La libertad de opinar

Por Tatu

Mucho se habla en este blog sobre la libertad de opinar en Cuba, por lo que plantean los que nos visitan, en nuestro país está prohibido discrepar, y si se hace es a escondidas porque la Seguridad del Estado está en cualquier lugar.

Les sugiero que visiten este link http://www.granma.co.cu/secciones/cartas-direccion/index.html y ahí pueden encontrar lo que de verdad está ocurriendo en nuestro país, lean y piensen si el que se está manisfestando es un pueblo con miedo o un pueblo con una inmensa confianza en la Revolución.

Como muestra reproducimos aquí las cartas publicadas el pasado viernes.

Transformemos este bello país comenzando por la mentalidad de las personas

Sigo con extremo interés la sección Cartas a la Dirección, por el debate fecundo en ella creado. En ese debate me encontré con dos perspectivas diametralmente opuestas de nuestro socialismo, esto no me extrañó porque como dijo el Generalísimo el cubano o no llega o se pasa, esto sin perder tampoco la perspectiva de que la verdad se mezcla.

Por un lado los defensores recalcitrantes de un socialismo dogmático, puro y duros, estatificado, inamovible y con mucha retórica y clases magistrales de todos harto conocido, bastantes ajenas a nuestra realidad actual, en fin un socialismo incapaz de reconocer incluso que los tiempos ya no son los mismos, pero con la mayor de las virtudes… la defensa a ultranza de nuestro proyecto social.

Del otro, los defensores dialécticos y confesos de un socialismo dinámico, cambiante, evolutivo como la vida misma, los defensores de un socialismo no ajeno a que llevamos mucho tiempo diciendo lo mismo sin resolver casi nada, por lo que se proyectan hacia la búsqueda de nuevas formas y métodos, siempre dentro del socialismo, para nuestras viejas deficiencias.

Por favor, no nos entretengamos más. pienso que ningún cuerdo se atrevería a hablar de propiedad privada para resolver nuestros problemas y salir adelante. Siento que el eje del debate gira en torno a la propiedad cooperativa en la gastronomía. Por eso llamo a la reflexión ciudadana, ¿acaso ese es nuestro problema económico más acuciante? Además de no ser el único, los hay mucho más urgentes, esenciales: la doble moneda y la doble moral, el salario gratificante para que se incentiven la producción y los servicios, así como la producción de alimentos, para no hacer esta lista casi interminable.

Recientemente nuestro Presidente Raúl Castro abordó la idea de que no tenemos derecho a equivocarnos y comparto su criterio todas las veces.

Nunca me pareció tan exacto como en estos momentos del debate, replantear la tesis sobre Feuerbach en la que Marx, enfático, advierte el peligro: “los filósofos no han hecho más que interpretar el mundo de diversos modos, pero de lo que se trata es de transformarlo”.

Transformemos este bello país comenzando justamente por donde más difícil resulta, por la mentalidad de las personas, incluyamos desde ya la demora, la inacción en la lucha cubana contra los demonios.

Busquemos mecanismos nuevos… ¿por qué temerle a la evolución, si Revolución es cambio?

Transformemos este archipiélago, hagámoslo más eficiente, más productivo, más libre, hagámoslo más próspero sobre la base del trabajo y el salario reconfortante.

Aboguemos todos desde esta tribuna por nuevos mecanismos, estructuras o como quiera llamárseles, pero hagámoslo ya sin más dilación porque mañana, mañana puede ser demasiado tarde.

J. Rodríguez Pérez

Me opongo

Al igual que me opuse con las armas en la mano a la represiva dictadura de Batista, y a todos los que han tratado de arrebatarnos la Revolución en este medio siglo, me opongo, discrepo, disiento y estoy en desacuerdo con muchas cosas.

Me opongo a los que defienden a capa y espada los esquemas organizativos y productivos que ya agotaron su papel en la historia, por ejemplo, los que consideran que hay que mantener a toda costa y a todo costo a los timbiriches y a sus entidades administradoras, porque eso representa al socialismo. Mentira: socialismo es la propiedad del pueblo sobre los medios de producción, pero no todos, sino los básicos, los que de verdad definen la economía de un Estado.

Discrepo de los que consideran que la propiedad privada se contrapone al socialismo. Depende de qué propiedad hablamos. No es lo mismo la propiedad privada o la posesión en usufructo de un minúsculo pedazo de tierra o sobre una chaveta para arreglar un zapato, que la propiedad sobre una industria metalúrgica o un pozo de petróleo.

Discrepo de los que ven la caída del socialismo en que un grupo de albañiles creen una cooperativa para arreglar paredes o construir una casa, o un plomero que arregle una tupición, o un mecánico que repare un carro, o un soldador que haga una ventana, o unos gastronómicos operando de forma cooperada su centro de servicios, que antes era “estatal”. Todos comprando los recursos en un centro autorizado, pagando sus impuestos, teniendo derecho a los beneficios de la Seguridad Social.

Disiento de los que estiman que debemos fomentar una sociedad de “desviadores de recursos”. Millones de ventanas y puertas de nuestro país tienen rejas metálicas. ¿De dónde han salido los materiales? Cuando a uno se le rompe un carro o un equipo electrodoméstico, ¿a quién acude? Cuando hay que repellar una pared, ¿qué entidad estatal es capaz de hacerlo al día siguiente?

Estoy en desacuerdo con los que consideran que el socialismo es una cosa inamovible, estática, y que todo cambio generará su destrucción. Es lo contrario: el socialismo que no cambia, que no se adapta a las nuevas situaciones, está condenado al fracaso. Acuérdense del socialismo europeo.

A. Ríos Hernández

¿Hasta cuándo vamos a seguir permitiendo el desorden?

Cada viernes leo Cartas a la Dirección, y si fuéramos a escribir cada situación de desorden, no alcanzaría el periódico, para informarlas. Pero me decido a hablar de algo que es tan preocupante como todo lo que se dice y se escribe.

Desde hace unos días he tenido que viajar de mi reparto al centro de la localidad, por diferentes problemas y he podido observar en cada ómnibus que tomo, sin excepción, que la mayor parte del abono del pasaje, se lo entregan al chofer y este así, en buen cubano —a la cara— lo pone a un lado del timón y no en la alcancía. claro también los pasajeros tienen la culpa, pero dónde están las autoridades, funcionarios, etc. Los chóferes tienen, que yo sepa, un salario decoroso, el Estado pone el transporte y sus componentes.

Por eso digo ¿hasta cuándo vamos a seguir permitiendo el desorden a la vista de todos?

A. P. Pagés Martell

Hay que hacer cambios pero no tan a la carrera

Se puede estar o no de acuerdo con las opiniones de cada lector; lo que si creo que merecen nuestro respeto, pues es su manera de ver y apreciar la difícil situación que tienen muchas unidades menores y el deficiente servicio que prestan; igualmente exponen su criterio de cómo podría resolverse el problema, planteando algunos que es el momento de hacerlo sin demora; estoy de acuerdo que hay que hacerlo, pero no tan a la carrera, no sea que se cometan errores y caigamos en que “el remedio resulte peor que la enfermedad”. No olvidemos que la situación no es fácil, sino muy complicada y debe actuarse con mucho tacto, evitando así permitirle el juego al enemigo, quien se aprovecha de todo.

A muchos no le gusta ni agrada el término privatizar. Yo me pregunto ¿por qué temerle, si de aplicarse iría acompañado del debido control? Ahora bien, podemos usar otros términos, tales como cooperativizar, asociar, arrendar, etc. Cualquiera de estas formas que se emplee, que en esencia es lo mismo, debe estar debidamente controlada y fiscalizada por personal calificado. Estamos plenamente de acuerdo con distintos planteamientos respecto a que el Estado puede facilitar el local —y hasta autorizar su construcción—, y aplicar lo que se establezca en cuanto a impuesto y otros, todo lo cual quedaría claramente plasmado en un previo contrato. Mucho se ahorraría el Estado, especialmente en lo económico, aplicando todo esto en las unidades pequeñas de gastronomía y de múltiples servicios de todo tipo, cuyos administradores y empleados, aparte del robo y la corrupción, poco o nada les importa el buen o mal servicio que prestan, pues al final su salario está asegurado, con independencia de las pérdidas que tenga su centro de trabajo.

Conozco trabajadores de estas unidades que hasta se alegran de que no tengan materia prima u otros recursos, ya que así están más libres para otros negocios al margen. ¡Cuánta verdad hay en eso de que todo se resolvería cuando esos trabajadores se sientan realmente dueños de los medios que tienen en sus manos!

Por sobre todas la cosas, estoy totalmente claro y conciente de las limitaciones y carencias que tenemos pero estas se hacen peor por el mal actuar de muchos a los que “Liborio” paga. Privaticemos, cooperativicemos, asociemos, pero por encima de todo, controlemos.

Quiero destacar que no es solo en las unidades de gastronomía y de servicios de toda índole donde se ven cosas en las que los usuarios se preguntan: ¿Sería así si los que aquí trabajan fueran los dueños?

Quiero referirme en este caso a algo que he visto en la farmacia de mi localidad, donde, por ejemplo, se pasan semanas sin que haya algunos medicamentos simples, que nada tienen que ver con problemas de importación. Si se le pregunta a cualquiera de los muchos empleados que allí laboran, simplemente te responden: “No sé, no traen… ” y uno se pregunta: ¿Harán alguna gestión para que esto no ocurra? Cosas así descontentan y habrá que resolverlas más temprano que tarde, independientemente de la complejidad del tema. Estoy seguro de que el Estado y sus instituciones, conocedores plenamente y conscientes de la situación trabajan sin descanso por cambiar para más y mejor nuestro socialismo.

J. I. Peña Nava

¿Qué hacemos con los conocimientos?

Hace varios meses en esta sección leí una opinión de R. González Hernández sobre las publicaciones científicas; luego lo apoyó un compañero de Santiago de Cuba y hasta entonces nadie más se ha pronunciado al respecto.

En el pasado mes de febrero se realizó como cada año la Feria Internacional del Libro en La Cabaña y luego se extendió por todo nuestro país, tuve la oportunidad de ir en dos ocasiones a dicho evento. Recorrí todas las áreas de exposición buscando literatura científico–técnica y solo encontré dos editoriales en moneda nacional que vendían este tipo de publicaciones: Editorial Pueblo y Educación y ACPA, todas las demás estaban repartidas entre literatura infantil, literatura para adultos (cuentos, novelas, etc.), ciencias sociales, historia, humanidades y socio–política. En estos tiempos donde muchos queremos contribuir a la producción de alimentos me pregunto entonces: ¿Dónde están los manuales, folletos, revistas que hablen de cómo preparar la tierra, de los tipos de suelos, las labores agrotécnicas, la cría de animales, las razas más productivas, el manejo de los animales, la tecnología de crianza, las semillas, distancia de siembra, tiempo de siembra y cosecha, etc.?¿Dónde se pueden encontrar los trabajos premiados a nivel nacional de los Fórums de Ciencia y Técnica? ¿Y la ANIR?, ¿qué se ha hecho de esta Asociación?

Quizás muchos de los lectores de esta sección se hagan estas interrogantes como me las hice yo cuando leí las opiniones anteriores y creí que la cerca de cardona, el yogurt de boniato y yuca, la ceba de toros, los multiarados y otras publicaciones que he leído en la prensa cubana sobre la búsqueda de alternativas para la producción de alimentos, eran novedosas y resulta que, al comentarlas ya eran conocidas desde hace muchos años. ¿Quién sabe si hay otros secretos que no han sido publicados? Creo que va siendo hora de darle un espacio a estas experiencias escritas de nuestros especialistas, técnicos, obreros y campesinos para de esta forma evitar, como dijo el compañero R. González, que se lleven sus conocimientos a la tumba.

E. Alfonso

El tema de la producción y oferta de carne bovina merece seguimiento

El tema de la producción y oferta de carne bovina merece seguimiento. No se trata de cuestionar lo pasado sino de analizar dialécticamente lo que hoy resulta más conveniente, pero es evidente que tres renglones con prohibiciones en la comercialización, la carne de res, el tabaco y el café han sufrido las caídas más significativas.

¿Por qué si la ganadería vacuna es una sola, se ha logrado un salto extraordinario en la producción de leche y no se observa de igual manera en la carne? El leve crecimiento alcanzado no deja huellas en el consumo y todavía es muy bajo el peso promedio con que se sacrifican las reses. Nadie vende un puerco flaco, pero muchas vacas depauperadas por la sequía han terminado todos estos años en las casillas, convertidas en ternilla por no garantizarles los alimentos a tiempo.

Nadie se acostumbra a la ausencia de la carne de res, consumida desde que nuestro país comenzó a desarrollar la ganadería apenas se agotó el oro de los ríos. Y la carne vacuna es más rentable que la de cerdo, porque las reses se alimentan de pastos y forrajes. Pero se desestimuló durante mucho tiempo su cría con precios de compra irrisorios, multas injustas, falta de sentido de propiedad. El hurto y sacrificio ilegal se extendió por los campos. Más de 2 000 cabezas de ganado chocaron con cuchillos ilegales en Villa Clara en el 2010. Pero más de 19 000 “fallecieron” según los informes, aunque se ha probado que no todos murieron de manera natural.

Pesar un animal en estos años ha sido una agonía para los campesinos, la burocracia se ha ensañado contra el ganado vacuno, los controles son inauditos. Un campesino tiene que caminar decenas de kilómetros muchas veces para inscribir un ternero y si no lo hace a tiempo es multado. Con tantas cosas en contra es difícil explicarse como la masa ha seguido creciendo, parece increíble.

Ya Villa Clara cuenta con más de 470 000 cabezas, ha crecido en más de 9 000 en el último año, cuando comienzan a verse los primeros resultados del aumento del precio y la entrega de tierras en lo fundamental. La ceba intensiva en fase inicial, es un paso de avance, pero no lo suficiente para ver los resultados en la casilla.

Faltan a nuestro juicio, decisiones por tomar en la ganadería para cambiar lo que debe ser cambiado, en primer lugar recuperar el verdadero sentido de propiedad sobre los animales. El desarrollo porcino ha despejado el camino. Nadie sacrifica reproductoras activas y la masa crece. Lo mismo ocurriría con el ganado bovino, habría mejor control y protección que el que exigen los papeles, desaparecería prácticamente una tipicidad delictiva que conlleva la conducta ilegal de miles de ciudadanos y crecería la motivación para criar ganado y con ella, la producción de carne de res. Que crezca la masa de ganado vacuno a un ritmo superior sería el mayor aporte de los ganaderos a nuestra soberanía alimentaria e incluso a la seguridad nacional.

J. Álvarez López

Un comentario de una colaboradora de la salud

Una cifra nada despreciable de colaboradores internacionalistas de la salud, fue beneficiada por un plan especial de construcción de viviendas desde el año 2004, sin embargo, este sueño se ha visto imposibilitado de cumplirse en más de la mitad de los casos por disímiles causas, la inmensa mayoría no han sido explicadas a los beneficiados por los organismos competentes y en muchas ocasiones se han dado respuestas sin un basamento fidedigno.

Quizás las viviendas puedan dejar de construirse, de sobra son conocidos los motivos que pueden hacerlo aconsejable; lo que no podemos permitir es que por errores de quienes tienen una función determinada se induzca la pérdida de confiabilidad en nuestras estructuras. La comunicación es lo que ha primado a lo largo de todo nuestro proceso y es la comunicación, pero con la verdad como premisa, la única encargada de mejorar los estados de opinión existentes en muchos de los colaboradores beneficiados con este proyecto.

En estos momentos y desde hace 24 años, vivo en una casa consultorio del Médico de la Familia, medio básico de la dirección municipal de Salud Pública, como yo muchos compañeros míos pueden estar en esta misma condición, soy especialista de 1er grado en Medicina General Integral y seguiré ejerciendo esta especialidad hasta mi jubilación prestando servicio a mi comunidad. Aunque sé las disposiciones legales existentes en estos momentos para los medios básicos de la salud, me pregunto ¿Por qué otorgarme una nueva vivienda si con la que cuento puede dárseme en propiedad a los precios que ajuste nuestro Estado?; a fin de cuentas soy beneficiaria de un medio básico desde hace más de 20 años y seguiré laborando en el plan del Médico de la Familia lo que resta de mi vida laboral.

La anterior es una posible solución a mis necesidades de vivienda sin incurrir en un nuevo gasto y sin alejarme de una comunidad a la que he prestado servicio durante tanto tiempo.

I.C. Medina Fundora

El reordenamiento laboral ocupa lugar cimero

Los revolucionarios cubanos hemos vivido días de verdadero y justificado júbilo con el desarrollo exitoso de dos hechos de memorable connotación: las elecciones parciales llevadas a cabo el 25 de abril y el desfile nacional del 1 de Mayo. En medio de la colosal campaña de descrédito que se nos hace, los cubanos hemos enviado un mensaje al mundo: apoyamos la Revolución, que es nuestra, y al gobierno que nos hemos dado democráticamente.

Ello ha sucedido en momentos en que se nos ha informado lo imprescindible de un reordenamiento laboral, la elevada cifra de compatriotas que ocupan lugar en plantillas infladas, la inminente necesidad de reordenamiento institucional, la adopción de medidas de efecto muy sensible en el plano económico…

Somos conscientes de que no es posible mantener vigentes medidas adoptadas antes de la crisis económica que vive el mundo de hoy, la que tiene dramática repercusión en Cuba, hechos que preocupan mucho a los cubanos y cubanas, sin embargo, lo relativo al reordenamiento laboral ocupa lugar cimero.

Ese reordenamiento laboral que involucra a más de un millón de personas tendrá que llevarse a cabo con absoluta transparencia, igualdad y equidad.

Es un caso en el que no podemos darnos el lujo de que sucedan cosas como lo acontecido con la entrega de tierras ociosas, algunos de cuyos episodios más sobresalientes hemos conocido por la prensa. La adopción de sanciones pone algunas cosas en su lugar, solo algunas, pues hay daños que son irreversibles.

Hemos criticado en estas páginas nuestra burocracia, que es un fenómeno universal, pero que en Cuba excede todo lo imaginable porque es algo en lo cual nos pasamos. He visitado oficinas donde ya no hay espacio para un buró más, algunos de los cuales han estado vacíos y sus titulares haciendo lo que Raúl Roa denominó palique ambulatorio.

En esas oficinas hay maestros y profesores que se alejaron de las aulas para llevar a cabo una labor menos hermosa, pero en cuyo desempeño reciben determinados estímulos; idéntico debe suceder con otras profesiones u oficios. Si todos los maestros que ha formado la Revolución estuvieran frente al aula, de seguro este sector no estuviera tan deprimido. No ignoro que este sector y otros igualmente importantes son cantera de cuadros cuya promoción ha sido imprescindible por interés del país. Eso es otra cosa y se justifica.

A la hora de ese reordenamiento habrá que ser enérgico, razonable, humano, lo que no significa que se den innumerables opciones a los afectados, que estos no acepten y entretanto devenguen un porcentaje de su salario. Como existen actualmente. Cuba hoy no puede darse ese lujo, como sí pudimos antes cuando no había tan difícil situación económica. Ya casi no recordamos que estamos aún bajo los efectos de tres ciclones que ocasionaron daños por casi 10 mil millones de dólares. A veces la memoria nos falla. Pero nada puede fallar.

Si este reordenamiento laboral lo hacemos con equidad será menos traumático. Es imprescindible que ese proceso sea diáfano, si alguien resulta excedente, ya sea el portero o el almacenero, el guardabolsas o el gerente, que se tenga en cuenta de veras el mejor derecho.

A. Rondón Velázquez

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