El 11 de septiembre


9/11: el día que nunca olvidaremos

Por: Eduardo

 “Septiembre aúlla todavía su doble saldo escalofriante
Todo sucede el mismo día, gracias a un odio semejante
El mismo ángel que allá en Chile, vio bombardear al Presidente
Ve las dos Torres con sus miles, cayendo inolvidablemente”
 Cita con ángeles. Fragmento
Silvio Rodríguez

 El 11 de septiembre la historia del mundo cambió dramáticamente. Cuando han transcurrido 10 años, la gran mayoría de los ciudadanos de bien de este planeta, se suman al dolor de las familias que perdieron a sus seres queridos en la tragedia. Cuando ocurrieron los terribles atentados de las Torres Gemelas del World Trade Center, me encontraba en los días en que empezaba a escribir la primera versión de mi tesis de Doctorado, la que debía presentar en febrero de 2002 al ejercicio de la predefensa en la Universidad Central de las Villas. Tal como ahora, simultaneaba el trabajo científico en la computadora con la lectura de noticias provenientes de las páginas de los más importantes medios de prensa del mundo.

Esa mañana, yo no presentía que fuese a ocurrir nada extraordinario. En mi mente solo tenía espacio para el análisis de los resultados obtenidos en los diversos experimentos, que desarrollé durante un año de inmenso esfuerzo. De ello dependía que el cumplimiento de los objetivos trazados al inicio de la investigación, permitieran validar la hipótesis científica que me tracé al inicio de los trabajos de la misma. A eso de las 9 de la mañana, un amigo se acerca al local donde trabajaba, y me levanta de la computadora con una noticia: – Edu, por la Revista de la Mañana están retransmitiendo la señal de la CNN, un avión se estrelló contra las torres gemelas. Corrimos hacia el local del Centro de Estudio de Energía y Combustión, donde mis colegas dispuestos alrededor de un aparato de televisión comentaban el macabro espectáculo que se transmitía a todo el mundo en vivo.

Todavía existía mucha incertidumbre, y el locutor de la transmisión en inglés colocaba la posibilidad de un accidente como posible causa de la tragedia. Sin embargo, cuando yo no llevaba ni diez minutos observando las imágenes, del borde izquierdo de la pantalla del televisor apareció un avión que se incrustó contra la Torre Sur del World Trade Center. Se oyó una voz que lanzó una fuerte palabrota, de aquellas que rara vez se dicen en el ámbito universitario, seguida de la frase: – Caballeros, esto no puede ser tanta casualidad, un avión es posible, dos aviones chocando contra las Gemelas, solo si es un plan terrorista. Todos expresaban su profundo impacto y la convicción más rotunda de que nada podía justificar un crimen tan espantoso.

Durante ese día ningún cubano, solidarizado con las víctimas de la tragedia y sus familiares se despegó de delante de sus televisores. Todavía mi memoria visual conserva aquellas imágenes inolvidables de la Zona Cero después del derrumbe de las Gemelas, transmitidas por CNN, mientras por la parte baja de la pantalla, circulaba la frase en inglés “United States, under attack”. Esa misma noche, Fidel habló al pueblo de Cuba, e hizo referencia a que nuestro gobierno había brindado a sus homólogos del Norte, la posibilidad de que todos los aviones que en ese momento de incertidumbre estaban en vuelo, la posibilidad de aterrizar en Cuba, como así lo hicieron. De la misma forma ratificó la decisión del pueblo cubano de ayudar en lo que fuese necesario a nuestros hermanos norteamericanos.

Nuestro Comandante pidió también mesura al Presidente Bush, advirtiendo que solo con la inteligencia común, y la colaboración internacional se podía enfrentar una amenaza tan grave como el terrorismo, y que la guerra nunca sería la solución a ese problema. Sin embargo, a los pocos días, en la Escuela Militar de West Point, el jefe del imperio proclamaba en funesto discurso, que en el mundo, todos debían tomar partido, o estaban al lado de los EEUU en su cruzada contra el terrorismo, o abiertamente se colocarían en su contra. Llamaba también a sus fuerzas armadas a estar listas para golpear sin conmiseración en 60 o más “oscuros rincones del mundo”.

Eran los inicios de una era que llevó al mundo a un estado de cosas, en que cualquier desmán, podrían cometer los imperialistas en nombre de la democracia. La historia es conocida; la camarilla Bush, se lanzó contra Afganistán e Irak en feroces guerras de conquista, sin reparar en las cifras enormes de muertos entre la población civil que provocarían sus aventuras bélicas. Surgieron además centros de detención y tortura como Abu Graib y Guantánamo. La CIA instaló en Europa sus cárceles secretas. Se estableció la “Ley Patriota”, que coartó definitivamente el ejercicio de las tan cacareadas “Libertades Civiles” de los ciudadanos norteamericanos, y el mundo se ha visto inmerso en una de las mayores crisis económicas, ecológicas y sociales que han ocurrido en la historia de la humanidad.

El 11 de septiembre de 2001 convirtió a este mundo en un lugar muy inseguro, donde casi es un pecado tener reservas de petróleo. Quienes las posean se arriesgan a sufrir un ataque en toda la regla del Ejército de los Estados Unidos y sus aliados de la OTAN. Los conceptos de guerra preventiva y soberanía limitada, como entes violatorios de todos los principios que debían regir el derecho internacional, se han convertido en práctica común en las relaciones entre el norte industrializado y el sur subdesarrollado.

Ahora bien, como latinoamericano me duele que la prensa internacional sitúe en un segundo plano el 11 de septiembre nuestro, el que cambió para siempre la historia de América. Con el Golpe de Estado llevado a cabo por la camarilla fascista al mando del infausto Augusto Pinochet, las esperanzas de miles de ciudadanos humildes de América Latina sufrieron un golpe demoledor. ¿Y quiénes ayudaron a los militares chilenos a derribar el gobierno de la Unidad Popular? Pues el imperialismo yanqui, y su órganos de inteligencia, fundamentalmente la CIA. El gobierno de Pinochet, y su macabra DINA, fueron los encargados de coordinar posteriormente, las acciones de aquella horrenda internacional del crimen que se denominó “El Plan Cóndor”. Para ello se coaligó con sus homólogos de las dictaduras sangrientas que en aquellos años llenaban de luto Latinoamérica toda. No había casi un milímetro cuadrado del suelo de este planeta, donde un miembro de la izquierda latinoamericana estuviese a salvo.

La garra criminal del “Cóndor”, alcanzó por ejemplo, al General Prats en Argentina, y a Orlando Letelier en la propia capital de los Estados Unidos. En este último caso, dos terroristas cubano americanos fueron los ejecutores del crimen. En la confabulación de la barbarie, los mafiosos de Miami tuvieron un lugar destacado. Miles de miembros de la izquierda latinoamericana fueron masacrados, vejados, torturados y desparecidos, tanto en Chile, como en la Argentina, Uruguay, Paraguay, la Nicaragua de Somoza, el Salvador, Brasil, y muchos otros países del Sur y Centro América. Las dictaduras militares, a través de la implantación del neoliberalismo a sangre y fuego, vendieron nuestros países a las transnacionales “del norte revuelto y brutal que nos desprecia”. Y toda esa etapa negra en la historia de la América Nuestra surgió con el Golpe de Estado fascista de Chile, el 11 de septiembre de 1973.

Sin embargo, en mi memoria de niño de apenas diez años, quedó el recuerdo imborrable de aquel día. A pesar de mi corta edad, ya pertenecía a un círculo de Amiguitos de la FAR, y tenía un sentido claro a través de mi acercamiento a los profesores que me impartían las clases, que nuestros Ejércitos de Tierra, Marina de Guerra, y Aviación tenían una misión sagrada: Defender el suelo, los mares y los cielos sagrados de la Patria de la agresión extranjera. Por tanto, no podía comprender aquellas imágenes de aviones bombardeando al Presidente Allende y sus compañeros, y tanques cayéndole a cañonazos al Palacio de la Moneda. Sin embargo aprendí a partir de entonces, que según su accionar, los gorilas latinoamericanos, debían llevar en vez de entorchados y uniformes, mandiles de carniceros. Después he visto muchas veces a esas bestias en acción a lo largo de mi vida. La última vez que pude observarlas fue en Honduras, durante el golpe de estado al Presidente Manuel Zelaya, a quien quizás no perdonaron haberse puesto del lado de los pobres, haber entrado en el ALBA, y abogar porque se reparara la injusticia histórica de la expulsión de Cuba de la OEA.

Miles de muertos y desaparecidos, que también son nuestros, de los cubanos revolucionarios, como Augusto Olivares, Víctor Jara o Miguel Henríquez, fue el saldo funesto del zarpazo alevoso. Pero el ejemplo de aquel hombre inmenso, con su AK-47, regalo de su hermano Fidel, disparando contra sus asesinos, pasará a la historia como una de las páginas mayores de heroísmo en la historia de América Latina. Él, renace en la lucha de los estudiantes de la FECh, de los Mapuches y otros pueblos originarios, de los trabajadores y el pueblo entero de Chile. Ojala que las Fuerzas Armadas Chilenas, nunca más manchen sus uniformes, con la sangre generosa de sus compatriotas.

Publicado originalmente en http://edumatanzas.blogspot.com/