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Comunismo y capitalismo: mitos, realidad y futuro


El debate entre el comunismo y el capitalismo es una batalla entre dos teorías socioeconómicas extremas, teorías que representan dos maneras inherentemente opuestas del pensamiento. Una de ellas es sumamente individualista (el capitalismo), mientras que la otra (el comunismo) antepone a la sociedad. Para explorar estas dos ideologías, el portal Buzzle compara uno por uno sus principales diferencias.

Propiedad de los medios de producción

La principal diferencia entre el capitalismo y el comunismo tiene que ver con la propiedad de los medios de producción o los recursos en general.

El comunismo rechaza a la propiedad privada/individual de la tierra o de los recursos vitales. En cambio, todos los medios de producción, como la tierra, deben ser propiedad del Estado, pero en el sentido de toda la comunidad de personas. Todas las tierras y los recursos que faciliten la producción de bienes y servicios son propiedad de todos y cada uno, todo es compartido, y todas las decisiones sobre la producción son tomadas por toda la comunidad por vía democrática. Además, hay un salario igual para todos, y todas las decisiones se deben tomar de acuerdo a lo que sea bueno para todos.

Por otra parte, el capitalismo se basa en la propiedad privada de la tierra y los medios de producción. Cada persona tiene que ganarse lo suyo, y una parte importante de los beneficios obtenidos por un negocio va al bolsillo de la persona que posee los medios de producción, mientras que los trabajadores que se encargan de dirigir el negocio tienen una pequeña participación. Cada persona recibe su salario conforme a su mérito y, naturalmente, las personas que posean los medios de producción tendrán la última palabra a la hora de adoptar las decisiones.

Como vemos, la propiedad de medios de producción es una de las principales manzanas de la discordia entre las dos ideologías, cada una de las cuales se basa en una idea extrema al respecto y, por lo tanto, comporta riesgos y debilidades.

Mientras el comunismo puede acabar con la idea de la iniciativa individual, que ha dado lugar a la mayoría de las innovaciones tecnológicas que tenemos hoy en día, el capitalismo contiene la semilla de la explotación, donde demasiada riqueza, y por lo tanto el poder, se concentra en las manos de unas pocas personas.

Libertad individual

El antagonismo entre el comunismo y el capitalismo se refleja también en sus puntos de vista dispares sobre la libertad individual. El comunismo pide anteponer la sociedad al individuo, mientras que el capitalismo pone la libertad individual por delante de la sociedad.

Por lo tanto, la polaridad entre las dos ideologías se podría describir como “el individualismo contra el bienestar social”. El capitalismo le da más importancia a las aspiraciones individuales y apela a la naturaleza egoísta inherente de los seres humanos, que a menudo es el resultado del instinto de autoconservación.

Mientras tanto, el comunismo apela a nuestro lado más santo, en que pensamos en los demás, antes que en nosotros mismos, reza el artículo.

De nuevo se trata de dos puntos de vista extremos, que tienen sus ventajas y desventajas. Así, algunos de los mayores avances en la historia de la humanidad han ocurrido gracias a la creatividad y a la iniciativa individual y en gran parte han sido frutos del egoísmo humano, aunque, en última instancia, beneficiaron a toda la sociedad.

El comunismo puede afectar a esta iniciativa individual, así como a la creatividad y el pensamiento original, haciendo que una persona haga lo que le digan.

El capitalismo, a su vez, alimenta deseos egoístas, lo cual amenaza con la aparición de autócratas capitalistas que puedan obtener el control de la vida y la muerte de miles de personas.

Sociedad

El comunismo defiende una sociedad igualitaria, sin diferencias de clases, razas, religiones o incluso nacionalidades, y donde todos los hombres y las mujeres estén en las mismas condiciones. De esta manera, no hay nada por lo que las personas puedan disputar.

Esto es bueno como una idea, pero tratar de ponerla en práctica es difícil, sostiene el portal. Además, agrega, es injusto pedir a las personas que renuncien a todas las cosas que las hacen diferentes.

El capitalismo promueve la distinción entre clases, creando una brecha entre ricos y los pobres, ya que en el capitalismo puro los ricos se hacen más ricos y los pobres, más pobres; la clase rica controla los medios de producción y ejerce el poder, imponiendo a la sociedad su propia distinción de clases y sus caprichos.

Anatomía del poder

Comunismo apela al ideal más elevado del altruismo, mientras que el capitalismo promueve el egoísmo.

En el capitalismo, la riqueza y el poder se concentran en las manos de las personas que poseen los medios de producción. Es decir, se crea una élite que controla el dinero, los recursos y el poder.

El comunismo, en teoría, se basa en la naturaleza santa, altruista y desinteresada de toda la humanidad, y, por lo tanto, en la distribución igual del poder. Todas las decisiones se toman por medios democráticos y no debe haber leyes injustas que favorezcan solo a algunos.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que la gente es inherentemente egoísta y el poder puede corromper la mente de una persona, fallando a la ideología y creando una sociedad injusta, reza el artículo.

“En última instancia, lo que necesitamos es un enfoque equilibrado, una combinación de buenos puntos de las dos ideologías. Una economía mixta donde el Estado tenga el control de los recursos vitales de una nación, garantice el bienestar para los más necesitados, a la vez que promueva el espíritu empresarial libre”, concluye.

El debate entre los dos sistemas ha dado lugar a numerosos mitos que hoy en día, muchas personas siguen creyendo. Estas son las siete ideas falsas más comunes sobre el comunismo y el capitalismo.

La lista fue elaborada por el bloguero Jesse Myerson, quien afirma en su artículo publicado en el portal Salon.com que la mayor parte de lo que los estadounidenses piensan sobre el capitalismo y el comunismo es una “una tontería redomada”.

“Esto no es sorprendente, dada la historia de los Temores rojos de nuestro país, diseñados para crear la impresión de que el anti-capitalismo es equivalente a traición”, escribe Myerson.

1. Las economías comunistas se basan en la violencia de Estado

Es comúnmente aceptado que la regulación estatal de la economía en la URSS o en China constituye un instrumento represivo que solo es utilizado por un Estado que intenta penetrar en todas las áreas de la sociedad para dominarla. No obstante, el poder estatal es una condición indispensable para la protección de la propiedad, piedra angular del capitalismo. La única diferencia entre estos dos sistemas antagónicos consiste en que los comunistas insisten en que la propiedad, es decir, los medios de producción (como fábricas) o las acciones y bonos, debe ser distribuida universalmente entre toda la sociedad.

2. Las economías capitalistas se basan en el libre intercambio

La bucólica imagen de un mercado abundante, donde cada persona libremente puede satisfacer sus necesidades también es un mito bastante común. La realidad es que la naturaleza del mercado y su origen están marcados por las expropiaciones, como la privación a los campesinos de su acceso a las tierras, y la falta de libertades. La situación no ha cambiado mucho hoy en día en que la gran mayoría de la población se ve privada del acceso a los recursos necesarios pese a su aparente abundancia. Además, cabe recordar que para su desarrollo el capitalismo estadounidense requirió exterminar a pueblos indígenas y esclavizar a los africanos.

3. Los Gobiernos capitalistas no atentan contra los derechos humanos

Sería poco creíble que un sistema que aplaude al rápido enriquecimiento en medio de una competencia despiadada no produjera graves actos de violencia y privaciones, pero curiosamente sus defensores mantienen que estos ‘excesos’ son una manifestación de la justicia y la libertad. Los que no estén convencidos de la tesis anterior podrían recordar que uno de los derechos fundamentales, el derecho a la vida, se viola diariamente cuando miles de personas mueren de desnutrición debido a que el libre mercado es incapaz de resolver este problema global.

4. Los regímenes comunistas son responsables de millones de muertes

Quienes se animan enumerando los crímenes (tanto supuestos como reales) cometidos por regímenes comunistas prefieren no recordar que el triste balance de víctimas nunca estará a favor del capitalismo. Los defensores del capitalismo, en este caso, tendrán que buscar alguna excusa convincente tanto para el comercio de esclavos y el exterminio indígena como para las masacres realizadas por EE.UU. y sus aliados en sus intentos de derrocar gobiernos procomunistas. A esta cuenta hay que añadir el número de muertes a causa de las transiciones de países del bloque socialista al capitalismo. Los anticomunistas más virulentos tienen una manera muy astuta para desmentir estos casos de exterminio: simplemente niegan que hayan sucedido.

5. El comunismo promueve la uniformidad

Mientras qen el inconsciente colectivo prevalece la imagen de una sociedad homogénea e altamente ideologizada que no deja espacio a la creación, este mito ya se ha hecho realidad en la mayoría de las sociedades capitalistas, donde crece la tendencia al consumismo descontrolado incitado por necesidades ficticias. Al contrario, la ideología marxista postulaba que uno de los objetivos del comunismo consiste en la liberación del tiempo para el desarrollo personal. De esa manera, el comunismo se basa en todo lo contrario a la uniformidad.

6. El capitalismo promueve el individualismo

En una sociedad de masas, donde millones y millones de personas están produciendo y consumiendo las mismas cosas a gran escala, el individualismo parece casi un milagro o al menos una excepción de la regla. A veces basta con echar un vistazo a los barrios residenciales de las grandes ciudades con sus casas o supermercados uniformados para concluir que es el producto de una sociedad completamente opuesta a lo individual.

En 1867, en su libro ‘El Capital’ Karl Marx hizo su famosa predicción de la ‘muerte’ inminente del capitalismo. Pasados casi 150 años, el sistema está vivo y el debate sobre su futuro continúa con mayor o menor intensidad. La crisis que durante los últimos años sufren varios países desarrollados hace que cada vez más los expertos hablen de grandes cambios que pronto tendrán lugar en el actual sistema social y económico a nivel mundial.

Tras la desintegración de la Unión Soviética, gran parte de la población creyó que el capitalismo había triunfado por completo. Sin embargo, en los últimos años el sistema económico afronta numerosas conmociones económicas y sociales. En Occidente se reduce la clase media, aumenta de forma alarmante el paro y el ‘estado del bienestar’, considerado como el mayor logro del capitalismo de postguerra, cada vez más es una realidad del pasado. Por otra parte, en Oriente la explotación de trabajadores adquirió los niveles del cruel siglo XIX.

infografia

En el nuevo libro ‘¿Tiene futuro el capitalismo?’, obra conjunta de varios economistas y sociólogos reconocidos a nivel internacional, los expertos coinciden en que el mundo está a punto de entrar en una crisis estructural del sistema capitalista, revela la revista ‘Expert’. De este modo, el sociólogo estadounidense Immanuel Wallerstein escribe que el crecimiento del capitalismo alcanzó su tope en los años 70, mientras que todas las décadas siguientes el sistema solo superó las numerosas crisis, sin resolver ningún problema.

“Desde hace más de un siglo, la humanidad viene acercándose y parece ya estar cerca de un pico desconocido y sin precedentes de su evolución”
Georgi Derluguián, profesor de ciencias sociales y políticas en la Universidad de Nueva York en Abu Dhabi

“El sistema mundial moderno no puede seguir de la misma manera, ya que el capitalismo no puede acumular ganancias sin parar”, concluye el experto. Por su parte, el doctor Randall Collins destaca que el fin del capitalismo se producirá en 2040, año en que según él, más de un 50% de la población activa perderá su trabajo por los procesos de sustitución tecnológica.

El mayor interrogante para Collins es qué sistema ocupará su lugar: ¿una dictadura fascista o un sistema democrático no capitalista? Pero lo más probable según el experto es que “en los próximos siglos tendrá lugar un constante cambio entre dos sistemas: del capitalismo al socialismo, y a lo mejor, otra vez al capitalismo”.

A su vez, para el sociólogo Craig Calhoun, el capitalismo se salvará solo en caso de superar tres amenazas pendientes: el desequilibrio del sector financiero en relación a otros ámbitos de la economía que provocan enormes deudas y especulaciones irresponsables; los problemas sociales y ecológicos creados por las políticas neoliberales, y por último, las posibles guerras y cambios climáticos.

“El fantasma del comunismo ha vuelto, y ahora no solo recorre Europa”. A esta conclusión llega un reciente artículo de la revista ‘Russki Reporter‘, que sostiene que tras la crisis de 2008, se habla cada vez más de un inevitable colapso del capitalismo.

En cuanto a Europa, el artículo hace hincapié en la “socialista y antiglobalista” Syriza en Grecia, y en la creciente fuerza de Podemos en España, mientras que el movimiento ‘Occupy’ en EE.UU. y las victorias de la izquierda en América Latina “hacen pensar en el renacimiento del movimiento de izquierda en el Nuevo Mundo”.

¿Cómo son los nuevos izquierdistas?

“¿Qué clase de futuro es el que nos están preparando los nuevos izquierdistas? ¿Qué es lo que nos espera: la realización de una nueva utopía social o una distopía sombría?”, se preguntan los autores del artículo.

Los nuevos izquierdistas son muy diferentes entre sí: “desde los intelectuales académicos hasta los revolucionarios del pueblo que lideran la lucha por la liberación nacional en el Tercer Mundo”, detalla la publicación, agregando que en la sociedad europea o incluso en la estadounidense, el izquierdismo moderado se va convirtiendo en la norma, “aunque no siempre se trata del verdadero marxismo, sea cual sea el significado de este término”.

Los nuevos izquierdistas leen a Marx, pero son mucho más apasionados acerca de las últimas ideas progresistas. Se caracterizan por su interés hacia la democracia directa electrónica, la economía de red y el ‘anticopyright'; la oposición a la globalización jerárquica en beneficio de las empresas transnacionales y el apoyo a la idea de una renta básica incondicional para todos como un medio para evitar desempleo y concentrarse en un trabajo creativo libre en una era de la robótica.

Asimismo, después de la crisis de 2008, comenzó a crecer rápidamente  el número de partidarios de un mayor control sobre los bancos y las corporaciones, la subida de impuestos a los ricos, y la lucha por preservar los logros sociales.

“Durante un siglo y medio de su existencia, el marxismo ha cambiado el mapa del mundo y de la vida humana en nuestro planeta, mucho más que el cristianismo durante 2.000 años, y sigue cambiándola”
Alekséi Tsvetkov, escritor y activista izquierdista

“Los izquierdistas apuestan por el desarrollo de las nuevas tecnologías”, explica el escritor y activista ruso Alekséi Tsvetkov, poniendo como un ejemplo típico de las nuevas relaciones postcapitalistas, que no caben en el sistema capitalista, todo lo que está relacionado con el ‘anticopyright’.

“Para nosotros es difícil imaginar cómo será el futuro postcapitalista, pero nos estamos acercando a él gracias al desarrollo de la tecnología, al crecimiento de la educación de las personas, a la aparición de nuevos grupos sociales. La ideología de la expansión del acceso público a las cosas es lo que une a todos los izquierdistas”, explica el escritor.

En este sentido, prosigue, “los piratas informáticos también son izquierdistas, a un nuevo nivel tecnológico”, ya que actúan de acuerdo con la lógica comunista: “Si tienes algo que compartir sin perderlo, tienes que compartirlo”.

En opinión del escritor, “el derecho burgués, que defiende los derechos de autor, por ejemplo, en el caso de una película, parte del hecho de que se trata, en primer lugar, de una mercancía, y en el segundo, de una película para el público”, mientras que los izquierdistas parten del hecho de que la película es una película, y verla como una mercancía distorsiona el significado de las cosas.

No obstante, Tsvetkov admite que en el sistema capitalista, la idea general de acceso libre a las cosas, a menudo conduce a un efecto contrario, y que no es lo mismo “un código abierto, que producen muchos y que utilizan todos, y la falta de recursos para hacer una nueva película si no pagan por ella”.

“El libre acceso a la música, las películas, los artículos enriquece a las grandes corporaciones de Internet, mientras que los creativos y los equipos están en una crisis constante de recursos”, lamenta el activista.

¿Estamos ante una nueva revolución?

En las ciencias sociales y la filosofía política, la mayoría de las nuevas ideas pertenecen a la izquierda, simplemente porque hablan de la transformación del mundo. Los conservadores buscan preservar las formas de vida y los valores existentes, el neoliberalismo cree en las leyes naturales del mercado y no en los proyectos sociales. “El progreso social necesita a los izquierdistas”, destaca ‘Russki Reporter’.

“Desde hace más de un siglo, la humanidad viene acercándose y parece ya estar cerca de un pico desconocido y sin precedentes de su evolución”, comenta Georgi Derluguián, profesor de ciencias sociales y políticas en la Universidad de Nueva York en Abu Dhabi.

“A finales del siglo XX, el capitalismo se deshizo de los antiguos temores de la izquierda, obtuvo acceso a las gigantescas masas trabajadoras de China y el flujo de recursos de las exrepúblicas soviéticas. Pero, ¿significa esto que el capitalismo como sistema histórico es eterno?”, se pregunta Derluguián. “Ningún sistema complejo es eterno. Se le acumulan costos y contradicciones”, remata.

El capitalismo tiene cerca de cinco siglos. Hasta mediados del siglo XX los grupos capitalistas de Occidente dominaron el mundo de las colonias y el mundo agrario y campesino con altas tasas de natalidad y bajas expectativas de beneficios sociales. “Hoy en día está claro que todo esto ya no es así”, concluye el analista.

“En realidad, aquí no se trata de simpatías personales, sino de lógica histórica”, señala a su vez Alexéi Tsvetkov. “Para la derecha, la lógica del progreso simplemente no existe, existe solo la lógica de las normas tradicionales y las desviaciones de la misma. Para los liberales, la lógica del progreso existe hasta cierto punto, y luego la historia termina con el triunfo del libre mercado. Para los marxistas, la sociedad moderna no existe en la historia, sino en la prehistoria, hasta que se eliminen todas estas barreras”, explica.

Tsvetkov está convencido de que la verdadera historia de la sociedad humana “empezará con la revolución comunista, porque finalmente todo volverá a la normalidad y el mundo al revés será reemplazado por uno adecuado”.

“La mayoría de los izquierdistas, aunque no crean en la revolución comunista, mantienen este ideal en mente como un horizonte, como una forma de evaluar lo que está sucediendo”, afirma.

Por otra parte, algunos expertos consideran que no ocurrirá un cambio radical sino que el capitalismo tendrá que realizar una serie de reformas para poder responder a los nuevos desafíos. “Se establecerá a nivel mundial un capitalismo reformado con mayor igualdad y derechos sociales para todos. No será el fin del capitalismo, sino la aparición de un capitalismo mejor”, asegura el profesor de la Universidad de California, EE.UU., Michael Mann.

Si la historia de la relación entre el comunismo y el capitalismo ya por sí misma es tan complicada y ha dado lugar a tantos mitos e ideas falsas, el futuro de los dos sistemas es aún más incierto y difícil de predecir.

Volviendo al libro ‘¿Tiene futuro el capitalismo?, la conclusión conjunta de los expertos consiste en que la gran crisis de este sistema, “sea cual sea el escenario, no significa el fin del mundo”, ya que “el fin del capitalismo inspira la esperanza” de su transformación en formas nuevas “más humanas” o su transición en el renovado socialismo democrático. Y usted, ¿qué opina al respecto?

En la elaboración de este artículo se han utilizado los archivos multimedia de RT, RIA Novosti, Reuters,  arbrenoir
Preparado por María Lekant, Iván Sérbinov

¿Algo más que soñar?


Cuba FuturaPor: Harold Cárdenas Lema(haroldcardenaslema@gmail.com)

Después de medio siglo enfrentando al imperio de turno, Cuba es para Estados Unidos lo que la Galia fue para Julio César, pero el precio ha sido alto. Tamaña presión sobre una isla pequeña ha provocado vicios peligrosos y renuncias estratégicas que con el paso del tiempo se vuelven contra nosotros. Quizás sea hora de que, sin olvidar las peleas del presente, pensemos en el mañana.

Cuba está de moda en el mundo y cada día aumentan las expectativas sobre lo que ocurrirá en un futuro próximo. Los cubanos quizás seamos los más precavidos, que optamos por un optimismo escéptico (si acaso eso existe) y no cedemos ante el entusiasmo, hemos visto demasiadas ilusiones venirse abajo. Pero soñar no cuesta nada y menos cuando nuestros deseos son legítimos, así que demos rienda suelta a la imaginación.

Resulta difícil imaginarse una vida más allá de la pugna con Estados Unidos, solo los ancianos recuerdan cómo era este país antes del bloqueo y nadie puede imaginar una relación normal con el país del norte porque nunca la hubo.

Creo que somos todos los hijos de esta tierra los que aspiramos a una nación donde la juventud no piense en emigrar sino en regresar y la única Ley de Ajuste sea la que regule el regreso a la Isla.

Donde los Cinco Héroes de la República asuman responsabilidades mayores, para que no estén a la merced de otros que no han pagado sus cuotas de sacrificio. Que Ricardo Ronquillo sea finalmente director de Juventud Rebelde, Esteban Morales regrese a la Mesa Redonda y Rosa Miriam Elizalde reciba todo el reconocimiento que merece. Donde las reuniones de la prensa sean dirigidas por periodistas en vez de políticos y los que todavía hacen colas en el estanquillo para comprar el periódico, vean reflejada su realidad en la portada.

No es gratuito imaginar un país en el que los revolucionarios puedan canalizar sus voluntades a través de nuestras instituciones y organizaciones, sin ser marginados por demasiado críticos o peor, “por si acaso”. Que encendamos la tele y veamos a nuestros funcionarios públicos rindiendo cuenta públicamente al pueblo de su gestión y podamos responderle a través de una cuenta de Twitter.

Si seguimos soñando podemos imaginar entrar a un cine IMAX 3D sin necesidad de gastarnos el salario de la semana, quizás vistiendo alguna ropa importada por un cubano legalmente al país o comprada a buen precio en las tiendas minoristas. Llegar en un auto que no cueste 8 veces su precio real y utilice el combustible nacional, encontrado en el mar Caribe al norte del país.

Somos la isla que triunfó en el ámbito cultural y social pero no supo (o no la dejaron) encauzar su economía.

Sin saber a ciencia cierta cuánto de mala administración y cuánto de agresión externa hay en el asunto, en un futuro menos condicionado por los Estados Unidos tendríamos algunas pistas sobre cómo se construye y cómo no es posible lograr el Socialismo. Hasta ahora no hemos tenido un solo día de tranquilidad para probar la validez de nuestro proyecto político.

En un futuro mejor la cultura sería clave. Quisiera ver la música cubana como expresión de nuestras virtudes y no de las carencias, que lo popular sea lo valioso en vez de lo marginal. Que el cine y la literatura dejaran de obsesionarse con nuestros defectos y apunten más a menudo hacia las cosas que damos por sentado, y no lo son en absoluto. Podemos soñar todo eso y que sea realidad sin perder lo que nos hace únicos en América Latina, nuestro bienestar social. Que la salud y educación recuperen los niveles de antaño, la seguridad pública siga siendo envidiable y de veras no exista un cubano desamparado en todo el país.

Un día luminoso en que la participación cubana en cierta Cumbre regional sea una muestra de la instrucción y cultura del debate que tiene nuestro pueblo, que para ese momento debería ser superior. Una fecha que espero no esté muy lejana, donde sin la presión de los yanquis podamos exigirle a nuestros funcionarios que hagan mejor su trabajo y palabras como horizontalidad o participación, sean de uso cotidiano.

Llegará el día en que Serrano se afeite el bigote y no necesite decir solemnemente “Nota Informativa” antes las cámaras, porque el ministro al que le toca decirlo esté dando una conferencia de prensa. Serán tiempos en que las organizaciones juveniles tengan mayor autonomía, estén dirigidas por jóvenes y logren crear la empatía necesaria. Resulta imperativo que en esta ocasión la Galia no sea conquistada por los romanos y los cubanos tengan el país que merecen. Es algo más que soñar, es justicia histórica.

¿Ecosocialismo, o una dimensión esencial del Socialismo del sigl o XXI?


Por el Dr. J. Alfredo Cabrera Hernández

(Grupo COSTATENAS- Facultad de Ciencias Técnicas, Universidad de Matanzas)

El destacado intelectual brasileño Frei Betto ha dicho que “…vivimos en un mundo desequilibrado por la desigualdad social y la devastación ambiental, bajo la idolatría del mercado y la hipnosis colectiva inducida por medios de educación y comunicación que no se interesan en formar ciudadanos, sino consumistas…”.

En este contexto, la crisis ambiental que se verifica en el planeta Tierra, en su estrecha interconexión con los nuevos escenarios derivados del cambio climático a nivel planetario, ha pasado a un primer plano entre las preocupaciones humanas, y se le entiende, cada vez más como un problema complejo, que involucra dimensiones políticas, ético-ecológicas, técnico-económicas y socio-culturales, y que justifica la urgencia de un proceso de construcción de un nuevo paradigma, que garantice un mejor presente y un futuro más promisorio para la humanidad.

Hoy, se comprende cabalmente que los problemas ecológicos y ambientales tienen un enorme trasfondo político, y como bien ha dicho el Profesor cubano José Mateo, en su premiado libro “La dimensión espacial del desarrollo sostenible: una visión desde América Latina” (2013), “las soluciones para resolver la problemática ambiental deben ser encontradas en el ámbito del propio tejido social, en cuyos sistemas institucionales y formas de organización socio-productivas, son engendradas las políticas para el uso y apropiación de los recursos naturales en los territorios”.

Entonces, cada vez resulta más clara la inconsistencia de tratar de despolitizar el tema ambiental, y reducirlo a un modernismo ecológico y re-verdecimiento del capitalismo, ni a la fe ciega en los paquetes tecnológicos, que en realidad son fórmulas de enmascaramiento del “desarrollismo”, que se recrudeció después de la Segunda Mundial, y que es la principal causa de base de la crisis ambiental actual.

Ello explica el surgimiento de una nueva corriente de pensamiento que ha sido identificada como “eco-socialista”, que está siendo enarbolada por movimientos de izquierda, a partir de replanteos teóricos del marxismo-leninismo y muy especialmente de experiencias de la práctica concreta de los últimos decenios, y que ha sido sintetizada por el intelectual mexicano Enrique Leff, cuando afirma que se trata de “…un proyecto social con rostro humano y sustentado en bases ecológicas”.

En sentido general, los defensores de esta concepción del eco-socialismo, la consideran como la visión más acabada de articulación del desarrollo con el medio ambiente, bajo una perspectiva que tiene que ser necesariamente socialista, porque es el único sistema en que se pueden integrar armónicamente las dimensiones económicas, sociales y ambientales, hasta acercarnos a ese desarrollo sostenible, del que tanto se habla ahora, pero que sigue siendo una utopía hermosa.

Quizás, en realidad de lo que se está hablando es de incorporar y cumplir realmente esa esencial dimensión ecológica y ambiental que debe distinguir al Socialismo del siglo XXI.

Lo cierto es que todo ello, como bien ha dicho el politólogo argentino Atilio Borón en su excelente trabajo “Socialismo del siglo XXI: ¿hay vida después del neoliberalismo?”, implica diseñar y poner en práctica experimentos y creaciones originales, que tienen una enorme densidad social, una enorme base social y una gran legitimidad, y que pueden persistir a lo largo del tiempo, y avanzar poco a poco en indicadores de igualdad y equidad social, y de sostenibilidad ambiental.

Así es que en el paradigma emergente del Socialismo del siglo XXI, en plena construcción y con diversas manifestaciones particulares, los asuntos de la equidad social y la protección del medio ambiente, pasan a un primer plano, y muestra de ello son los cambios trascendentales acaecidos en Venezuela, Bolivia y Ecuador, que junto a Cuba, representan los ejemplos más avanzados en este sentido.

El propio Profesor Mateo, en su libro citado anteriormente, ha sintetizado estos procesos en los casos de Venezuela y Bolivia como sigue: “Venezuela, está intentando privilegiar la formación del poder comunal, como una nueva arquitectura geopolítica en el interior del país, que permita el acceso a la gestión de los recursos por parte de las comunidades, revirtiendo la óptica de in- sostenibilidad y de dominio de la naturaleza que ha prevalecido en el país durante varios siglos. Bolivia, parte de las tradiciones indígenas en las que la Tierra y la Naturaleza, constituyen la base del funcionamiento de la sociedad y la piedra angular para la puesta en vigor de una concepción singular del desarrollo, y parte de considerar a las comunidades, con una arraigada tradición en la gestión de sus recursos, como el centro de atención en los intentos de incorporar la sostenibilidad a los procesos de desarrollo”

El propio Presidente de Bolivia Evo Morales lo ha explicado claramente: “Lo que ha fracasado es el modelo del “Vivir Mejor”, del desarrollo ilimitado, de la industrialización sin fronteras, de la modernidad que desprecia la historia, de la acumulación creciente a costa del otro y de la naturaleza. Por eso propugnamos el “Vivir Bien”, en armonía con los otros seres humanos y con nuestra Madre Tierra”

En el caso particular de Ecuador, que goza de una rica biodiversidad, la dimensión ambiental se ha ido incorporando cada vez más a las actividades económicas del país, y se han fortalecido los marcos político-normativos, desde la Constitución y los Acuerdos Internacionales hasta la Política Ambiental Nacional y las Estrategias vinculadas directa e indirectamente a los asuntos ecológicos y socio-ambientales, considerando la imprescindible coordinación y cooperación entre el sector gubernamental y la sociedad civil a todos los niveles, e impulsando mecanismos de apoyo a la ciudadanía para el “buen vivir”.

Estas tres experiencias latinoamericanas muestran rasgos y avances diferenciados, pero en todos ellos se debe enfrentar el gran reto de diseñar e instaurar esos procesos eco-socialistas en un Estado y contexto general donde prevalecen elementos relícticos y mecanismos político-institucionales y económico-sociales remanentes del sistema capitalista.

El caso de Cuba es, sin dudas, más radical en cuanto a consolidación de su sistema socialista, que rebasa ya los 50 años de experiencias, y que ha iniciado en los últimos años una fase de re-construcción de su modelo económico, que, entre otros objetivos, busca precisamente la mayor articulación y coherencia de las estrategias y de la gestión ambiental en los procesos de desarrollo y en el funcionamiento general del país, lo que implica, por supuesto, la elevación de la cultura ambiental y su aplicación consecuente.

Muy importante es que, en fin de cuentas, van aflorando las tendencias comunes y las condicionantes que enriquecen a todos estos modelos de corte eco-socialista, o reconstrucción del Socialismo del siglo XXI.

Lo esencial es el mantenimiento y perfeccionamiento del Estado y de una genuina administración pública en relación con los asuntos ambientales y socio-ambientales, en su estrecha interconexión con los procesos económico-productivos.

Otro rasgo significativo que se aprecia en todos estos modelos en pleno desarrollo es la atención que se brinda al empoderamiento de las comunidades y la búsqueda del desarrollo a la escala local, que también es una forma de avanzar hacia políticas de mejor redistribución de los ingresos y de la riqueza, en medio de un continente que se distingue por tener los pobres más pobres y los ricos más ricos del mundo.

Atilio Borón ha destacado también el gran desafío de revisar y atemperar a los nuevos tiempos los marcos regulatorios y, muy en relación con ello, avanzar en la reforma de los sistemas tributarios, pues es vital contar con una gama de impuestos, tasas, retribuciones y otros mecanismos financieros que soporten la gestión ambiental y la consolidación de los enfoques y prácticas que suelen aglutinarse como mecanismos de pagos de bienes y servicios ecosistémicos. Nuestra propia Ley Tributaria es un avance notable en este sentido, aunque es evidente que debe concretarse en mucho su implementación.

En general, lo que se necesita, es una visión mucho más radical y profunda de lo que debe ser una revolución socialista, y crear una cosmovisión que traiga consigo un nuevo modo de consumo y un buen estilo de vida, basado en la satisfacción de las verdaderas necesidades humanas, que es algo completamente diferente de las presuntas “necesidades innecesarias” producidas artificialmente por el sistema y la publicidad capitalista.

Favorablemente, la formación y consolidación de alianzas regionales como ALBA, CELAC, UNASUR y CARICOM, entre otras, van conformando un nuevo contexto político, económico y social en América Latina, y una nueva mentalidad en la incorporación de la sostenibilidad ambiental en los procesos de desarrollo en el nivel regional, y de cada uno de los países.

Un modelo eco-socialista tiene que revertirse en un salto radical a favor de la preservación de la vida en el planeta y la defensa del equilibrio ecológico, y junto a ello, debe ser un cambio radical en los marcos político, económico y social.

¿Quieres leer y profundizar más?

– Betto, Frei (…). “La Mosca Azul”….

Boron, Atilio (2009). “Socialismo del siglo XXI: ¿hay vida después del neoliberalismo? POLIÉTICA 2009 – Año 2 Nº 8 pp. 41-55 (resumen del discurso pronunciado en la ciudad de Caracas, el 8 de septiembre del 2009, en el foro La Construcción del Socialismo del siglo XXI ¿Hay vida después del Neoliberalismo?)

– Mateo, José (2013). “La dimensión espacial del desarrollo sostenible: una visión desde América Latina”.

Cómo se forma un revolucionario… antimperialista.


jovencuba:

Un post escrito hace 4 años… pensando en el Che.

Originalmente publicado en La Joven Cuba:

Por: Guiteras (Harold Cárdenas)

Desde pequeños, los niños cubanos tenemos como paradigma del revolucionario a Ernesto Che Guevara. En las escuelas primarias del país, es común escuchar a los pioneritos  expresar su consigna: “seremos como el Che”. Pero, ¿realmente sabíamos lo que decíamos? ¿Decirlo nos daba conciencia política? ¿Decirlo a coro nos hizo más revolucionarios o nos acercó al Che?
Desde esa edad y durante el resto de los niveles escolares se nos habló sobre los mártires, sobre las guerras de independencia y sobre la Revolución. Voy a hablar ahora de mi caso particular, pero no creo ser la excepción en mi generación, el impacto real de estos intentos por formar una conciencia en mí fue muy pobre. Pasó como pasa actualmente con algunos spots televisivos y el manejo que se hace de estos temas en relación a la juventud, una saturación de mensajes políticos que puede terminar en…

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