¿La Revolución en contra de los negros?

Miliciano Cubano. Foto tomada de Internet

Por Eduardo

¿Y tú que haces aquí?
Pregunta del Comandante en Jefe Fidel Castro al único mercenario negro de la Brigada 2506.

Hoy deseaba dedicar un post a la infame inclusión de Cuba, por parte del gobierno yanqui, en una espuria lista donde mi Patria clasifica entre los países practicantes del inmundo tráfico de personas. Sin embargo, la lectura del artículo de Tatu acerca de Laritza Diversent, así como la respuesta de la joven abogada, me motivó a cambiar el tema a abordar en mis comentarios, y referirme a un tema que conozco bien de cerca, y del que he leído un poquito, la cuestión racial en Cuba.

Me motiva asimismo la novedosa aparición de líderes negros dentro de la contrarrevolución cubana, que paradójicamente ha sido heredera de las tendencias más reaccionarias del pensamiento político cubano, lo cual incluye la discriminación al sector negro y mestizo de nuestra población. En nuestras guerras libertarias, el sector dirigente de la burguesía nacional, encabezado por Carlos Manuel de Céspedes, fue más lejos que ningún otro grupo revolucionario en la historia de América. Desde que se inició la lucha en la Demajagua, Céspedes otorgó la libertad a sus esclavos propios, y los llamó hermanos, y días después, ya en sus funciones de Jefe de la Revolución decretó la Abolición de la Esclavitud en el territorio de la República en Armas.

Paradójicamente, en los EEUU, la constitución emergida de la Revolución y vigente hasta el día de hoy, no incluía como ciudadanos a los millones de negros esclavos distribuidos por todo el territorio de la Unión. La historia desde ese momento histórico, hasta el ascenso del Presidente Barak Obama al poder es bien conocido. La Guerra de Secesión, los linchamientos, el Ku Kux Klan, los Blacks Panthers, la lucha de Martin Luther King Jr. y el Movimiento de los Derechos Civiles, y todo el largo camino de luchas del pueblo negro de los EEUU, que no ha logrado remover las bases del racismo en el país imperial. El incremento de organizaciones racistas y fascistas, que ya no solo atacan a los negros, sino que ahora dirigen sus agresiones a la población de origen hispano (muchos de los cuáles también son negros), es una de las tendencias actuales del entramado político social de los EEUU.

Existe una película norteamericana llamada Glory, protagonizada por Denzel Washintong, Morgan Freeman, Mathew Broderick y otros muchos grandes actores norteamericanos, que cuenta la historia del primer Regimiento del Ejército de los Estados Unidos, formado única y enteramente por soldados negros. Hay una escena en la que los oficiales blancos proponen al personaje de Morgan Freeman para el ascenso a oficial, y este no puede efectuarse, porque los negros solo podían ascender hasta el grado de sargento. En contraposición histórica, en nuestras guerras independentistas, una pléyade de jefes militares salidos del sector negro y mulato de la población, gracias a sus dotes militares alcanzó las más altas graduaciones dentro de la jerarquía militar del Ejército Mambí. Destacan entre ellos los Generales Antonio, José y Rafael Maceo, Guillermo Moncada, Flor Crombet (descendiente de emigrantes franco haitianos como la abogada Laritza), Quintín Banderas, Agustín Cebreco, y muchos más.

Y no solo hubo Generales negros, hubo Coroneles, Tenientes Coroneles, Comandantes, Capitanes, y  de todos los rangos existentes en la organización militar del Ejército Libertador. ¿Y los soldados? La cantidad de antiguos esclavos de nación y criollos incorporados al Ejército Mambí era tan grande, que al firmarse el Pacto del Zanjón, si bien España no abolió la esclavitud en Cuba hasta 1880, tuvo que admitir que todos los negros que habían luchado en el bando de la Revolución fuesen declarados libres.

En la mayoría de los casos, los oficiales y soldados blancos, no solo obedecían fielmente a sus Jefes  negros, sino que los idolatraban. La historia recoge, que durante la estancia de Maceo en la Habana, eran los famosos “Tacos” de la acera del Louvre, hijos en su mayoría de la alta burguesía habanera, quienes servían de escolta voluntaria al Titán de Bronce en sus paseos por la Capital. Algunos de ellos, incorporados posteriormente a la lucha en la manigua, formaron parte de su escolta. Es conocida la anécdota del capitán de la raza blanca, que se interpuso entre Maceo y un disparo realizado por un soldado español. Aquel héroe antes de morir le pudo decir a su querido Jefe, -Nos vemos en el otro mundo General.

En el crisol de nuestras luchas independentistas, aunque no se puede afirmar que todo fuera color de rosa, y que no existieran sentimientos racistas, por parte de altos oficiales blancos, todos fuimos cubanos, más que negros, blancos, mulatos o chinos, que también los hubo en buena cantidad. Sin embargo, en el bando de España, los negros peleaban en los “Leales Batallones de Pardos y Morenos”. Al desembarcar los yanquis por en la zona oriental, algunos mambises testimonian que se sorprendieron al encontrarse que en las tropas yanquis del contingente expedicionario, los negros combatían en unidades diferentes a las de los blancos. El avituallamiento de las mismas y el trato recibido por parte de la oficialidad gringa a estas tropas, también era bien diferenciado.

Después, con el establecimiento de la Seudo república, y la disolución del Glorioso Ejército Libertador de Cuba, tanto la caricatura de país que se creó con la asesoría yanqui, y el ejército títere de ocupación en su propia tierra, copiaron la estructura segregacionista del ejército norteamericano  y del estado yanqui de la época. Fueron los años tristes en los que al General de Tres Guerras, Quintín Banderas, que había combatido como pocos por la libertad de la Patria, el títere de Estrada Palma le ofreció un puesto de cartero, mientras los Generales y Coroneles blancos, con muchos menos méritos que él, ocupaban los altos mandos y principales jefaturas del elitista Ejército Nacional.

Este año, en Cuba celebraremos el centenario del genocidio cometido por las oligarquías al servicio del imperio sobre los participantes en el levantamiento del Partido de los Independientes de Color. Ya se han estado dedicando programas de nuestra TV, a tan significativa efeméride de la historia nacional. Entre los análisis realizados se encuentra el como y el porqué, un líder negro independentista, Martín Morúa Delgado, fue utilizado por la oligarquía para redactar la controvertida Ley Morúa, que fue el detonante de la revuelta de los Independientes. Estos eran, casi en su totalidad antiguos mambises, que no habían recibido el trato justo de sus antiguos compañeros de trinchera, y llevaron sobre sus hombros la carga mayor de la segregación racial de la naciente república neocolonial.

Yo nací en el barrio matancero de Simpson, en el solar de la Puntilla, y aunque ese acontecimiento ocurrió después del triunfo de la Revolución, he recibido a través de mi abuela, mis padres, y mis tíos, una película de la vida de los negros y los mulatos en el Capitalismo Cubano.

En su artículo Laritza manifiesta que desea eliminar de la Faz de la Tierra la Revolución Cubana, porque según ella es la causante de que su hijo y ella vivan en condiciones muy paupérrimas. Aunque hay algo que no me cierra el dominó. ¿Si tiene tantas carencias materiales, como puede acceder a Internet, sin estar vinculada laboralmente? Porque en Cuba los cibercafés, que sí existen, no como a veces se desconoce de manera mentirosa, son caros. Si se pasa todo el tiempo en litigios legales, ¿Quién le paga la cuenta del celular? ¿Quien le administra el blog? ¿Ella actúa de moderadora? ¿Si no es ella, quien lo hace? ¿La que administra el blog, y pone los mapitas de acceso y todas las herramientas y facilidades del blog, es ella en persona? ¿Ella también es informática? Del equipo de Joven Cuba, el administrador nunca postea, y deben moderar otros dos compañeros, así que no entiendo de que manera los blogueros contrarrevolucionarios, sin pagarle a un equipo pueden atender sus blogs, meter tánganas, escribir posts, y pasarse la vida tirando fotos en los lugares más desbaratados de Cuba.

Eso son tareas para el debate. Pues sigo con las memorias familiares. Si bien nací en Simpson, mi padre es de la Marina, y si no nació exactamente en un solar, lo hizo en una de las pocas casas de ese importante lugar de la ciudad de los puentes, cuna del guaguancó y de los “Muñequitos de Matanzas”. Entonces tengo la vivencia de la vida de mi gente desde que nací. En el barrio era un bicho raro, porque aunque soy mulato, como siempre digo, se me puede aplicar la expresión que reza en los papeles del juicio de Plácido “Parece blanco”. Pero como me enseñaron mis padres, la procesión va por dentro, y en la sangre soy tan negro como el totí más prieto.

Cuando vine al mundo, ya muchos de los miembros del solar habían ido mudándose a otras casas entregadas por la Revolución, dejadas por los emigrantes, y otros hacia los nuevos repartos creados durante los años 70 y 80 del siglo XX. En el solar se fue aplicando la Ley de Arrimo, que permitía que si uno de los cuartos del solar se desocupaba, la familia que se quedaba en el inmueble se apoderaba literalmente de este. De esa manera, mi abuela en el momento de mi nacimiento era la dueña de la banda derecha del solar. En la banda del frente vivían otras cuatro familias, una de ellas mi tío abuelo, hermano de mi abuela, y otras tres que actualmente son mis tíos, y sus hijos mis primos, aunque no tengamos parentesco alguno.

El único baño, que más que baño era letrina quedaba al fondo del solar, y muy pocos lo usaban. A pesar del tiempo pasado, recuerdo la imagen de mis padres bañándose dentro del pequeño cuartico, y como mi padre botaba el orinal en las mañanas con las excrescencias y emulsiones nocturnas. Sin embargo los cuartos de mi madre, de mi abuela, y de mis tíos y tías brillaban por su pulcritud. El único televisor en el solar era de mi mamá, y cuando empezaban las aventuras la pequeña salita de mi casita se llenaba de mis primos verdaderos y los primos de crianza. Hoy en día, el solar ya no existe.

Cuando yo ya asistía a la escuela, a mi madre en su condición de maestra le entregaron una nueva casa, y por aquello de que por donde salía uno salían todos, toda la familia salió de la Puntilla. El tío abuelo mío ya fallecido, se mudó con su familia, de la banda del frente hacia la de mi abuela, tumbó los cuartos de madera, y levantó en el terreno una nueva vivienda. Ese tío abuelo mío era del juego abakuá de los Betongó. Dejó en herencia su casa a un hermano de mi mamá y por ende tío mío, que es quien reside en el lugar donde nací en la actualidad

La casa actual de mi madre es de 5 cuartos, sala, saleta, cocina comedor, y un patio muy grande. Era propiedad de una familia que se marchó hacia los EEUU. Mi familia es de las que se supone dejarán en la calle, cuando se aplique la Ley Helms Burton. En esa casa grande, llegamos a vivir los 18 miembros de la misma hasta que mis tíos se fueron mudando para nuevas viviendas entregadas también por la Revolución.

He hecho la historia de mi familia, para que los que lean esto y no estén viciados por la propaganda contrarrevolucionaria tenga otra visión del asunto. La Revolución desde su comienzo ha hecho ingentes esfuerzos por acabar con la marginalidad, y para ello ha invertido miles de recursos, sin embargo, no siempre nosotros los de abajo hemos aprovechado todas las oportunidades de superación que este país ofrece.

Se ha dado el caso de materiales de la construcción entregados para la reparación de viviendas en los barrios históricamente más humildes que han sido vendidos por sus receptores para hacer negocios sucios. Es triste pero es así. O viviendas entregadas con todas las comodidades, como el caso del barrio de Matasiete, que fueron prácticamente destruidas por sus ocupantes en solo unos meses. Es que 50 años no bastan para eliminar todo lo que implica vivir en un barrio marginal y humilde. Familias como la mía supieron romper con ese mundo a base de empuje y sacrificio, pero otros cubanos de mi origen no han logrado, todavía.

En Matanzas antes del triunfo de la Revolución los negros debían “sacarle la rosca” al Parque de la Libertad por la acera perimetral, mientras que los que aparentaban ser blancos, paseaban alrededor de la retreta y de la glorieta. Mi papá no podía, aunque quisiera, bailar en el Liceo de Matanzas. Tenía, los fines de semana, que ir a bailar a la Unión Matancera, que era la Sociedad de Negros y Mulatos. Para ir a bailar los fines de semana tenía que servir de caballo (persona que trabajaba por el dueño de la plaza) de estibador en los muelles del puerto. Allí cargaba sacos de azúcar de 150 libras de peso, durante todo el día para ganarse unos quilitos por jornada. Cuando mi padre trataba de entrar a la Playa de Bueyvaca, que pertenecía al Matanzas Tennis Club, el guardajurado no lo dejaba entrar por ser prieto.

¿Que estudiaron mis tíos hasta el triunfo de la Revolución? Dar brillo y cepillo a los zapatos en las calles de Matanzas. Sin embargo después del 1ero de enero uno se hizo operador de equipos de la construcción, otro camionero, un tercero oficial del MININT, y el último electricista industrial. De ellos uno, combatiente en Angola, falleció recientemente. Todos han sido ejemplos de hombres trabajadores a los que la miseria no apabulló, y que si han hecho Patria desde sus humildes puestos de trabajo.

Mi abuelita en el capitalismo, cuando mi madre y mis tíos eran pequeños, para mantenerlos lavaba, almidonaba y planchaba para la calle, bateas y bateas de ropa. Los bultos se los pagaban a centavos. Planchaba con un anafe en el que ponía cinco planchas de carbón, una de las cuales se conserva en casa de mi madre, quizás como un recordatorio de cual es nuestro origen. Tuvo que criar sola, porque mi abuelo al separarse de ella se quedó en el campo donde nacieron los muchachos, a 5 hijos lavando para la calle. Entonces no había ni policlínico, ni vacunas, ni canasta básica, ni nada que se pareciera.

Mi abuela compraba fiado los pocos muebles que tenía, pagando la entrada, y a cada rato ella y los muchachos dormían en el piso, porque como no podían pagar las mensualidades, venía el dueño de la tienda con un camión, y le recogía los muebles. Entonces yo, cuando oigo hablar de las necesidades que algunos manifiestan en los blogs contrarrevolucionarios, me acuerdo de Abuelita, con toda su dignidad y entereza luchando y criando sola a sus niños. Ella murió defendiendo a Fidel y la Revolución. Yo no creo que después de lo descrito alguien crea que la vieja debía en su caso aplaudir el capitalismo, como hace ahora Laritza, y odiar a muerte todo lo que representara u oliera a Socialismo.

Es verdad que existieron profesionales negros en las tres Universidades cubanas de entonces, pero se podían contar con los dedos de las manos. Para lograrlo debían contar con dinero e influencias. El colmo del racismo de aquella sociedad, es que los burgueses del Havana Country Club, no querían aceptar al tirano Batista como miembro del mismo, pero no porque fuera un asesino, sino porque era negro.

Este post lleva sentimientos encontrados, puesto que mi familia me crió en el amor a mis hermanos, independientemente del color de la piel. Sin embargo ahora se quiere esgrimir y atacar a la Revolución Cubana a través del tema racial. Es como si necesitáramos encontrar un Obamita a toda costa. Y algunos de estos compatriotas son más reaccionarios que los blancos contrarrevolucionarios. Uno de los reclamantes en este blog llamó a Laritza, Abogada Afrocubana, y eso me dio una indignación muy grande, porque ese término en nuestro país solo se empleaba en términos culturales. Es decir en referencia a la herencia cultural cubana de origen africana. Los cubanos somos una sola nacionalidad, multiétnica y multicultural, pero somos simplemente eso, cubanos.

Sin embargo la contrarrevolución copia hasta los términos de sus amos del norte. Nunca entendí porqué los negros norteamericano son llamados afroamericans, cuando son tan estadounidenses como los WASP (Whites Anglo Saxons and Protestans). Como no entendía cuando en una discusión con unos andaluces, ellos me aseguraban que Mariah Carey era negra, siendo algunos de ellos más prietos que Mariah. Como tampoco me trago esos videos “Afroamericans” y esas películas, donde las estrella de cine, si son negros nunca se empatan con las blancas, así sean personas tan conocidas como Denzel Washintong, o Eddie Murphy. Esas clasificaciones raciales, ahora que se ha demostrado a través del estudio del Mapa del Genoma Humano, que la palabra raza es un error cuando se analiza al Homo Sapiens Sapiens, y que hablar de ese término biológico, en el ser humano no tiene sentido, porque las diferencias entre los grupos étnicos, son tan pequeñas que las razas humanas no existen.

Ya lo dijo el Apóstol, “Hombre es más que blanco, más que negro, más que mulato, dígase hombre”. Usar el arma del racismo y los prejuicios raciales, por algunos cubanos negros en contra de la Revolución, no solo es una deslealtad con el proceso que garantizó la igualdad de oportunidades a los cubanos de todo tipo, sino una muestra de lo mucho que la filosofía del individualismo y el egoísmo es capaz de inducir en aquellos cuyo egocentrismo les hace creer que son los Mesías llamados a la destrucción de la Sodoma Comunista.

A todos ellos yo les contrapongo los grandes líderes negros de esta Revolución, como Almeida, como Lazo, como Lázaro Peña, que dedicaron su vida a luchar y trabajar por el bien de sus semejantes, ajenos a cualquier tipo de falso protagonismo y liderazgos mediáticos.

Laritza, sigue luchando por lo que crees, aunque duele que una cubana tan joven y bella, no sepa ver más allá de si misma, y de los que la manipulan, que nosotros, desde esta universidad defenderemos una Utopía, que está más allá de las miserias humanas, y la envidia por los hijitos de papá. Más allá de los traidores que han ocultado su cara oportunista con el ropaje de Revolucionario, lo esencial son los principios. Recuerda que de traidores y flojos está llena la historia de la humanidad, pero como decía Martí a través de Meñique “Todos los pícaros son tontos, los buenos son los que ganan, a la larga”.