Otra graduación

Pioneros cubanos.Foto de juventudrebelde

Por: Manuel García

Escribí a La Joven Cuba hace varios meses y no lo había vuelto a hacer, porque como manifesté en aquella ocasión, no se produce un debate en el que te puedas enriquecer, ya que muchas de las personas que contestan lo hacen sin argumentos y llenos de odio.

Vuelvo a escribir sobre algo tan normal para los cubanos: la graduación de un grupo de estudiantes, como se expresa en las palabras de un niño cubano que recientemente se publicó en La Joven Cuba. Al terminar esa actividad coincidí con lo que Uds. publicaron: aquello tan normal para nosotros, no lo es para otras personas en el mundo y dista mucho de la imagen que quieren dar los enemigos de Cuba de la realidad de nuestro país. Por eso escribo hoy, para que el mundo se entere cómo vivimos. Sé que este tema va a tener muy pocos comentarios, cómo tuvo muy pocos comentarios el anterior que publicaron sobre una graduación. ¡Es una realidad tan contundente y evidente!

El sábado fui a la graduación de mi nieto que acaba de culminar el sexto grado en un pueblito pequeño. El local se encontraba engalanado por los padres y las madres con globos, plantas ornamentales, flores y algo que no había visto en otras ocasiones: una foto a color de cada uno de los 53 graduados. Aquello me llamó la atención, porque era una imagen de equidad envidiable. Estaban puestas por orden alfabético, sin privilegiar un lugar destacado para el que sus padres posean más dinero o para aquel que sus padres estuvieran más comprometidos con la Revolución.

Los estudiantes vestían con sus uniformes de pioneros y sus familiares se veían orgullosos de aquel momento. Varias cámaras de video y decenas de cámaras fotográficas digitales dejando constancia de lo que allí acontecía.

Después de reconocer a los estudiantes destacados en el estudio, la cultura, el deporte y el trabajo; un maestro leía una breve caracterización de cada pionero cuando iba a recoger su certificado. Era evidente que al escribir las caracterizaciones se había tenido en cuenta lograr un equilibrio al expresar los méritos de cada estudiante, donde ninguno se sintiera aplastado por el otro.

Para mí todo era felicidad, hasta que aquella sexagenaria maestra que culmina en este curso su vida laboral, entre sollozos y sonrisas, emocionada, apartó su vista del papel donde leía e improvisadamente expresó: !Cuiden esta Revolución! !Lo que hoy somos se lo debemos a ella!.

Y aparecieron en mi mente los tristes recuerdos y las comparaciones. En mi graduación de sexto grado no hubo fotos, porque fotógrafos se sobraban, sin embargo, no había dinero para fotos; pero lo más triste era que más de la mitad de los que comenzaron en primer grado no terminaron en sexto. Cuando ya era adulto, hablando con mi maestro de primaria, él me explicaba cómo daba varios programas en el aula. Uno para los alumnos que él pensaba que iban a terminar el sexto grado y otros, en los que trataba que los niños aprendieran a leer, escribir y calcular rápido, para aquellos que seguramente por la situación económica de su familia, tendrían que abandonar la escuela para ponerse a trabajar. Eso en la Cuba de hoy ni siquiera le pasa por la mente a nadie.

Después vino la fiesta. Estaban los estudiantes vestidos con ropa de calle: grandes, fuertes, alegres (como los de las fotos de la graduación que Uds. publicaron); sin parecerse en nada a la sociedad triste, hambrienta y reprimida que venden por el mundo. También estaban sus familiares. ! Todo el mundo lleno de alegría! Los muchachos y las muchachas varias horas bailando y jugando, vino el almuerzo. Un puerco asado que habían comprado los padres, se unió al congrí, los plátanos fritos, el refresco, el cake y el helado.

De regreso a casa reflexionaba y coincidía con la experimentada maestra: !Cuidemos la Revolución, pues ha logrado la sociedad con mayor igualdad de oportunidades del mundo !