Las reformas económicas que Cuba necesita


Por: David Pérez Guerra

Cuando se publique este post, ya el congreso del Partido Comunista habrá terminado. Allá se habrán debatido los cambios trascendentales que inevitablemente tendrán que ocurrir en la sociedad cubana, y los que por supuesto ya están en marcha.

No están lejos los tiempos duros del período especial. ¿Qué adulto en la actualidad no recuerda la época donde la libra de arroz valía 60 pesos o un par de modestos tenis artesanales 2000? ¿O los esfuerzos de nuestras valientes mujeres en la cocina, intentando preparar un plato de harina como única comida para sus hijos? Fueron tiempos duros. Y en gran medida, pasados.

Cuba hoy es bien distinta. Los precios se han estabilizado. Los mercados agrícolas, más allá del desabastecimiento temporal de algún producto, funcionan con normalidad. Muchos cubanos se comunican por telefonía celular, a pesar de sus relativamente elevados precios. Los adelantos de la ciencia llegan a los hogares en forma de computadoras. Comienza la afluencia de turistas nacionales en los hoteles antes consagrados a extranjeros. La coyuntura cambia. La realidad para los cubanos, también.

Es cierto que el país en el que vivimos no es un paraíso pletórico de riquezas distribuidas equitativamente para todos. “Vivir del salario” es una proeza que la administración hábil consigue, pero a costa de una vida austera. “Vivir del salario” es equivalente a imposibilidad de derroche. Sin embargo, en medio de estas limitaciones materiales seguimos viviendo. ¿Hay alguna fórmula mágica para hacerlo? Por supuesto que no. Algunos buscan un empleo adicional y la dinámica de la vida cotidiana nos ha enseñado que la garantía de la educación para nuestros hijos, la atención de la salud, y muchos de los servicios sociales que recibimos por el estado, son capaces de compensar en gran medida importantes gastos que en las sociedades capitalistas absorben una gran parte de la renta. De esta forma, sin ganar mucho dinero, marchamos adelante.

Por supuesto, aquellos que reciben algún ingreso del exterior, por ejemplo a través de remesas; o quebrantan la legalidad comerciando en el mercado negro; o roban, viven distinto. Para ellos no existen carencias. Ni los mercados se desabastecen, ni los coyunturales movimientos de precios equivalen a restricciones en su consumo. Ellos disfrutan además de todos los demás beneficios que establece equitativamente la sociedad para sus hijos.

Es entonces la sociedad cubana, unidad donde conviven aquellos que tienen mucho y los que tienen menos, algo extremadamente complejo, y proponer un cambio en ella es complicado también. Sin embargo, trataré de abordar este aspecto en el ámbito económico, (sin aspirar a emitir “lineamientos”), sencillamente brindando una opinión.

¿Cuáles son las reformas económicas que Cuba necesita? El primer debate en este punto es sobre el socialismo. ¿Será necesario revocarlo para que las cosas “funcionen” mejor? No. El socialismo es a lo mejor que podemos aspirar. En sí mismo, conduce a la búsqueda de la equidad social, al progreso humano. Es la única alternativa disponible frente al capitalismo y todas sus injusticias.

El socialismo es, además, la medicina que tenemos en nuestras manos y será benéfica siempre y cuando se aplique “la dosis exacta”, pues decir socialismo no equivale a conseguir automáticamente el mejor socialismo que se puede alcanzar. Las experiencias de más de medio siglo de revolución lo atestiguan. Tener una mejor economía y una mejor sociedad, será consecuencia de la objetividad en las transformaciones que se acometen, y también será resultado de la capacidad para asumir una dinámica de cambio permanente que permita el perfeccionamiento de una forma mucho más dinámica que la actual, y de forma sostenible en el tiempo.

La apertura a la iniciativa privada, llamada también “trabajo por cuenta propia” ha resultado una buena oportunidad para desatar la creatividad de muchos cubanos. Allí se encuentran empleos, y frecuentemente, sustanciosas bonificaciones al trabajo. Con sus luces y sus sombras representa una alternativa que rápidamente se ha impuesto en todo el país y ya se ha anunciado que llegó para quedarse.

Sin embargo, hay un peligro y un problema detrás de eso. En muchos lugares he visto innumerables loas a los trabajadores cuentapropistas que se ha lanzado a dinamizar la economía cubana y abundan los datos suministrados por los medios de prensa extranjeros, pero muchos de estos nuevos cuentapropistas no están produciendo nueva riqueza para la sociedad, o el aporte en el ciclo de la producción es ínfimo. Los productores son pocos, concentrados y distribuyen sus mercancías a los diferentes “puntos de venta” para que alguien comercialice lo que ellos han creado. Los comerciantes entonces venden panes con queso en las cafeterías que han instalado en sus casas, o brazaletes con mil dijes o discos pirateados de Shakira en algún portal (los problemas de propiedad intelectual se pueden discutir aparte), pero no son más que personas que se benefician del comercio. Y el comercio no es una actividad productiva, aunque pueda ser lucrativa.

El futuro desarrollo de Cuba no podrá depender del trabajo por cuenta propia, a pequeña escala, que se deberá mantener suministrando los bienes y servicios que de otra forma serían imposibles de obtener con eficiencia; ese futuro de Cuba tendrá que depender de su nueva empresa socialista, mejor administrada, independiente, con suficiente capital para auto gestionar su desarrollo y con plena consciencia de la responsabilidad social que le corresponde, incluido el cuidado del medio ambiente.

En todo el sector productivo urge transformar. Cambiar radicalmente las formas de administración empresarial, incluidos los métodos de dirección en las entidades presupuestadas. Se debe buscar la máxima eficiencia en la producción de bienes y servicios, sean para el sistema empresarial o para la población. “La calidad es el respeto al pueblo” dijo el Che, pero es también el perdido atributo de muchas producciones que por desgracia hoy se ofertan.

Para que las transformaciones resulten efectivas y congruentes con las aspiraciones del pueblo cubano resulta imprescindible el liderazgo del proceso. Raúl ha sabido quebrar los dogmas y favorecer el tránsito hacia un socialismo más eficiente y sólido. Los años que pesan sobre sus espaldas, aportan experiencia al proceso y desaparecen ante la juventud de sus ideas.

Pero la evolución del socialismo en Cuba tiene que ir más allá, cuando la “generación” que hizo la Revolución ya no viva más y los más jóvenes continúen adelante. Es entonces que resulta imprescindible consolidar los espacios de dirección democrática de la isla, para que se todos los cubanos tengamos la posibilidad de cuidar con celo el patrimonio del socialismo que habremos recibido como legado.

Mejorar la distribución del ingreso es una prioridad. Aunque es necesario que las personas con más ingresos, contribuyan en igual medida con la sociedad de la que reciben un cúmulo importante de servicios de forma gratuita, también es importante ampliar las posibilidades de los que menos tienen a través de un salario más vinculado a los resultados del trabajo y la consecución de una dinámica donde la elevación de este vaya acompañada por una mayor productividad.

El sistema de recaudación fiscal tendrá que seguir desarrollándose. En esta materia hay que recibir experiencias de su aplicación en otros países, fundamentalmente capitalistas, donde la tributación se ha ido desarrollando desde hace mucho tiempo. Se deben aplicar entonces las medidas para adoptar las experiencias foráneas, “sin copia ni calco” como dijo Mariátegui, con creatividad y ajustadas a las necesidades del país. El resultado tiene que ser un sistema capaz de actuar con eficacia, para proveer los ingresos fiscales que necesita el Estado para satisfacer las demandas del pueblo.

Las inversiones de capital extranjero tendrán que mantener su espacio y ser ampliadas, pero cuidando las posibilidades reales que posee el país para asumir el flujo de capitales como ganancia de las empresas creadas. Estas inversiones no pueden convertirse en un factor de descapitalización, sino todo lo contrario, deben ser uno de los pilares para el fomento de una industria nacional productora de bienes y servicios capaz de contribuir a la satisfacción de las necesidades del pueblo y al progreso general de la nación.

La doble moneda tiene que desaparecer -en este punto es casi generalizado el consenso-, pero no puede desmontarse de la noche a la mañana un sistema tan enrevesado. Los problemas con la moneda incluyen la capacidad de reservas que tenga el país para asumir sus compromisos con la moneda circulante y la capacidad de adquisición de la producción material. El verdadero debate comienza con la pregunta ¿cuándo? Y la respuesta es sencilla: cuando estén creadas las condiciones, lo más rápido posible. Estas no son cosas sencillas y tienen la capacidad de influir en las condiciones de vida de millones de personas.

Y todo lo anteriormente escrito manteniendo y mejorando lo que han sido hasta ahora nuestras principales conquistas: un sistema de salud universal, la educación gratuita y un estado que se preocupa por su población.

Hasta aquí algunas ideas esenciales sobre Cuba las transformaciones necesarias en su economía. Son mis ideas. Y están aquí escritas para que sirvan, en la modesta medida de lo posible, para garantizar la continuidad de la Revolución.