Sabor amargo


En Guadalajara 2011: el béisbol decepciona

Por: Yasel Toledo Garnache (Estudiante de Periodismo de la Universidad de Holguín)

No creo que algún cubano se conforme con una medalla de bronce en el béisbol. El sabor es amargo.

Guadalajara 2011 quedará en la historia por la excelente actuación del deporte revolucionario en general, pero también por la decepción de ver perder al equipo de pelota, que a penas alcanzó el tercer escaño. Se rompió una cadena de victorias extendida por diez fiestas continentales, desde Cali 1971 hasta Río de Janeiro 2007.

Una interrogante ronda las peñas deportivas: ¿Está en crisis el béisbol antillano? Tal vez una respuesta rotunda sea difícil e injusta con los atletas del momento. La incursión de los profesionales en los torneos internacionales, desde el Campeonato Mundial de Italia en 1998, significó mayores retos. Sin embargo, Cuba mantuvo su hegemonía en las grandes competiciones, aunque cedimos el trono olímpico frente a Estados Unidos en Sidney 2000.

El segundo lugar en el Primer Clásico Mundial nos colocó muy cerca de la cúspide planetaria, pero luego comenzaron las decepciones.

La derrota ante Corea del Sur en la Olimpiada de Beijing 2008 y la tenaz resistencia que equipos de otros países comenzaron a ofrecernos, mostraban que había aumentado la calidad de los rivales y era necesario adaptarse a las nuevas condiciones, para no quedarse atrás.

Lamentablemente, nuestro sistema de juego se ha estancado y tenemos la misma mentalidad de cuando los trabucos de casa arrollaban a las novenas aficionadas, cuajadas de atletas inexpertos. La única oposición verdadera era de formaciones estadounidenses integradas por prometedores atletas universitarios, y rara vez por conjuntos de otras naciones.

¿Qué ha pasado entonces? El deporte crece, se desarrolla en otros países, aumenta la calidad en todos los órdenes, mediante la informática y experimentados scouts se estudia el desempeño individual y colectivo de los atletas cubanos.

Empero, la concepción técnica no ha evolucionado aquí, o al menos no es evidente en partidos oficiales. Tenemos muchos talentos, pero sin la preparación y el roce internacional necesarios.

Quizá lo sucedido en Panamá, sede de la posible última Copa del Mundo, y en los Panamericanos de Guadalajara constituye la gota que colma la copa. En el primer evento, se perdió dos veces con Holanda, y en tierras aztecas Estados Unidos nos cerró la ruta al oro. Otra vez el cuerpo de dirección mostró fisuras, sobre todo en el manejo del pitcheo.

Ahora, llueven los comentarios, las críticas son demoledoras. Estancamiento técnico-táctico, mentalidad retrógrada, falta de un torneo élite que complemente la Serie Nacional y el exceso de confianza y de equipos en el torneo de casa, son males que ojalá no conduzcan a una enfermedad terminal.

Debemos tocar la bola, robar bases y jugar con picardía, pues a veces esas acciones definen partidos.

Los fracasos recientes en las categorías de mayores, infantiles, cadetes y juveniles, deben conducir a una reflexión profunda. Se cambian los métodos y adoptan medidas o vemos cómo nuestro deporte nacional se hunde.