonces mi Decano, a participar como experto en la Comisión Provincial de Energía, donde el Gobierno Matancero trataría de empezar a buscar soluciones, para lo que ya se avecinaba. Había comenzado el Período Especial.

En aquellos primeros años, donde empezábamos a apreciar la caída de nuestra economía, que nos hizo retroceder en la opinión de algunos especialistas en 20 años de desarrollo económico; aprendí durante mi trabajo en la Comisión Provincial de Energía, que el capitalismo de consumo ha impuesto al mundo una serie de paradigmas en el campo del uso de los recursos energéticos, que es necesario cambiar, o el mundo irá directamente a una catástrofe, no solo energética, sino también climática de alcance global.

Aprendí sobre todo, que si para producir energía, el hombre necesita destruir el ecosistema, no vale la pena emprender la explotación del recurso energético, porque el ser humano, a pesar de su tendencia autosuficiente, de creerse el Dios supremo del planeta, no es más que el último eslabón de la cadena evolutiva animal, y si un día, destruye su ecosistema no sobreviviría a tal catástrofe, como le sucedería a todos seres vivos. Ayer precisamente, viendo por la televisión un documental dedicado al origen y desarrollo del Universo, apreciaba lo inmensamente afortunados que somos los seres humanos, de ser los frutos de una serie de acontecimientos extremadamente fortuitos, que permitieron, primeramente, que en este punto infinitesimal del espacio sideral, surgiese este planeta, y que en él se tuvieran lugar, primero; la aparición de la vida; y posteriormente el desarrollo de todas las formas de plantas y animales conocidas, las cuales nos incluye, a los hombres, como única especie inteligente. Aunque por el modo de comportarse de un pequeño sector de la humanidad, pudiera pensarse, primero; que no  todos los hombres son realmente inteligentes, y sí bastante egoístas, y en segundo lugar; que no son realmente “humanos”, en el estricto sentido que ese vocablo implica.

Matanzas tiene emplazadas en su ciudad cabecera dos centrales termoeléctricas. La conocida “Antonio Guiteras”, inaugurada en 1986, y la “José Martí”, vieja y pequeña (se inauguró durante la Segunda Guerra Mundial), pero no menos importante, porque si bien la primera es la joya del Sistema Electro Energético Nacional, con su capacidad de generación de 320 Megavatios, la segunda es el caballo de batalla de la Ciudad. Solo produce 60 Megavatios, pero sus viejos generadores un nunca han fallado, y fue la primera del país en comenzar a producir energía eléctrica quemando petróleo crudo nacional.

Pues siguiendo con el recordatorio de aquellos días durísimos, la Comisión Provincial de Energía se reunía casi todas las semanas, para discutir asuntos como: el empleo de gasogeneradores, tanto estacionarios, como instalados en vehículos, para sustituir en los motores de combustión interna la gasolina y el diesel; la aplicación de los magnetizadores de combustible, el uso de las emulsiones agua combustible y las mezclas de combustible; se dieron los primeros pasos para el aprovechamiento del gas acompañante de los pozos de petróleo en la generación de electricidad; y se comenzaron a estudiar las fuentes de energía renovables en la provincia. Un amigo entrañable, investigador destacado, por ejemplo, lleva años desarrollando el diseño de las boquillas de los quemadores que permiten quemar el pesado petróleo crudo nacional con altísima eficiencia. Desde aquella época a la fecha, ha logrado inscribir un sinnúmero de patentes relacionadas con este tema, en el cual realizó su doctorado.

Recuerdo una reunión en que uno de mis compañeros de la Universidad (éramos todos muy jóvenes, y por tanto un poco precipitados e inmaduros, a pesar de nuestro ranking de “expertos”), propuso una idea loca. En el sur de la provincia existe el mayor humedal del Caribe, Reserva y Patrimonio Mundial de la Biosfera, la Ciénaga de Zapata, conocida mundialmente por constituir el escenario de los combates que 1961 culminaron con la derrota de la mercenaria Brigada 2506, preparada por los yanquis para destruir a la entonces joven Revolución Cubana. En la Ciénaga, como le llamamos los matanceros hay una gran reserva natural de un tipo de carbón mineral llamado turba. Los carboneros de la ciénaga, lo usan para calentarse en las noches e iniciar la ignición de sus hornos de carbón vegetal.

Pues mi colega le propuso al Gobierno, – Miren compañeros, de los dos generadores de Planta Martí, desmontamos uno, y nos lo llevamos para la Ciénaga (eso implicaba claro está la parte constructiva civil de aquella locura, y su interconexión al Sistema Electroenergético Nacional). – Después; agregaba; empezamos a extraer la turba y comenzamos a producir electricidad con ella. En un minuto, que digo yo un minuto, en un segundo, se levantó una linda muchacha que atendía medio ambiente y le reclamó indignada, – Usted puede creer que eso no es posible. Pues le informo, que la turba es el filtro natural (en realidad empleó la palabra tapón), que evita que el agua salada y salobre de los canales de la Ciénaga se introduzca en el manto freático de las llanuras de Colón y Habana Matanzas. Si hiciéramos lo que usted propone, en 10 años, todas esas históricamente ricas zonas agrícolas del país, las mayores productoras de viandas y vegetales serían un desierto salino. En conclusiones, ni se le ocurra plantear nuevamente esa plantear ese disparate. Y no se sacó y combustionó la turba de la Ciénaga, a pesar de que en ese tiempo, como jocosamente el pueblo llegó a la conclusión, en vez de apagones, teníamos alumbrones.

Al inicio del Período Especial, el país generaba un 90% de su energía a partir del empleo del petróleo. En época de zafra, esta cifra variaba un poco, debido a que la quema de biomasa, en forma de bagazo, permitía que los centrales azucareros aportaran un por ciento de energía eléctrica al sistema nacional, que algunos autores refieren alcanzaba alrededor de un 20% del Total durante el período de cosecha de la caña. El cierre de los centrales azucareros, cuando la obtención del azúcar se hizo irrentable, para algunas de las añejas fábricas, que databan de finales del siglo XIX, y principios del XX, condujo a la pérdida de una parte considerable de la generación de energía eléctrica por concepto de quema del bagazo de caña. Sin embargo, la verdadera Revolución Energética estaba por llegar.

El mundo capitalista, tiene muchos patrones de consumo derrochadores, en los cuales, la publicidad comercial, y las técnicas sublimizares insertan paradigmas erróneos, relacionados con muchos aspectos de la vida del ser humano, y el uso de la energía es uno de ellos. Para un ciudadano del Primer Mundo, y en particular de los Estados Unidos de América, es muy natural derrochar la energía, y los recursos energéticos, sobre todo los no renovables. Cuando un primer-mundista, enciende su horno de Microwave, nunca repara en donde se generó la energía que consume, y mucho menos, sin en un “oscuro rincón del mundo”, al decir del Burro Bush, un nativo tiene que calentar su comida, con boñigas de vaca seca. Se dice fácil, pero no es algo sencillo que el 20% de la población mundial consuma entre el 80 y el 85% de toda la energía que se produce.

La experiencia cubana indica que el uso de las energías renovables es el camino a seguir. En las zonas montañosas cubanas, el uso de paneles solares, los molinos de viento y las minihidroléctricas, han permitido que comunidades rurales apartadas, algunas veces bastante numerosas, tengan acceso a la energía eléctrica, sin que ello constituya un impacto nocivo al entorno donde están emplazadas las mismas. Después de casi 10 años de haberse colocados, los paneles solares de las montañas del Plan Turquino Manatí, siguen en perfecto estado técnico, y en este período no solo se ha amortizado la instalación de los mismos, sino que salvo el cambio de las baterías y los costos de mantenimiento, el uso de las instalaciones no han implicado la erogación de presupuestos adicionales. Como ocurre en el empleo de la generación por radiación solar, la energía producida es totalmente gratis.

La radiación solar, es la fuente que permitió el origen de la vida en la Tierra. Si la producción de paneles solares se incrementara en el mundo, su costo se abarataría, aún más de la reducción de costos que vienen experimentando desde hace algunos años las celdas fotovoltaicas. En Cuba, alrededor del 40% de la energía total generada, se concentra en el sector residencial. Si gran parte de la población usara paneles solares, como todos, casi sin excepción, poseen refrigeradores en nuestro país, es evidente que la cantidad de energía que se dejaría de generar por la quema de combustibles, sería extremadamente elevada. Y es que si existe algo en abundancia en nuestra tierra es radiación solar. Los eficientes calentadores solares de agua, que se están colocando en los hospitales, círculos infantiles y policlínicos, son una muestra de en que dirección deben centrarse los esfuerzos cubanos en el campo energético, siempre que las condiciones económicas, en materia de inversiones lo permitan.

Todo parece indicar que en el futuro de la humanidad, uno de los paradigmas a cambiar es aquel en que la energía tiene que ser producida en grandes centros generadores (siempre en poder de algún poderoso burgués, o grupo de burgueses), transportada a grandes distancias por gigantescas redes de distribución (por supuesto, también en manos privadas), y entregada a costos elevadísimos a los consumidores, por los ricos capitalistas, dueños del emporio energético. Si millones de ciudadanos norteamericanos, generaran su propia energía eléctrica, un consorcio fraudulento (y estos no son los únicos), como ENRON, nunca les hubiese estafado.

Como siempre, los capitalistas dueños de la producción de energía, están maniobrando para tratar de mantener sus esquemas de dominación. Se habla de la construcción de grandes instalaciones colectoras de energía solar en desiertos como el de Arizona, y el Sahara, por supuesto a partir de inversiones de aquellos, que hoy controlan la explotación de los recursos petroleros. Si una ínfima parte los recursos dedicados en el mundo para la extracción de petróleo, o para la creación de cada vez más mortíferas armas de guerra, se dedicaran al estudio y desarrollo de las energía renovables, es posible que en un futuro todas las viviendas del planeta pudieran producir la energía que se necesita para la vida familiar. Los burgueses tienen miedo de que estas ideas se divulguen. En tal caso, los capitalistas perderían, como dicen nuestros guajiros, el güiro, la calabaza y la miel.

Yo tengo un amigo que casi no necesita para nada la electricidad de la red energética cubana desde hace años. Vive en el pueblo de Limonar. El gas para cocinar lo produce en un generador de biogás que tiene en el patio. En el techo de la casa, tiene un aerogenerador construido por él a partir de un antiguo molino de viento, dos paneles solares y un calentador de agua. En el tercer piso del Edificio de Facultades de la UMCC, radica el Centro de Estudio de la Combustión y la Energía (CECYEN), de la Universidad de Matanzas. Mis compañeros tienen instalado un sistema mixto compuesto por la red doméstica, un aeroegenerador de 2,5 KW, y 25 KW en paneles solares. Pues un día durante una jornada de Diploma, hubo un apagón, y desde el CECYEN se extendieron extensiones de cables hacia las Facultades de pisos inferiores, para conectar las computadoras y los proyectores que se estaban empleando en las discusiones de las tesis.

De los estudios realizados por los Centros de Estudios, que en las universidades cubanas tienen la energía como objeto de estudio, el futuro de la producción de energía en Cuba, deberá ir encaminado al uso de múltiples tipos de energía, en sistemas mixtos, donde se imbriquen, la generación de electricidad en las grandes termoeléctricas, para ser distribuida por el Sistema Electroenergético Nacional, la generación local en los grupos electrógenos Fuel y Diesel, el uso de la energía hidroléctrica, el biogás, la energía eólica (tanto en grandes parques, como en pequeñas instalaciones), el desarrollo de biocombustibles a partir de la biomasa, así como el empleo de esta como combustible directo, y sobre todo la producción de energía eléctrica en base a la energía solar.

Un dato curioso. Un grupo de compañeros, de la Universidad de Camagüey, han iniciado un estudio que promete resultados muy alentadores. Por lo menos las cifras iniciales así lo indican. Pues se trata de nada más y nada menos, que de emplear el marabú, como fuente generadora de biomasa. Las pruebas de combustión indican que la leña de marabú (su dureza dificulta la producción carbón vegetal), tiene valores superiores, en cuanto a generación de calor al bagazo de caña, y similares a los de la leña de otras maderas. El estudio incluye la renovación de las áreas de marabú, en la misma medida en que se vayan consumiendo, cosa que no es difícil, porque en nuestro país, esa planta no necesita muchos cuidados, para que se extienda en grandes áreas. Ya se está trabajando en el equipamiento para el corte y el procesamiento de la biomasa. En fin, que el justamente vilipendiado marabú, será, según todo parece indicar, unas de las soluciones cubanas, a la generación de energía.

La generación en las termoeléctricas se está realizando en estos momentos en base a petróleo de producción nacional y gas acompañante obtenido de la explotación de los pozos perforados en suelo cubano. En estos momentos la producción de petróleo cubana se incrementa, y todo parece indicar que la explotación de la zona marítima cubana del Golfo de México, cuando tenga lugar, permitirá al país disponer de mayores cantidades de este importante recurso, demasiado útil en estos momentos, debido a la gran cantidad de derivados que se extraen de él, para quemarlo en los motores de los autos. Aún así, el país no renunciará a los estudios que se vienen realizando, para que Cuba, en día, quizás no muy lejano, sea capaz de generar toda la energía que necesita a partir de sus propios recursos. Sé que este artículo, provocará que los defensores de los paradigmas capitalistas, cuestionen algunas de las ideas que expongo, pero como cantaba Lennon, “podrán decirme que soy un soñador, pero yo no soy el único”.