Entrevista a Leonardo Padura I: sin máscaras y al desnudo


“Que existan jóvenes como ustedes, que puedan expresar un pensamiento no ortodoxo y no se conviertan o los quieran convertir inmediatamente en el enemigo... es una señal de lo mucho que ha cambiado esta sociedad”

Por: Harold Cárdenas Lema

El pasado mes de febrero tuve el placer de compartir durante más de tres horas con Leonardo Padura, uno de los escritores más reconocidos de Cuba y alguien muy comprometido con su país. Esta es una entrevista al Padura ciudadano, al escritor inmerso en una sociedad y que es ajeno a los elitismos que algunos desconocedores podrían achacarle.

Las preguntas que verán a continuación buscan examinar nuestra realidad a través de la singular mirada que nos brinda Leonardo, hablaremos mucho de política con un poco de literatura, espero les sirva para entender de alguna forma este presente que nos tocó vivir. Comienzo preguntando ¿quién es Leonardo Padura? y este me brinda una respuesta novelada:

“Sigo siendo, en mis maneras de pensar y actuar, el muchacho que nació en 1955 en esta casa, en un barrio que ya tenía una relación histórica bastante larga con mi familia por la parte de los Padura. Cuando yo tengo cuatro años triunfa la Revolución, en el 62-63 comienzan ya las escaseces y los problemas, y ya era difícil en aquella época comprar un guante en una tienda.

A pesar de ello tuve una niñez muy feliz porque era muy libre, y creo que la libertad es la medida de casi todas las felicidades. Andaba por este barrio “suelto y sin vacunar”, con unos tenis sin medias, con pantalón, sin camisa, jugando pelota, robando mangos, cazando lagartijas. La escuela ocupaba un espacio pequeñísimo en mi vida, pero era muy agradable.

Esto hizo que fuera una infancia feliz, muy gregaria, con muchos amigos. De esos amigos aquí en el barrio ya quedan muy pocos, algunos murieron, otros se fueron de Cuba o del barrio, y eso es algo que resiento mucho. En el barrio me llamo “Nardito” porque mi padre se llama Leonardo y todo el mundo le dice “Nardo”. En lo fundamental, trato de seguir siendo Nardito.”

Mientras Padura habla, recuerdo que muchas figuras públicas tienen a sus hijos fuera de Cuba, en el programa “Con dos que se quieran” se veía esto a menudo, por el dolor que eso provoca le pregunto a mi interlocutor por qué resulta sintomático que aunque estas personalidades sientan orgullo de vivir en Cuba, sus hijos estén fuera del país. Padura responde que:

El tema del desangramiento demográfico, intelectual, profesional y cultural que ha tenido lugar en Cuba durante los últimos años, es realmente uno de los problemas más graves que tiene el país. La emigración es un fenómeno que ha existido siempre y siempre va a existir. Cuando escribí La novela de mi vida y puse el conflicto de Heredia como exiliado, estaba tratando de alguna manera de ver este trauma desde una perspectiva permanente en la sociedad cubana.

Uno de los grandes problemas que tiene que resolver la sociedad cubana, es evitar que ese desangramiento de jóvenes profesionales se siga produciendo. Aunque se le quite el peso y la carga política, no deja de ser un problema social y un problema económico, con eso Cuba está perdiendo una de las riquezas que tiene. Mientras más rápido se normalice y se haga diáfana la relación entre el individuo y su decisión de vivir en cualquier parte del mundo, me refiero a lo que hoy le llamaríamos las reformas de las leyes migratorias cubanas, menos gente se iría de Cuba.

De todas formas hoy se está yendo la gente que tiene más posibilidad de hacerlo, por eso estas personas que fueron seleccionadas por Amaury para hacer las entrevistas en la televisión, que son de alguna manera el jet set cultural cubano, tienen más posibilidades de que sus hijos salgan a vivir fuera de Cuba, y es lógico que ellos lo defiendan como algo natural. Lo que no es natural para todos y no fue natural para mi generación.

Mi generación fue traumatizada con el tema de la emigración, del exilio, porque había en aquellos momentos un carácter absolutamente definitivo e irreversible en esa decisión. Yo no tengo hijos, por lo que no he pasado por ese problema, pero tengo un hermano en los Estados Unidos y por lo tanto me toca de cerca. Además, casi toda mi familia paterna, que tenía tanto arraigo a este barrio, viven allá. Yo también sé lo que es el sentimiento de pérdida, que cuando se convierte en un sentimiento de pérdida a nivel nacional, puede ser mucho más grave.”

"Nos mandaron a hacer de todo"

La alusión al tema generacional me provoca una pregunta que siempre quise hacerle, una vez Padura se refirió a su generación como la de los “Mandaos” ¿por qué?

“A nosotros nos mandaron a hacer todo, si bien cada generación en Cuba pudiera reclamar para sí el derecho de haber sido con la que más se experimentó, creo que como la de nosotros, ninguna. La mía fue la que inauguró los cortes de caña estudiantiles, la que estuvo en la Zafra de los Diez Millones, la que tuvo la posibilidad de no ir al servicio militar si estabas estudiando, la que abrió las Escuelas al Campo e inauguró los Contingentes Pedagógicos.

No se me olvida que en el año 1971 ó 72, cuando se fundó el Destacamento Manuel Ascunce, nos encerraron durante seis horas en un teatro cerca del Pre de La Víbora y no nos dejaban salir hasta que tuvieran una cantidad de estudiantes que se comprometieran a ser maestros, porque era el compromiso del municipio. Fue un experimento terrible, que quizás resolvió la necesidad de profesores del momento pero tronchó infinidad de vocaciones, en una época en la que masivamente se podía ingresar a la universidad.

La mía es la generación que va a Angola (yo fui, por suerte como colaborador civil y no militar) y todas esas cosas nos fueron cayendo, nos fueron mandando sin preguntarnos nunca si queríamos ir, era un deber. Cuando llegaron los años 90 y el Período Especial, el país prácticamente colapsó, mi generación tuvo que dejar de comer para que comieran sus hijos. Inauguramos la bicicleta de nuevo y no tuvimos muchas oportunidades de decisión. Creo que el Período Especial fue una bendición en el sentido de que comenzó a crear una distancia entre ese Estado Todopoderoso y el individuo, y ese espacio se ha ido dilatando y llenando cada vez más de libertad.

Mi generación empieza a ver este espacio de mayor libertad en la sociedad, pero le llega cuando rondamos los 50 años, y entonces nos dicen que tenemos que trabajar 5 años más para jubilarnos, pero que a la vez nos pueden botar del trabajo. Es la Generación de los Mandaos pero también la Generación Escondida, porque nunca tuvo capacidad de decisión y tuvo que esconderse para que los palos le pasaran por encima y poder sobrevivir.

El enmascaramiento que se ha vivido en la sociedad cubana, en mi generación fue algo que se asumió como natural. La de mis padres decidió enmascararse, la nuestra era absolutamente enmascarada, si creías en Dios, en Changó o en Alá, lo ocultabas tranquilamente, si ningún problema. Cuando se pudo se llenaron de crucifijos y de cosas en las que siempre habían creído. Algunos eran incluso militares, militantes del Partido, miembros del Ministerio del Interior, que ocultaron sus creencias, sus preferencias, sus inclinaciones sexuales, para poder sobrevivir. Los jóvenes de hoy en día tienen la ventaja de que si eres religioso y homosexual, casi eres mejor visto que si eres ateo y heterosexual, porque empiezas a ser, coño, un poquito sospechoso.”

Entre risas,Lucía nos sirve un café, y le comento a Leonardo que su generación quizás tenga un poco más de perspectiva de la realidad porque conoció los buenos y los malos momentos de la Revolución…

“Somos la gente que llega de niños o adolescentes a los inicios de la Revolución, vivimos el proceso de homogenización de la sociedad que para nosotros tuvo algunas ventajas. Salvo algunas personas que eran conocidas como los “hijos de papá”, el 99% teníamos un par de tenis y un par de zapatos, dos pantalones y dos camisas que eran todas iguales, eso hizo que fuéramos realmente muy iguales.

Desde mi nostalgia esa homogenización  se ve positiva, pero tuvo el lado negativo del enmascaramiento porque no podías ser diferente. También resultó negativo el que te exigiera la unanimidad, porque podías pensar diferente pero no opinar de otra manera, a riesgo de que dejaras de pertenecer a la homogeneidad y te convirtieras en diferente, pero en una sociedad en la que todos éramos iguales, esa era una carga muy pesada de llevar encima.”

Le recuerdo entonces que mi generación solo conoce el Período Especial, en cambio a veces se nos reclaman fenómenos como el paternalismo u otras cosas de las que los jóvenes no somos culpables en absoluto…

A veces el Estado acusa a los ciudadanos de ser el resultado de lo que él mismo promovió. El paternalismo es una política estatal bastante complicada porque significa un compromiso del Estado y un desvalimiento del ciudadano, que solo puede pensar que tiene lo que el Estado le otorga, y ahí se produce una inversión de términos que es muy macabra, que afortunadamente hoy empieza a entenderse de otras maneras. Este país ha cambiado mucho, está cambiando mucho y va a cambiar mucho más, pero esta es una de las cosas que están cambiando: los ciudadanos empiezan a tener conciencia de su papel en la sociedad, y uno de esos papeles es mantener al Estado, que lo que hace es administrar los bienes de todos los ciudadanos. El Estado no produce sino que es dueño de cosas que nos pertenecen a todos.

Se está recuperando ahora una conciencia en la que el Estado te puede decir que: “tú no tienes nada que ver conmigo, eres trabajador por cuenta propia, te garantizo lo que constitucionalmente es mi obligación garantizarte, la salud pública gratuita y la educación de tus hijos…, pero te ganas la vida como puedas”. Entonces el ciudadano comienza a tener conciencia de que esa salud pública y esa educacion no son tan gratuitas, porque cuando él paga impuestos al Estado está pagando el salario de ese médico y ese profesor. Toda esa relación empieza a verse de una manera diferente.

Cuando se nos acusó de haber disfrutado de “gratuidades indebidas”, no se preguntaron quién fomentó esas gratuidades indebidas y por qué…, nadie menciona quien decidió que en los años  1960 no se pagara la entrada a los estadios de beisbol. Casi dejan de pagarse los cines y por suerte no ocurrió porque pudimos habernos quedado sin cines (de todas maneras nos quedamos casi sin cines). Tampoco se pagaban los teléfonos públicos, los ómnibus casi no se pagaban. Todos son muestras de ese paternalismo y gratuidades indebidas, promovidas todas por el Estado.

Le pregunto entonces a Padura cuál es su opinión respecto a que los jóvenes tengamos mayor participación política en el país, él responde que:

“Deberían tener mayor participación en todo. Es un país que está envejeciendo de manera ostensible, donde hay una gran cantidad de personas que dentro de poco pasarán a la tercera edad, por lo tanto es inevitable que los jóvenes tengan que asumir pronto el destino del país por ser el relevo generacional. Yo siento a veces que las eternizaciones de los puestos de decisión en Cuba, en todos los niveles, es una de los factores que más inciden en que no haya una renovación de ideas, de propósitos y realizaciones mucho más grandes.

De pronto te encuentras aquí en Cuba que una persona dirige una revista (que no es suya) durante 25 años o dirige cualquier cosa durante 40 años o más. Eso significa que en esos 25 o 40 años toda una generación no tuvo la posibilidad de dirigir esa revista ni cualquier otra cosa. Creo que cada vez es más perentorio que la juventud tenga mayor acceso a niveles de decisión en todos los sentidos; en el social, en lo económico, en lo político, porque el mundo es cada vez más longevo. Mi generación tuvo apenas la posibilidad de dirigirse a sí misma, reconozco entonces la importancia de las nuevas generaciones como única garantía para el futuro de la nación cubana”

FIN DE LA PRIMERA PARTE

Próximamente: ¿Hasta qué punto seguimos siendo una Revolución? ¿Cómo sería una Cuba después de Raúl? ¿Existe una reforma o actualización del modelo cubano? Información y transparencia en nuestro proyecto político…