¡Cartago!


 

Antonio Tang Báez (Tony) en Cartago

Por: Antonio Tang Báez (Tony)

La bella Cartago, con sus viejas leyendas, Eneas y Dido, Aníbal o Hanibal y su ejército, la destrucción de la ciudad por sus enemigos los romanos, tantas historias de la antigüedad y hoy Túnez, vuelve a ser noticia en el Magreb, un viejo dictador llamado Zine El Abidine Ben Ali, quien ganaba siempre las elecciones con el 99% de los votos, y su foto adornaba todas las paredes del país, fue derribado cuando se produjo una serie de revueltas callejeras por la subida excesiva de los alimentos básicos. Argelia se levanta, Egipto se revela y el mundo árabe se estremece con los vientos de fronda que empezaron en la pequeña Túnez.

Recuerdo que hace unos años visite las playas de Hammamet, bella ciudad tunecina, y aproveche para conocer el resto del país también (incluyendo Cartago), a pesar de ser un país musulmán, los tunecinos estaban mucho más occidentalizados que el resto del Magreb, inclusive había mujeres policías (recuerden que en muchos países árabes las mujeres no pueden conducir un coche) dirigiendo el tráfico, el turismo era masivo y provenía mayoritariamente de Europa, pero detrás de esta fachada idílica, se podía percibir el cansancio de la población, la pobreza, falta de libertades y la corrupción de la familia allegada al Presidente electo siempre por mayoría, recuerdo haber visto a trabajadores de la construcción trabajando al sol con temperaturas de más de 35 grados Celsius, sin zapatos, y por todas partes el culto de la personalidad del Sr. Ben Ali, su foto sonriente nos miraba en todas partes, recuerdo que en visita a la capital, Túnez, que recibe el mismo nombre que el país, el grupo de turistas Canadienses con nuestro guía local, pasamos por la calle del “pecado”, llena de lupanares y prostíbulos (nunca se habla de ellos, pero son tolerados y permitidos en Túnez), y allí estaba en la puerta de los prostíbulos, la famosa foto del sonriente Ben Ali, yo muy cubanamente pensé que se necesitaba la fogosidad de un dromedario, para hacer el amor bajo la mirada del dictador.

 

Mi esposa Anne en las ruinas de Cartago.

En estos días he pensado mucho sobre esta visita a Túnez, pues veo que como recordaran los más viejos, cuando se derrumbo la antigua URSS, no había redes sociales, ni tampoco Internet. Más de cien mil rusos salieron a las calles de Moscú y eso marco el fin de la hegemonía del Partido Comunista. Lo mismo sucedió cuando se derrumbo, como castillo de naipes, el resto de los regímenes comunistas en Europa del este, incluida Rumania, donde el hambre y la desesperanza rendían al pueblo desde hacía años. Los mismos que aplaudían al dictador en un acto, cambiaron las consignas por la protesta y tampoco había Internet y redes sociales en esa época tan reciente. Quiero ratificar con estas palabras que, lo que llegue a suceder en la mayor de las Antillas, no será algo empujado, ni dirigido desde el exterior, será el cansancio, las necesidades, la frustración y desesperanzas, sembradas por el propio régimen, las que pueden provocar que el pueblo, salga a reclamar lo que les corresponde si así lo entiende, entonces para que empujarlos.