Los involucionarios


El pueblo sabe distinguir entre los Revolucionarios y los oportunistas

Por: Osmany Sánchez

 La moda se impone en todos los renglones de la vida, hasta en la política. Ahora estamos rodeados de “revolucionarios”, de gente de Izquierda. Nuevos partidos, nuevos movimientos, nuevas caras pero en el fondo muchos de ellos no son más que los mismos oportunistas de siempre pero estas vez disfrazados para confundir a las masas.

Estos no son Revolucionarios (con mayúscula) de verdad, estos son revolucionarios color rosa (con minúscula). O para que se entienda mejor, no son más que involucionarios.

Cuba no es la excepción y el gobierno de los Estados Unidos se deshace de la vieja y desprestigiada “oposición” y pone en su lugar a una nueva camada de involucionarios que se presentan como Revolucionarios, pretenden actuar como Revolucionarios, pero salta a la vista que están lejos de ser lo que aparentan.

Un Revolucionario de verdad es por encima de todas las cosas un antiimperialista convencido y eso es incompatible con cualquier relación con los vecinos del norte o con sus secuaces europeos. El Revolucionario es un rebelde por naturaleza o como algunos prefieren decir, un “contestatario”. Así ha sido desde los tiempos de nuestros abuelos o de nuestros padres. Hay una línea sin embargo entre la rebeldía y la inconsecuencia que los Revolucionarios no deben cruzar.

Yo disiento con muchas cosas que suceden en Cuba. Disiento con que existan dos monedas, con que mi salario no me alcance, con que esté obligado a vivir con mis suegros, con que demore tanto la reforma migratoria, con que no se le explique a la población qué rayos pasó con el cable fibra óptica, con que el papel del delegado de circunscripción no sea más relevante, con que…

Disiento con muchas cosas, pero ser disidente no me convierte en un opositor del gobierno y esa es la diferencia entre un Revolucionario y un involucionario. No dudo que con un retorno al capitalismo se elimine una de las dos monedas. De lo que no estoy seguro es de yo tenga las suficientes monedas para garantizarle a mis hijos su salud, su seguridad o la entrada a la Universidad.

Si mañana me despertara con la noticia de que se van a privatizar los servicios de salud, educación, y los principales recursos del país, es decir que se va por la borda lo que tanta sangre nos costó conquistar, entonces automáticamente me convierto en un opositor del gobierno, pero no del sistema.

Estoy convencido de que fuera del Socialismo no solo no se resolverían los problemas que tenemos sino que los que tenemos se agravarían mucho más. Los involucionarios pretenden hacernos creer que es el sistema el que frena las fuerzas productivas del país, le dicen a los jóvenes de que “esto no da más”, que “hay que irse”, que no hay salida y proponen un “capitalismo sui géneris”. Pero cuando miramos lo que sucede en el mundo nos damos cuenta de que el capitalismo está lejos de ser la solución.

Los involucionarios no hablan de los Cinco (si lo hacen les llaman espías ), no critican el bloqueo, ni resaltan los logros que alcanza Cuba en materias sociales. Ellos dicen que para hablar bien del gobierno están los “oficialistas”. Lo interesante es que elijen solamente hablar mal del gobierno a pesar de que hay tantas personas en el mundo que se dedican y cobran solo por hacer eso.

Desde la comodidad de sus celulares pagados desde el exterior, desde una sede diplomática o desde el carísimo WIFI de un hotel, los involucionarios lanzan al mundo sus dardos envenenados contra la Revolución cubana. Las víctimas pueden ser cualquiera, pero los destinatarios son los más jóvenes.

Creo que debemos ampliar los espacios de discusión dentro del país. Todavía nos queda mucho por hacer en materia de democracia socialista pero cualquiera de las cosas que hagamos debemos hacerla sin olvidar las palabras de Martí:  “las revoluciones no se hacen con los que no lo son”.