Periodistas independientes colaboran con el turismo en Cuba.

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Por tatu

Alguien pudiera pensar que el posible cierre de la Radio y la Televisión Martí, perjudicaría al Gobierno de Cuba, o mejor dicho a su sector turístico, y es que desde su fundación, la radio que no se oye y la televisión que no se ve, han incluido en su programación un nivel tan alto de desinformación contra Cuba que a los que vencen el miedo y la visitan todo lo que ven les resulta agradable.

Recuerdo a un amigo panameño, que para venir a estudiar derecho en la Universidad de La Habana, casi tuvo que hacer una huelga en su casa, pues la familia no estaba de acuerdo en que su hijo viniera a este infierno terrenal. Cuando llegó le sorprendió ver la Terminal tres del Aeropuerto José Martí, pues no era de madera como le habían dicho, la calle no estaba llena de militares, con los tanques en las esquinas y para sorpresa suya en el trayecto hasta la beca nadie le pidió perfume, champú o un jabón, del cual traía un inmenso maletín lleno de ellos porque se suponía que aquí no había donde comprarlos. El panameño, así le conocemos, trajo consigo un fuerte par de botas de trabajo porque le advirtieron que aquí tenía que ir a trabajar en el campo, para poder estudiar en la universidad. Muchos todavía recuerdan su cara cuando una noche asaltaron a un muchacho cerca de donde estábamos, para robarle, y cuando todos estaban conmocionados por eso, él comentó que no entendía por qué nos poníamos así, que eso era muy común allá en el barrio donde vivía.

Puede parecer que exagero pero es cierta la historia de “panamá” como la de tantos otros estudiantes que al venir a estudiar a Cuba, desconocen por completo la realidad de la isla o tienen una visión totalmente distorsionada.

Pero no sólo en el tercer mundo existe la desinformación sobre nuestro país, cada año venía a Cuba, en diciembre y en enero un crucero, cargado de estudiantes de varias universidades norteamericanas, que formaban parte del proyecto Semestre at Sea, y que al llegar a la Bahía de La Habana, enseguida eran abordados por la representación de la Oficina de Intereses que se reunían con ellos y los “preparaban” para la visita. Por la parte cubana el programa era muy sencillo, les designaban un grupo de estudiantes de la FEU que tuvieran algún conocimiento del idioma inglés y los acompañaban a los lugares que ellos quisieran ir.

Los intereses eran disímiles, unos preferían recorrer el centro histórico de la Habana Vieja, otros caminar por el malecón, y otros pedían que los llevaran a alguna escuela donde pudieran ver a los niños jugar o recibir las clases. Al final de la visita, se desarrollaba una actividad que con el tiempo se hizo tradicional y que ellos pedían desde que llegaban, un encuentro con Fidel. En el encuentro el Comandante se paraba en el centro de la tribuna y les pedía que hicieran preguntas sobre Cuba, todas las que quisieran, y los encuentros se prolongaban por horas.

Cuando llegaba el momento de despedirse los que se iban eran personas diferentes a los que llegaron, los que antes estaban recelosos de los cubanos le robaran el bolso, ahora reían y se abrazaban en la despedida, los que estaban apáticos y hasta con pocas ganas de bajar del enorme y lujoso crucero, ahora se despedían con lágrimas en los ojos, y el intercambio de correos electrónicos y teléfonos forjó varias amistades que aún perduran.

Este proyecto recibió varias trabas para su realización, hasta que el gobierno de Bush hijo, lo suspendió, era obvio que no les convenía que más de 700 jóvenes norteamericanos conocieran, en cada viaje, a la Cuba real, pues era como un “virus” que se iba expandiendo y los que llegaban ya conocían algunos de los lugares más atractivos, las mejores tiendas de Souvenir o los mejores museos.

Si alguien pudiera pensar que la desinformación sobre Cuba alcanza sólo al pueblo norteamericano, y que sus dirigentes conocen la verdad, los invito a que recuerden la visita que el año anterior realizara a nuestro país una delegación de senadores norteamericanos y que al llegar a Estados Unidos, en la conferencia de prensa que ofrecieron, declararon que “los cubanos no estaban tan mal como ellos pensaban” y que “Raúl Castro es un hombre simpático y no como se los describieron”, no recuerdo las frases textuales pero el mensaje era que ellos vinieron esperando ver un caos y encontraron un país que pese a los problemas económico, tienen muchísimos logros que mostrar en el tema social.

Cuando se eliminen las restricciones para venir a Cuba, los millones de norteamericanos que nos visiten y que esperan llegar a un país con una pobreza extrema, con un nivel de represión al máximo, con 100 policías por cuadra, y otras características de la Cuba que les han descrito durante más de medio siglo, se sorprenderán cuando no vean a los niños pidiendo limosnas en los semáforos, o prostituyéndose por las calles, al contrario se emocionarán cuando los vean en las escuelas con sus uniformes.

Los que nos visiten se quedarán maravillados con la amabilidad y el buen trato en la calle, con el sentido del humor de los cubanos, con la solidaridad, con los piropos caribeños, a veces un poquito subidos de tono,  y comprenderán que los cubanos no sentimos ningún odio por el pueblo norteamericano, que comprendemos que los culpables no han sido ellos sino las sucesivas administraciones que durante todo este tiempo han mantenido esa obsesión enfermiza con esta isla del caribe que no se ha plegado ante las amenazas y ha defendido su sistema social contra viento y marea.

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