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Los maestros en Cuba…acaba un curso… ¿y para el otro?


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Por: Osmany Sánchez (jimmy@umcc.cu) En Twitter: @JimmydeCuba

Un compañero de trabajo me mira con cara triste y me dice que está “embarca´o”, que empieza septiembre como Jefe de Departamento. Otro pide la baja para salir por tres años a un contrato de trabajo. Dos ejemplos de la realidad de los profesores universitarios. El primero muestra las contradicciones que se viven en Cuba, donde una promoción es vista como un “embarque” en lugar de una aspiración. El segundo es un profesor que se aleja de su familia durante tres años para poder resolver sus problemas económicos.

La realidad es que muchas veces los cargos no están en manos de los más capacitados sino de los que asumen por responsabilidad partidista o por amistad.

Desde la apertura migratoria son muchos los docentes que han abandonado las aulas universitarias y si el éxodo de profesores afecta a la educación superior, el hecho de que muchos de ellos sean doctores lo hace más grave. Son muchas las deudas acumuladas durante años en este sector y otras que se añaden en los últimos tiempos.

Sobre el éxodo de profesores hay un dato que me parece importante resaltar. El sector de educación es una fuente de dirigentes y si eso pudiera considerarse un reconocimiento a la preparación de esta fuerza laboral y su prestigio, no lo es cuando esos profesores convertidos en dirigentes, no regresan luego al magisterio.

La profesión de educador en Cuba se realiza por amor, no por incentivos económicos, por eso hay que tener mucho tacto al tomar ciertas decisiones. Si eliminar las cartas para la adquisición de carros, tuvo un costo político enorme, más daño hizo la explicación de las razones que lo motivaron. Si un profesor universitario vende su carro para poder comprar una casa y dejar de vivir con sus suegros -a veces varias generaciones en una casa- qué daño puede hacer eso a nuestro proyecto social.

Debieron preguntarse por qué un profesor universitario se ve obligado a vender su carro, algo tan ansiado para cualquier persona. (más…)

Disidentes ayer, delincuentes hoy


Por: Osmany Sánchez (jimmy@umcc.cu) En Twitter: @JimmydeCuba

No pasa un día sin que la prensa internacional nos hable de los cubanos que “huyen” de Cuba. No importa si es un médico que abandona su humanitaria –y voluntaria- labor o un deportista que deja a sus compañeros en medio de una competencia porque “quiere mejorar económicamente”. Tampoco se tiene en cuenta la forma en la que llega, ya sea por un tercer país o asesinando a alguien y robando una lancha. Todos serán presentados como inocentes, que huyen por motivaciones políticas.

La realidad dice otra cosa. Si bien en los primeros años de Revolución salieron miles de personas por razones políticas, desde hace años la emigración cubana se mueve por resortes económicos e impulsados por la Ley de Ajuste Cubano que recibe a cualquiera que llegue a sus costas.

Permiso de trabajo en cuanto lleguen, ayuda económica, posibilidad de estudio, residencia al año…imaginen ustedes lo que sucedería si esas ventajas estuvieran disponibles para el resto del mundo.

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EL BEISBOL EN LOS JUEGOS PANAMERICANOS


Por Jesús López Martínez

El equipo Cuba de beisbol alcanzó el tercer lugar en los Juegos Panamericanos de Toronto, Canadá. Podremos pensar que no ganamos porque se han ido 83 peloteros recientemente, como publicó Jimmy hace unos días. ¿Sabe Ud. que hace cuatro años, en Guadalajara, alcanzamos el mismo lugar? ¿Sabe Ud. que en aquel equipo teníamos ocho peloteros que se han ido a jugar profesional, uno que se retiró (Pestano) y otro que se dio vacaciones en medio del combate (Yuliesky)?

Pero, ¡qué bueno que Yuliesky se dio vacaciones y Yander se quedó! Yuli nunca jugó un campeonato internacional como lo hizo Rudy ahora y Yander está por ver. Se perdió porque así es el beisbol, de la misma forma que le sacamos el juego del refrigerador a Puerto Rico, los estadounidenses lo hicieron con nosotros. ¿Alguien me puede decir que manifiestamente Cuba lució inferior a EU y Canadá, equipo con los que perdió? Eso no lo puede decir nadie.

Los que critican tanto a los árbitros cubanos, ¿qué me pueden decir del arbitraje?

Para seguir con Jimmy, ¿no vi a los estelares de Dominicana, ni Puerto Rico, ni… con sus equipos? Entonces para qué la campaña de que los que se fueron jueguen por Cuba, si esos tienen que jugar dónde y cuándo le digan sus dueños.

Vieron cuántos cubanos alentando a nuestro equipo con La Bandera de la Estrella Solitaria. ¿Cuántos cubanos van con banderas de nuestro país a alentar a Pito, a Castillo, a Chapman? Ninguno, porque ellos no representan a nadie, representan a los que le dieron millones de dólares por su propiedad.

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Americanos


yanquiPor: Harold Cárdenas Lema (haroldcardenaslema@gmail.com)

Todo lo que aprendí de política cuando niño me lo enseñaron mis abuelos. A los ocho años ya estaba seguro de dos cosas: primero que matar las hormigas del patio es un favor a la humanidad y segundo, que los americanos son vecinos peligrosos. A mis veintitantos he cambiado de opinión: las hormigas son inocentes.

Y me cuesta decir “los americanos” porque esa es una calificación compartida por todos los nacidos en este continente pero nací en el centro de Cuba y así les decían todos allí. Resulta que en la universidad conozco par de ellos que resultan ser bárbaros en el mejor sentido. Y “el enemigo” (ese eufemismo gastado y cierto) entonces se vuelve más claro, gubernamentalmente al norte o polarizado en un grupo de Miami, en diciembre aún más.

Mientras Obama y Raúl buscan construir una relación lo más cercana posible, algunos extremistas en cada orilla respiran paranoia exagerada. Otros se aferran a mentalidades pasadas, que no implican malicia siempre que no sean por oportunismo. Mi abuelo Ramón es un excombatiente típico, no tiene boina (creo) porque era demasiado honesto para quedarse con algún ropaje del ejército, es un estereotipo de televisión. A veces no estamos de acuerdo y discutimos pero siempre desde el respeto porque su voz es la de una generación bautizada con fuego.

Ramón apoya pero es muy escéptico en esta nueva relación con los Estados Unidos. Ver el presidente de los Estados Unidos anunciar la apertura de embajadas puede ser un evento traumático para algunos en las dos orillas. Quienes se formaron y vivieron la Guerra Fría no entienden qué hace Barack Obama reconociendo la legitimidad del Estado cubano y por qué Raúl Castro califica de honesto a su homólogo. De repente los americanos se acercan en una magnitud que queríamos pero en la que no habíamos pensado realmente.

El abuelo Ramón me daba clases de política en una edad en la que solo podía mirar el reloj esperando que se acabara esa tortura gratuita. Creo que si buscamos bien, algún derecho me habrá violado al someterme a cuanto noticiero radial o televisivo estaban transmitiendo. Al final funcionó y se lo agradezco porque años después, necesito estar informado constantemente. Quizás con la diferencia de que ahora se me hace imprescindible contrastar fuentes, él ni siquiera sabe qué es eso.

Ahora tenemos un presidente “honesto” en la Casa Blanca que sostiene llamadas de media hora y apretones de mano con el nuestro. Si fuera Nostradamus y se lo hubiera contado a la maestra de niño, seguro que me ganaba un cocotazo de la profe y la burla del aula. La confrontación venía en nuestro ADN, más razón aun para apoyar y reconocer la capacidad de los que están pasando página en ambas orillas.

Veo el discurso de Obama. El hombre empieza diciendo: “Good morning everybody…”, así anuncia la apertura de embajadas y lo hace respetando las pausas necesarias para que se entienda lo que dice. Repite con entonación las palabras claves y no necesita leer en absoluto. Horas antes estaba con un grupo de niños en el patio de la Casa Blanca y ahora está dando un discurso que sabes tendrá lugar, porque su agenda del día es (aparentemente) pública para consultar en Internet.

¿Cómo no temer al país más poderoso del mundo que lleva medio siglo en nuestra contra? ¿Cómo no estar precavidos con los americanos? ¿Cómo no preocuparse ante un discurso tan perfectamente ejecutado cuando sabes que ya estamos lejos de lograr la comunicación política que existía hace años? Cuando Obama repite la palabra “change” un montón de veces, pienso en Ramón una vez más, porque quizás el cambio que quiere el americano no es como los cambios que queremos nosotros.

Cuando pasaron los años mi abuelo me confesó que me ponía a matar hormigas para tenerme entretenido, no estuviera por la casa molestando y preguntando todo. Así murió la primera certeza de mi niñez pero la segunda sigue viva, los americanos sigue siendo los mismos vecinos peligrosos. Solo que ahora tienen embajada en la Habana. ¿Será todo más fácil? No lo creo.

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