Graduación

Colaboración con La Joven Cuba

Hablo en nombre de las alumnas y los alumnos que hoy nos graduamos de sexto grado. En un acto que para todos los cubanos y cubanas es lo más normal del mundo. Sin embargo, no es tan normal en este mundo lleno de personas con necesidades.

 Mientras estamos en este acto, 800 millones de seres humanos no saben leer ni escribir, millones de niños y niñas no pueden asistir a la escuela porque tienen que dedicarse a trabajar para poder malvivir o más triste aún, forman parte de la prostitución infantil. Por eso nuestras primeras palabras deben ser de agradecimiento para los que han dedicado sus vidas a hacer una Revolución que ha posibilitado  que los niños y las niñas de este país tengamos una realidad tan distinta, con educación garantizada para todos: para los hijos y las hijas de los obreros, de los campesinos,  de los intelectuales e incluso, para los que no tienen padres.

 Un día llegamos a la escuela Juanita Conde llenos de ilusiones, sintiéndonos muy importantes al lucir nuestros uniformes nuevos y las maestras de preescolar nos enseñaron a vivir y  a jugar en colectivo. Para ellas nuestro reconocimiento y agradecimiento en este día.

 Después pasamos al primer ciclo y entre fonemas, grafemas y ejercicios de cálculo,  comenzamos a adquirir nuevos conocimientos. Para esas maestras que pacientemente nos enseñaron a andar y a ascender, como dijo Martí que eran leer y escribir, nuestro recuerdo más cariñoso.

 En el segundo ciclo otras maestras ampliaron y profundizaron  nuestros conocimientos. También a ellas nuestro reconocimiento en este acto.

 Pero como una escuela no funciona sólo con maestros y maestras, hoy reconocemos al personal de dirección, al resto de los maestros y profesores, a las asistentes educativas, al personal de limpieza, a las trabajadoras  del comedor y en general a todos los trabajadores de la esuela, gracias por el esfuerzo que han realizado para contribuir a nuestra educación.

 Discúlpennos por los gritos y los llantos de algunos y algunas durante los primeros días en la escuela;  por las conversaciones y los juegos en las clases, los chistes que no eran tan chistes, creernos a veces hombres y mujeres sin serlo todavía. Gracias por la paciencia que tuvieron y … cuando se les acabó la paciencia…, gracias también, porque es heroico el trabajo de ustedes.

 Aunque no le he preguntado a las madres y a los padres de los que hoy nos graduamos, atrevidamente me atrevo a asegurar que ellos también se sienten agradecidos de todos los trabajadores de la escuela, de su dedicación y de la abnegación que han demostrado para contribuir a nuestra educación.

 Ahora comienza para todos nosotros una nueva etapa de la vida. Trataremos de aplicar todo lo que ustedes nos enseñaron: a amar y a defender siempre a la Revolución porque sin la Revolución nuestras vidas no serían lo que hoy son. Baste decir que en 1959 sólo dos adolescentes de Guanábana iban a la secundaria y en septiembre iremos todos. Y desde los aborígenes hasta enero de 1959 sólo una persona de Guanábana estudió en la Universidad y de los que hoy nos graduamos, todos los que se esfuercen podrán ser universitarios. Debemos ser humildes; honrados, donde lo ajeno, lo consideremos ajeno y por tanto no nos apoderemos de lo que no es nuestro,  que mañana, Ustedes que nos han educado, puedan decir con orgullo refiriéndonos a cualquiera  de nosotros: ése fue alumno o alumna de la  escuela Juanita Conde.

 ¡Gracias, Revolución!

¡Gracias, trabajadores de la escuela Juanita Conde!.

¡Gracias a nuestros  familiares!.

 ¡No los defraudaremos!

 ¡Pioneros por el comunismo!

 ¡Seremos como el CHE!

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