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Siete retos para los jóvenes de América Latina


fernando-martinez-herediaPor: Fernando Martínez Heredia (Intervención en la presentación de la Red de Redes En Defensa de la Humanidad, durante el 18º Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, Quito, Ecuador, 12 de diciembre de 2013)

El tema que me han pedido desarrollar me parece muy procedente, porque junto al conocimiento y la confraternidad entre los participantes, las acciones de solidaridad y demás actividades, estos Festivales son también espacios donde se examinan y debaten cuestiones fundamentales para los jóvenes que trabajan por la creación de un mundo de justicia y libertad para todos.

 Quisiera exponer siete desafíos que a mi juicio deben enfrentar los jóvenes de América Latina y el Caribe. Sin dudas hay más retos, y la formulación general no puede tener en cuenta los ámbitos específicos que condicionan la identificación de las realidades, los modos de comprender y sentir, las contradicciones y los conflictos que se enfrentan, los objetivos e instrumentos que se privilegian. Además, seré sintético, como corresponde al tiempo disponible.

 Primer reto. Los jóvenes tienen características generales en cuanto tales que no debemos olvidar nunca; ellas siempre son importantes, y pueden llegar a ser decisivas. Pero no existen los jóvenes en general. El primer reto parte de la realidad de que una gran parte de los jóvenes de nuestro continente se enfrentan todos los días al desafío de sobrevivir y encontrar un lugar en el mundo. Padecen hambre o carecen de alimentación suficiente, de servicios de educación y de salud, de empleo, y viven en familias precarias. Saben del trabajo infantil, de la delincuencia de los pobres, la prostitución y el consumo de drogas baratas. Esos jóvenes no están aquí, no conocen lo que hacemos ni nuestros escritos –muchos no podrían leerlos–, ni es probable que les interesen. No suelen votar, porque no sienten suya la política que existe en sus países. Por consiguiente, muchos pueden ser acarreados precisamente por los culpables de la vida que llevan, si les resuelven algunas de sus necesidades perentorias. (más…)

Dirigentes y medios de comunicación


titulo 112122822 Por: Osmany Sánchez. (jimmy@umcc.cu)

A diferencia de otros países, la vida privada de nuestros dirigentes se ha mantenido siempre alejada de la prensa amarillista que convierte un conflicto familiar en un asunto público. En principio me parece bien que sea así, para mí lo importante no es el color de las uñas de la hija de un funcionario sino el desempeño de este, sin embargo una cosa es la discreción sobre su vida privada y otra la no divulgación de los resultado de su gestión.

Me considero una persona medianamente informada y solo conozco y he escuchado hablar, a los primeros secretarios del Partido y presidentes de gobierno de dos municipios de mi provincia, de los demás quizás he visto su foto en el periódico cuando anunciaron su promoción pero nada más, es duro reconocerlo pero es la cruda realidad. Las únicas referencias que tenemos de los dirigentes municipales son las que nos llegan por alguien que vive en ese lugar y estas suelen ser bastante subjetivas. Los funcionarios a nivel provincial también suelen ser anónimos para la mayoría de la población.

En honor a la verdad, en muchos casos no es necesario conocerlos para identificarlos. Los dirigentes del partido o del gobierno llevarán la sempiterna camisa de cuadro o a rayas y los de la Unión de Jóvenes Comunistas el pulóver del Che. Para algunos mientras más sencilla y modesta luce una persona mayor será el reconocimiento social que recibirá, mientras que para otros proyectan una imagen poco atractiva, alguien a quien no se quieren parecer.

Las personas que asumen cargos políticos o administrativos de importancia deben transitar antes por las instancias inferiores, empezar a dirigir desde la base. Cuando esto no se ha cumplido y se han producido ascensos espectaculares, bastante caros nos ha costado. (más…)

Stalin: las huellas en Cuba (II)


stalin-cubaPor: Harold Cárdenas Lema (harold.cardenas@umcc.cu)

Continuación de: Stalin: la perversión de la Utopía (I)

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, se dijo que habían muerto siete millones de soviéticos en la Gran Guerra Patria, no fue hasta que se desclasificaron los documentos de la época que se supo la cifra real de 26 millones de fallecidos. Los errores continuarían, la propaganda nacional además de exagerar los logros de la nación influyó decisivamente en la política y la filosofía. En ese entonces la ciencia, la cultura, la economía y muchas otras aristas de esa sociedad estaban completamente secuestradas por la clase dirigente.

Stalin no fue el culpable del posterior derrumbe del campo socialista pero sin duda fue el punto de ruptura que marcó el comienzo del fin. Trotsky diría que fue un mero apparatchik, un miembro de la burocracia partidaria que trepando hábilmente por la escalera jerárquica terminó encaramándose en el poder para apropiárselo en forma exclusiva. Este es un peligro existente en cada experiencia socialista, los cubanos no somos la excepción. (más…)

Entrevista a Abel Prieto



abel-prieto“El concepto de privatización está absolutamente excluido como política en Cuba”

Por Atilio A. Borón*

Abel Prieto, actual diputado y exministro de Cultura de Cuba estuvo en Buenos Aires el pasado mes de julio participando de una serie de actividades académicas.

Atilio Boron: Quisiera comenzar pidiéndote una reflexión sobre la importancia que la Revolución Cubana siempre le asignó al tema de la cultura, algo que muchas veces queda eclipsado por el énfasis casi excluyente que se pone sobre las transformaciones económicas y políticas desencadenadas desde el triunfo de la Revolución.

Abel Prieto: Atilio, recuerda aquella frase de Fidel cuando dijo que una revolución sólo puede ser hija de la cultura y de las ideas. Un concepto muy martiano y muy gramsciano a la vez, y que tiene que ver mucho con las ideas del Che acerca de la creación de un hombre nuevo, que es lo que define realmente la transformación socialista del ser humano y su entorno. Lo que realmente ha llevado a la Revolución Cubana hasta aquí -de un modo u otro, con zigzagueos, con retrocesos, con dificultades, con obstáculos a veces que parecían insalvables- ha sido la hegemonía en términos culturales de las ideas del socialismo.  (más…)

Un Quijote argentino cabalga por América


che-guevaraPor: Gabriel Torres Rodríguez

“(…) El Che no flaquea, no se deja flaquear, aunque siente que su propio cuerpo es una piedra entre las piedras, pesada piedra que él arrastra avanzando a la cabeza de todos (…) caminan todos al ritmo de los que menos pueden: juntos serán todos salvados o perdidos. La metralla le rompe las piernas. Sentado, sigue peleando, hasta que le vuelan el fusil de las manos. El Che muere de bala, muere a traición, poco antes de cumplir cuarenta años, exactamente a la misma edad a la que murieron, también de bala, también a traición, Zapata y Sandino. ¿Ha muerto en 1967, en Bolivia, porque se equivocó de hora y de lugar, de ritmo y de manera? ¿O ha muerto nunca, en ninguna parte, porque no se equivocó en lo que de veras vale para todas las horas y lugares y ritmos y maneras?”  Eduardo Galeano

Nosotros los cubanos, tenemos esa rara manía de querer apropiarnos del Che sin pensar que es, posiblemente, la figura latinoamericana más universal. Y es que en Cuba el Che trasciende tanto por la estatura de sus acciones -en pos del bien del individuo y la nación- como por su esclarecido pensamiento.

Ernesto Guevara es la síntesis del rudo hombre de acción y el profundo pensador que supo desnudarse de los dogmas, del burocratismo y enfrentar una nueva realidad para América Latina y el mundo. Creo que fue el más revolucionario de los románticos: un extraño Quijote en el convulso siglo XX.

465 días fungió como Presidente del Banco Nacional, y le bastaron para demostrar su capacidad y liderazgo en esta esfera. La contrarrevolución y las ávidas miradas de afuera vieron un ingente peligro en esta designación, y tras la fortaleza demostrada sólo se dedicaron a denigrar su imagen.

Por aquellos días Fidel expresaba: “para que nadie se llame a engaño; el Che no está ahí para hacer ninguna barbaridad, el Che está ahí igual que cuando lo mandamos a Las Villas a impedir que pasaran los tropas enemigas hacia Oriente; lo he mandado al Banco Nacional a impedir que se vayan las divisas y para que el parque que tenemos en divisas pues se invierta correctamente”[1].

Varias medidas por él iniciadas fijaron al país en pos de la independencia económica: el cierre a la fuga de divisas y la nacionalización de todos los bancos y sus sucursales norteamericanas así como la salida de Cuba del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial.

Se metamorfoseó en dirigente de la industria y su presencia periódica en los lugares del país donde se acometían las principales inversiones llenaba de orgullo y alegría a los trabajadores. Una gran disciplina y un increíble sentido del deber caracterizaron al guerrillero durante esta etapa.

Su línea política era consecuente con el ejemplo y el sacrificio. Erigió lo que el llamó “trabajo voluntario”, que no fue más que el esfuerzo total y desinteresado de un hombre por el desarrollo de su Patria. Todavía guardan las fotos su imagen sobre la combinada, en un campo de caña; o armada su mano del machete como flamante mambí; o con el saco al hombro bañado de sudor y como escudo su diáfana sonrisa.

Su impacto en la subjetividad de los hijos de esta isla es tan íntimo que aún hoy, en pleno siglo XXI, los pequeños, en la escuela, se proponen ser como él.

El Che fue un gran marxista. Fue un maestro preclaro que explicó cómo debía ser un comunista, y comprendió los retos de la construcción del socialismo en Cuba. Estudió a Lenin, y en unos osados apuntes rebatió la  economía política que estudiaba la URSS.

Y después nos dejó solos y marchó al África. Y ahí comenzó la leyenda del Che Guevara, fue allí donde se hizo universal y de todos. Dejando atrás la comodidad de la familia, dejando todo atrás por un ideal, por un principio revolucionario de verdadero comunista: saldar su deuda con la humanidad.

Y regresó de la tierra negra. Vino a su cuna, como una premonición de su muerte. Recaló en el altiplano boliviano para ofrendar su sangre al continente y a las fuerzas que reaccionan contra los dominios del egoísmo y el capital.

El Che se convirtió en paradigma. En ícono de las juventudes revolucionarias del 68. En el ejemplo a seguir, en el modelo a imitar durante años de dictaduras castrenses y modelos neoliberales en Latinoamérica; durante el descalabro soviético y el despertar de las izquierdas, hoy, en nuestra América.

Pero, ¿por qué el Che? ¿Por qué un universitario francés, un joven de instituto mexicano, un minero en Bolivia o un hippie en los EE. UU levantarían una bandera con su imagen? ¿Qué representa Guevara para el mundo?

Cada quién ha absorbido lo mejor del Che, de sus acciones, de su pensamiento y de su poderosa ética. Cada intelectual ha ofrecido una interpretación de su figura y pensamiento. Muchas objetivas y cargadas de sentido. Otras, débiles y henchidas de subjetividad.

El Che es símbolo de unidad revolucionaria. Así lo demostraba en su Mensaje a la Tricontinental: “Y si todos fuéramos capaces de unirnos, para que nuestros golpes fueran más sólidos y certeros, para que la ayuda de todo tipo a los pueblos en lucha fuera aún más efectiva, ¡qué grande sería el futuro, y qué cercano![2]  Es partidario de la unión y la colaboración de las fuerzas que tienen un mismo camino. Propone unirse contra el capitalismo, y contra todo lo que convierta al hombre en esclavo del hombre.

Otra cuestión que haya expresión en su figura es la solidaridad, traducida como internacionalismo. Entendida como la entrega a otros pueblos del sudor y del alma. Esto lo convierte en mito. Lo identifica con el sueño unitario de Bolívar y Martí. Con la creación de una sola América alejada del imperialismo.

El Che significa revolución, cambio. Representa intransigencia y comunismo. Es un recurso legitimador de movimientos sociales, políticos y hasta culturales que abrazan las ideas de cambio como bandera, el cambio entendido como el ataque a las raíces de los males continentales, provenientes, en gran medida, del imperialismo y las lógicas de dominación capitalistas.

 Instigador del nacimiento del “hombre nuevo” latinoamericano su figura y la influencia de la Revolución Cubana sirvieron de catalizador para la forja de experiencias revolucionarias en todo el continente. Su potencia soñadora, que lo lanzaba a la lucha sin condiciones materiales o políticas, resultó muy atractiva para los sufridos pueblos americanos, para la formación de líderes o vanguardias políticas que a la larga alcanzarían protagonismo en América.

El Che tuvo esa extraña habilidad de siempre discernir del mundo lo nuevo, lo diferente. Esa habilidad de trazar caminos para liberar al ser humano. Luchador ferviente contra el conservadurismo nunca vaciló en defender sus concepciones políticas en cualquier escenario, así fuera en la Asamblea General de las Naciones Unidas o en la fría meseta boliviana agobiado por el asma.

Hoy el Che se nos dibuja gigante. La estrella de su boina se transforma en faro y su estática mirada nos grita que (…) “Cada vez que derriban un árbol, el ruido se escucha muy lejos pero silenciosamente la brisa lleva millares de semillas”.

(La paradigmática figura de Ernesto Guevara de la Serna es hoy más recurrente que nunca. Este argentino cubano, o mejor, ese argentino del mundo, con su ejemplo, por su sacrificio y dolor es guía y motivo, energía y voluntad para esta tierra nuestra “desde el Río Bravo hasta la Patagonia”. Es San Ernesto de la Higuera, que recibe santos rezos en el lugar de su muerte. Es el Che icónico de las manifestaciones, que viaja con los jóvenes en pullovers bajo el golpe de las balas y el empuje de los chorros de agua. Es el Che de las fuerzas de izquierda, de los partidos comunistas y de la Revolución Cubana.)

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[1] Tomado de: Héctor Rodríguez Llompart. Che comunista y economista en http://emba.cubaminrex.cu/

[2] Tomado de: Che Guevara, el sí­mbolo en los movimientos sociales latinoamericanos en http://www.centroche.co.cu/

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