Cuba: la isla de lo real maravilloso


En la Isla de lo real-maravilloso han ocurrido recientemente pequeños temblores, la explicación científica no se hizo esperar.

Por: Harold Cárdenas Lema

Hay dos maneras de vivir la vida.
Una como si nada fuera un milagro.
La otra como si todo lo fuera.
Albert Einstein

Vivimos en la isla de lo real-maravilloso, donde lo mismo llueve que sale el Sol, o ambos a la vez. Un lugar donde la política adquiere perfiles surrealista, siendo el único caso que conozco en la historia donde una personalidad política (el Apóstol nacional) es utilizada por corrientes ideológicas totalmente opuestas para justificar sus presupuestos.

Es el país en que un barman de un hotel o un cuentapropista pueden ser graduados universitarios o tener el mayor grado científico. Todo esto gracias a una pirámide invertida que ya va durando casi lo mismo que las originales, cortesía del bloqueo que se le hace al país y nuestras propias deficiencias.

Pero también (y a modo de autocrítica) después de proponernos ser uno de los países más cultos del mundo, tenemos una buena parte de la población adicta a la televisión chatarra y las amas de casa devoran cuanto Show de Cristina cae en sus manos. Nada, milagros de la cubanía, porque después te sientas a conversar con tu barbero y sin este tener mucha preparación te da una disertación de economía nacional y política internacional tan acertada que el pelo se te quiere caer solo.

Otra característica de los cubanos sería nuestra tendencia a ir contra las normas. Yo mismo presento problemas con la autoridad, pero es un fenómeno que lo veo a diario en el resto de mis coterráneos: si alguna canción, película o libro se considera “prohibido” o está cubierto de un halo de misterio, tendrá una recepción segura entre los cubanos, más aún si se trata de los jóvenes. Porque romper las normas establecidas es un acto propio de las primeras etapas de la vida, una fase de rebeldía que bien encauzada puede crear revoluciones como la nuestra, mal manejada por parte de los mayores, puede provocar incomprensiones y un abismo de comunicación con los adultos.

Podría escribir páginas en las que el realismo mágico latinoamericano se reencuentra con Carpentier, pero la extensión de sus artículos conspira contra la calidad de un blog. Lo que está claro es que esta sigue siendo la tierra más hermosa que ojos humanos hayan visto, donde cayó granizo en Holguín cuando aún no habíamos salido de una sequía mayúscula. Pero ya estamos adaptados a vivir en la isla de lo real-maravilloso, donde lo mismo llueve que sale el Sol, o ambos a la vez.